Alemania: país con una imagen rota por el racismo

domingo, 19 de julio de 2020
La muerte de George Floyd en la ciudad estadunidense de Mineápolis el 25 de mayo pasado activó los resortes de inconformidad en varias ciudades europeas que salieron a las calles a protestar contra el racismo y la brutalidad policiaca. En Alemania, una veintena de ciudades se unieron a esas jornadas de solidaridad pues, según activistas consultados por Proceso, se tiene que desterrar el racismo para restaurar la imagen rota que tienen los alemanes de sí mismos por el pasado oprobioso que representó el nazismo.  BERLÍN, Ale. (Proceso).- El joven Marvin Oppong se encontraba aquel 2 de mayo de 2018 en la plaza Bertha von Suttner, en Bonn, cuando observó cómo una patrulla chocó con un taxi. De inmediato le tomó una foto al vehículo oficial que presuntamente provocó el percance. Los oficiales, molestos, le recriminaron ese acto a Oppong, quien les contestó que era periodista y nada le prohibía tomar fotos. Cuatro policías arremetieron contra él, un periodista alemán negro. Lo derribaron, y cuando se encontraba boca abajo sobre el suelo, uno de ellos le puso la rodilla sobre cuello –técnica similar a la que mató a George Floyd el 25 de mayo en Mineápolis, Estados Unidos–. Y luego se lo llevaron detenido a una comisaría. Un colega de Oppong videograbó la violencia policial. El periodista iba esposado y sangraba de cara y manos, no obstante las autoridades le negaron atención médica; tampoco le permitieron llamar a su abogado. Lo trasladaron a una celda donde le ordenaron despojarse de su ropa, con excepción de los calcetines. Antes habían confiscado su cámara fotográfica y la tarjeta de memoria. La policía inició una investigación contra Oppong por resistencia a la autoridad y “sospecha de violación de la esfera altamente personal de la vida, al tomar fotografías”, una acusación que se retiró al comprobarse que la agente blanca implicada en el accidente no aparecía en las imágenes tomadas por el periodista. Oppong, quien estuvo detenido durante una hora, comenta a la reportera que la brutalidad policiaca que sufrió se debe al color de su piel. Desde muy temprana edad, en su natal Munster, Oppong comenzó a confrontarse con experiencias racistas que plasmó en el libro Siempre diferente. Durante su niñez fue objeto de burlas de sus compañeros de escuela debido al color de su piel; como adulto recibió insultos e invectivas, según las cuales su origen no se encuentra en Alemania. De hecho, para él, el incidente de 2018 con la policía fue un episodio más de discriminación.

Problema estructural

La muerte de George Floyd el pasado 25 de mayo despertó indignación y protestas multitudinarias en todo el mundo. Alemania no fue la excepción. El pasado 6 de junio y pese a las restricciones que aún se mantienen por la epidemia de covid-19, decenas de miles de manifestantes salieron a protestar en las principales ciudades del país: en Berlín participaron alrededor de 15 mil personas; en Múnich, 24 mil, según cálculos de la policía; en Hamburgo, otros 14 mil; mientras en otras 23 ciudades alemanas las cifras fueron similares. La inusitada convocatoria para manifestar el repudio contra un crimen cometido a miles de kilómetros dejó de manifiesto que no sólo se trataba de actos solidarios frente a un fenómeno lejano, sino de una oportunidad para evidenciar que de este lado del mundo el racismo es un problema no resuelto. En Alemania, 20% de la población tiene origen extranjero, según los datos de la Oficina Federal de Estadísticas. El asesinato de Floyd movilizó a una parte de la sociedad alemana que pocas veces se hace visible: la afrodescendiente. Con el hashtag #BeiUnsAuch (Con nosotros también) en Twitter comenzaron a circular cientos de testimonios de alemanes negros que se confrontan cotidianamente con el racismo estructural: miradas de desprecio, insultos en el transporte público y en la calle, desconfianza en las tiendas y negocios y la oprobiosa negación de los alemanes blancos a aceptar que en el país también hay negros cuyo origen, idioma, cultura y estilo de vida también son de Alemania. Dos de las principales organizaciones que aglutinan a la gente de color de este país –la Red Africana en Alemania (The African Network of Germany) y la Iniciativa Negros en Alemania (Initiative Schwarze Menschen in Deutschland)– aprovecharon la efervescencia en las calles para denunciar públicamente el sistema estructuralmente racista con el que este país trata a sus ciudadanos negros. Las portadas y planas de revistas y periódicos se ocuparon ampliamente del tema. No es para menos. En Alemania viven alrededor de 500 mil migrantes africanos, según estiman las organizaciones que los aglutinan. A esa cifra se suman otras 500 mil personas descendientes de africanos; en total, 1 millón de afroalemanes.

Cifras oprobiosas

Lejos de ser sólo un asunto de percepción de las víctimas, el racismo en este país es algo real. La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia concluye en su reporte sobre Alemania, difundido en marzo pasado, que se trata de “un fenómeno estructural ampliamente extendido en el país”. El organismo del Consejo Europeo plantea una serie de recomendaciones a las autoridades federales y estatales, entre ellas la profesionalización de la educación en materia de derechos humanos en escuelas y centros educativos; la intensificación de la capacitación y educación de la policía, fiscalías y tribunales cuando se trate de reconocer, enjuiciar y castigar delitos racistas; también considera fundamental el desarrollo amplio de servicios de asesoría para brindar apoyo a las víctimas de discriminación racial. Por su parte, la propia Oficina Federal Antidiscriminación del gobierno alemán reconoció en su más reciente informe que el aumento de las investigaciones y denuncias por discriminación racial se han más que duplicado en los últimos cinco años. En 2015 se registraron 545 demandas; en 2019 fueron mil 176. “Alemania tiene un problema persistente de discriminación racista y no apoya a los afectados de manera suficientemente consistente en la aplicación de la ley”, reconoció el director de la dependencia, Bernhard Franke, el pasado 9 de junio durante la presentación del informe anual. De ahí la necesidad, agregó, de que todos los estados federados alemanes establezcan sus propias oficinas antidiscriminación y adopten leyes estatales antidiscriminación.

Un turbio pasado

Tupoka Ogette, activista y experta en racismo, autora del libro Exit Racism, sostiene: “En Alemania no hay más ni menos racismo que en otros países. Pero a los alemanes les resulta especialmente difícil la discusión sobre el tema. El hecho de que Alemania asumió su responsabilidad sobre el horror del Holocausto y por lo tanto cargue con una culpa colectiva nos ha llevado, como alemanes, a desterrar todo lo relacionado con el término racismo de nuestra conciencia colectiva y sobre todo de nuestra imagen. “Tuvimos que hacer eso para restaurar la imagen rota que teníamos de nosotros mismos… La izquierda y el centro de Alemania empujaron el término a la esquina de la derecha. Tal deportación en relación con la historia nazi no sólo dio lugar a una represión del tema, sino también una enorme carga moral del término”, añade. Ogette también explica en parte por qué el pasado colonial alemán –que existió y no fue menor– fue eclipsado y casi borrado de la memoria colectiva. Y por eso, insiste, a los alemanes de hoy les cuesta reconocer y entender el concepto como un sistema. Pero las agrupaciones que aglutinan a los negros en Alemania lo tienen claro y pretenden aprovechar el impulso que detonó el asesinato de Floyd. De entrada, reforzar la novedosa campaña Releer la Ciudad, que busca renombrar calles, plazas y estaciones de metro cuyos nombres remontan al pasado colonial o reproducen conceptos racistas. Y también apoyar la propuesta que desde hace años impulsa el Partido Verde, pero que hoy ha tomado fuerza nuevamente, para eliminar del artículo 3 de la constitución alemana (que prohíbe la discriminación) el concepto “raza” y sustituirlo por el adjetivo “racista”. Tahir Della, de la Iniciativa de Negros en Alemania, explica a Proceso: “Estamos a favor de que se elimine el término raza y en su lugar se inserte el adjetivo racista que, en nuestra opinión, refuerza la prohibición de la discriminación y da un impulso a la lucha contra el racismo, además de que promueve el necesario debate sobre la comprensión social del racismo y la protección de facto en Alemania”. Y alerta que la supresión del término sin sustitución, como originalmente se planteaba, crearía un vacío en la protección. Oppong coincide: “no existen distintas razas entre los hombres; es absurdo utilizar un término que en realidad no existe dentro de la ley. Pero es importante que no sólo se elimine el término sino que se sustituya por otro para asegurar que la protección contra la discriminación racista permanezca en la ley. El término étnico, por ejemplo, me parecería adecuado”. –¿Cree que la muerte de George Floyd hará que finalmente cambie algo? –se le pregunta al joven periodista. –Ya ha habido muchos cambios y algo está ahora en movimiento. Me temo, sin embargo, que esta muerte no resolverá todos los problemas sino que seguiremos ocupándonos del tema durante mucho tiempo. Este reportaje forma parte del número 2280 de la edición impresa de Proceso, publicado el 12 de julio de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

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