Covid 19

Jóvenes de América Latina, más impactados por el covid-19 que en países ricos

El BID destacó que de los cinco países en desarrollo con más muertes confirmadas por covid-19, cuatro están en América Latina.
viernes, 22 de enero de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Los adultos jóvenes y de mediana edad de América Latina y El Caribe tiene un mayor riesgo de enfermarse gravemente o morir de covid-19 que sus pares en regiones más desarrolladas, alertó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“Los grupos de menor edad en América Latina y El Caribe representan una proporción significativamente mayor de muertes por covid-19 en comparación con los países de ingresos altos”, indicó el BID en un comunicado sobre el estudio, fechado el 15 de diciembre del año pasado, difundido por El País.

Destacó que de los cinco países en desarrollo con más muertes confirmadas por covid-19 cuatro están en América Latina. Por ejemplo, de cada 100 muertes por Covid-19 en Colombia, alrededor de 30 fueron personas menores de 60 años, frente a solo 12 de cada 100 en Estados Unidos.

“La alta prevalencia de morbilidades y las limitaciones de los servicios de salud han hecho que los adultos jóvenes y de mediana edad sean más vulnerables a la pandemia de covid-19 que en otras regiones del mundo”, comentó el economista investigador del BID y uno de los coautores del informe, Juan Pablo Chauvin.

El estudio analizó datos a nivel país, ciudades y pacientes para determinar la mortalidad de cohortes, es decir, grupos de individuos latinoamericanos más jóvenes que comparten características en común.

También muestra que la brecha de mortalidad por edad se explica por el mayor hacinamiento residencial y por la informalidad laboral en las ciudades.

“Si los adultos jóvenes y de mediana edad de la región tuvieran tasas de mortalidad e infección idénticas a las de los países más ricos, las restricciones que les otorga más libertad de movimiento que para las poblaciones mayores deberían ser más efectivas en América Latina que en otros países, ya que la región cuenta con una población más joven”, apuntó.

Pero esto no es así en la realidad, indicó el estudio, pues las cohortes más jóvenes tienen más probabilidad de tener condiciones preexistentes y de vivir en entornos urbanos más densamente poblados, el acceso a la atención médica para proteger vidas a medida que se avanza a la necesaria recuperación económica, agregó.

El informe muestra que las tasas de recuperación más bajas en los países en desarrollo explican que casi en su totalidad las tasas de muerte más altas entre los adultos jóvenes y casi la mitad de las tasas de muerte más alta entre los adultos de mediana edad.

“Esto se debe a una mayor prevalencia de enfermedades preexistentes que se relacionan con complicaciones más graves de Covid-19, y a un acceso más limitado a hospitales y unidades de cuidados intensivos en algunos países”, agregó.

Colombia, Perú, México, Brasil y Sudáfrica son los cinco países en desarrollo con el mayor número de muertes confirmadas por covid-19. Son los adultos jóvenes (20 a 39 años) y de mediana edad (40 a 50 años) quienes más mueren por esta enfermedad, de acuerdo con el BID.

En Colombia, 30 de cada 100 muertes son personas menores de 60 años, mientras que en Estados Unidos la cifra se reduce a 12 de cada 100 muertes.

Precisamente, una de las razones por la que poblaciones más jóvenes de estas regiones tienen menos posibilidades de recuperarse de la covid-19 es el acceso limitado al sistema de salud.

“El virus es el mismo, pero no es igual enfermar en Colombia que Estados Unidos. De hecho, según la investigación del BID, un paciente entre los 40 y 49 años en un país en desarrollo tiene estadísticamente la misma probabilidad de morir que uno de 60 a 69 años en uno rico”, indicó El País.

Un caso

“Nunca imaginé que estaría tres meses en el infierno”, comentó a El País la doctora colombiana Delfina Polo Vivero, de 30 años de edad, que sobrevivió al Covid-19 después de dos paros cardiorrespiratorios, en coma inducido, conectada a una máquina de oxigenación con membrana extracorpórea. Uno de sus colegas falleció a los 38 años.

“Cuando desperté, las cicatrices aparecieron y vi cómo mi vida había dado un giro completo”, recordó. En los siguientes meses debió aprender a hablar, escribir y caminar. Tendrá secuelas de por vida: hipertensión por los paros cardiorrespiratorios, diabetes por los corticoides y fibrosis pulmonar que en el futuro cercano la obligará a usar oxígeno de manera permanente.

Además, durante su hospitalización e incapacidad no recibió un salario y mucho menos una indemnización. Ante la posibilidad de embargo de su casa tuvo que salir a trabajar tres meses antes de lo previsto por los médicos.

Por eso, dijo que le da “mucha tristeza cómo los jóvenes se descuidan cada vez más”. Según una encuesta de Unicef, cuando Latinoamérica era centro de la pandemia, un tercio de los jóvenes dijo no sentirse en riesgo.

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