Estados Unidos

Detienen en EU ejecución de latino que quiere que su pastor esté presente

En 2004, John Henry Ramírez mató a puñaladas a Pablo Castro, en Corpus Christi.
viernes, 10 de septiembre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Por tercera vez desde 2017, la Corte de Suprema de Estados Unidos detuvo la ejecución de un hombre latino sentenciado a muerte en Texas, por pedir que su pastor estuviera presente y rezara mientras le aplicaban la inyección letal.

De última hora, el 8 de septiembre por la noche, la Corte Suprema otorgó un indulto temporal al recluso John Henry Ramírez, de 37 años. El portavoz del Departamento de Justicia Criminal de Texas, Jason Clark, fue el encargado de darle la noticia, en su pequeña celda, a unos pies de la cámara de la muerte en la prisión de Huntsville.

“Se quedó callado cuando se lo hice saber. Sacudió la cabeza y dijo: ‘Muchas gracias. Dios te bendiga”, indicó Univisión Noticias.

El martes 7 de septiembre, el preso solicitó, como última voluntad, que el reverendo Dana Moore, rezara y lo toque físicamente durante la ejecución. Dos tribunales anteriores rechazaron la petición por considerarla contra las normas.

Unas horas antes de la ejecución, el tribunal emitió la orden concediendo la suspensión mientras decide si se violaron sus derechos religiosos. El caso se decidirá en octubre o noviembre próximo.

El fiscal principal en el juicio en 2008, Mark Skurka, dijo que, si bien cree que un preso condenado a muerte debe tener un consejero espiritual durante la ejecución, tiene que haber limitaciones por seguridad.

“Pablo Castro no tuvo a nadie rezando por él ya que este tipo lo apuñaló 29 veces. A Pablo Castro no se le permitieron tales sutilezas y cosas como tener un clérigo presente”, indicó Skurka.

Antes, Texas permitía a un empleado del clero acompañara a los presos a la cámara de la muerte, pero ahora solo puede hacerse a solicitud del reo, aunque no pueden mantener ningún contacto ni se pueden pronunciar oraciones durante la ejecución.

¿Qué hizo Ramírez?

En 2004, John Henry Ramírez llevaba 3 días drogándose junto con Christina Chávez y Ángela Rodríguez. Cuando vieron que Pablo Castro, empleado de una tienda de convivencia en Corpus Christi, de 46 años, padre de 9 hijos, salió a tirar la basura, el trío lo asaltó.

Ramírez apuñaló al señor 29 veces y solo consiguió un dólar con 25 centavos. Huyó a México y fue arrestado 3 años y medio después. Fue declarado culpable y, en 2008, fue sentenciado a muerte.

La primera vez que se retrasó la ejecución por su petición religiosa fue en 2017. La segunda fue en septiembre de 2020, por la pandemia de covid-19.

Este año, la última voluntad de Ramírez fue que su pastor rezara y posara sus manos sobre él mientras le aplicaban la inyección letal, pero el sistema penitenciario de Texas rechazó la petición.

El preso alegó que esta decisión violaba sus derechos religiosos, pero los tribunales inferiores se pusieron del lado del estado.

El Departamento de Justicia Criminal de Texas (TDCJ, por sus siglas en inglés) tiene un interés en mantener un proceso ordenado, seguro y efectivo cuando se lleva a cabo un procedimiento irrevocable y cargado de emociones”, dictó el juez de distrito federal David Hittner la semana pasada.

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