Pecados de Biden y Trump para atraer el voto de los hispanos

martes, 6 de octubre de 2020
WASHINGTON (apro).– Con la cercanía de las elecciones del martes 3 de noviembre, la campaña del presidente Donald Trump y la del demócrata Joe Biden están empecinadas en atraer el voto de la comunidad hispana, pero se equivocan en ponderar la manera de lograrlo. El voto hispano puede ser la clave para definir la elección presidencial en estados como Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Arizona, Nevada y posiblemente hasta Texas, no obstante, ni Biden ni Trump entienden a esa comunidad de la cual requieren su respaldo.
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Trump nomina al actor Eduardo Verástegui como asesor sobre hispanos La Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos se acuerda de los votantes hispanos en cada elección de medio periodo, es decir, cada dos años, y en las presidenciales cada 4 años, motivo por el cual estos electores los siguen viendo con mucho resentimiento. La mayoría de los que integran a la comunidad de votantes hispanos son jóvenes provenientes de la primera, segunda y hasta tercera o cuarta generación de migrantes latinoamericanos, y son ciudadanos estadunidenses por nacimiento. A estos votantes no los entiende Biden y mucho menos Trump. Ambos candidatos a la presidencia cometen el mismo error de seguir etiquetándolos con el sello discriminatorio de “hispanos”, sin asumir que son estadunidenses y por ende están asimilados totalmente a su sociedad. La generación de hispanos que votará el próximo martes 3 de noviembre no reconocen a otro país como suyo. No importa para ellos que sus padres, abuelos o bisabuelos sean de México, Guatemala, Colombia, Cuba, Honduras o cualquier otra nación de Latinoamérica. Millones de jóvenes y no tan jóvenes de origen hispano no hablan español, medio lo hablan, lo entienden o medio lo entienden, no leen ni escuchan radio ni mucho menos ven televisión que sigue transmitiendo programación en un idioma que podría causarles solamente nostalgia. Los sociólogos que han estudiado a la población de origen hispano sostienen que el desconocimiento de los políticos de Washington a estos integrantes de la minoría étnica mayoritaria de Estados Unidos los hace estigmatizarlos y confundirlos con una población que ya casi no existe. Ejemplo clásico, pero muy esclarecedor de ello, es el de la comunidad hispana de origen cubano. Hasta la elección presidencial que ganó en noviembre del 2000 el republicano George W. Bush al demócrata Al Gore, ese sufragio de origen cubano con tendencia republicana tenía el potencial de definir al presidente a través de los 29 votos del colegio electoral de Florida. De esos votantes cubanos que ayudaron a Bush y otros republicanos como Ronald Reagan, quedan muy pocos, la mayoría ya falleció, eran ciudadanos de Cuba que dejaron su país y migraron a Estados Unidos, donde se hicieron ciudadanos por naturalización. Por ello, en cada elección del pasado reciente, los candidatos hacían campaña en la Florida haciendo promesas a esa población votante de que restringirían aún más el embargo económico impuesto a Cuba hasta hacer sucumbir al gobierno socialista de Fidel Castro. Nunca la Casa Blanca ni el Congreso federal logró el cometido de derrocar a Castro, pero eso es otra historia. A la nueva generación de hispanos de origen cubano, de acuerdo con los sociólogos, ya no les interesa Cuba, les interesa su país: Estados Unidos. Además, la mayoría de ellos están afiliados ahora al Partido Demócrata. En esta elección, para atraer al votante hispano, que en su mayoría es de origen mexicano, la campaña de Biden reclutó como carnada al actor mexicano Eugenio Derbez y a la actriz estadunidense de origen mexicano, Eva Longoria. Por su parte, la campaña del presidente Trump reclutó al actor mexicano Eduardo Verástegui. Derbez y Varástegui son unos desconocidos para los votantes hispanos, que no se ven proyectados por actores de telenovelas y cintas producidas por Televisa y transmitidas por las cadenas de televisión en español, Univision y Telemundo. Biden y Trump siguen pensando que los votantes de origen mexicano, ciudadanos estadunidenses por nacimiento, ven telenovelas y películas en español. Los votantes estadunidenses de origen mexicano tampoco escuchan canciones de Vicente Fernández, de Juan Gabriel y Los Bukis, por ejemplo, y aunque las reconocen, las identifican con recuerdos de sus padres, abuelos o bisabuelos, no más que eso. Tanto Biden como Trump piensan que los hispanos que se han hecho ciudadanos estadunidenses por naturalización van a votar por uno o por otro candidato nada más porque se los pide Derbez o Verástegui. Estos votantes de origen mexicano naturalizados estadunidenses, citando nuevamente a sociólogos, en su gran gran mayoría no votan porque siguen cargando en la espalda a su país de origen con todo y tradiciones aderezadas con apatía para con los políticos y elecciones. En lo que va de la presidencia de Trump aumentó el número de inmigrantes residentes legales en Estados Unidos que solicitaron y se inscribieron en el proceso de ciudadanía por naturalización. Y entre estas personas varios se hicieron ciudadanos con el objetivo de votar en las elecciones del próximo 3 de marzo, aunque la mayoría lo hizo por temor a Trump, a que los deportara siendo residentes legales si llegaban a cometer algún ilícito grave, como amenazó el republicano. La afluencia del voto hispano en los comicios de noviembre responde y se refleja con todo lo que socialmente implica Estados Unidos: idioma, comida, costumbres, música y, aunque tienen presente a los países de origen de sus ancestros, para ellos esas naciones no los representan y mucho menos influyen en decisión sobre por cuál candidato sufragar. Tal vez, como sostienen los sociólogos, sea hasta las elecciones presidenciales de 2024 cuando los candidatos a la Casa Blanca finalmente dejen de mirar al voto hispano como si fuera extranjero y fácil de conseguir por medio de chistes y rostros de actores mediocres.