Heterodoxos mexicanos. Una antología dialogada

jueves, 12 de abril de 2007 · 01:00
Fondo de Cultura Económica
Heterodoxos mexicanos Una antología dialogada Heterodoxos mexicanos es una travesura literaria, una divertida rayuela en la que Rubén Gallo e Ignacio Padilla invitan al lector a saltar de década en década, de género en género y de autor en autor a través de los momentos más delirantes de la literatura mexicana del siglo XX Heterodoxos mexicanos propone un paliativo lúdico: una colección de textos extraños, sorprendentes, heterodoxos en el mejor sentido del término No una antología canónica sino un diálogo descabellado sobre Martín Luis Guzmán y su Remington, Octavio Paz y los mayas, el Crack y Pancho Villa, Bátrbara Jacobs y Ruum Zape (¡Ruum Zape? El significado de esta hermética frase es uno de los muchos placeres que encierra este libro) Con la autorización de los autores y del Fondo de Cultura Económica, Procesocom reproduce a continuación uno de los capítulos del libro? Ocho: Octavio Paz y los mayas (1973) Poema circulatorio (para la desorientación general)* Octavio Paz Allá Sobre el camino espiral Insurgencia hacia Resurgencia Sube a convergencia Estalla en divergencia Recomienza en insurgencia Hacia resurgencia Allá Sigue las pisadas del sol Sobre los pechos Cascada sobre el vientre Terraza sobre la gruta Negra rosa De Guadalupe Tonantzin (tel YWHW) sigue los pasos del lucero que sube baja cada alba y cada anochecer la escalera caracol que da vueltas y vueltas serpientes entretejidas sobre la mesa de lava de Yucatán (Guillaume jamás conociste a los mayas (((Lettre-Océan))) muchachas de Chapultepec hijo de la cingada) (Cravan en la panza de los tiburones del Golfo) Sí El surrealismo Pasó pasará por México Espejo magnético Síguelo sin seguirlo Es llama y ama y llama Allá en México No éste El otro enterrado siempre vivo Bajo tu mármomerengue Palacio de bellas artes Piedras sepulcrales Palacios Municipales arzobispales presidenciales Por el subterráneo de la insurgencia Bajaron Subieron De la cueva de estalactitas A la congelada explosión del cuarzo Artaud Bretón Péret Buñuel Leonora Remedios Paalen Alice Gerzo Frida Gironella César Moro Convergencia de insurgencias Allá en las salas La sal as sol a solas olas Allá Las alas abren las salas El surrealismo NO ESTA AQUÍ Allá afuera Al aire libre Al teatro de los ojos libres Cuando lo cierras Los abres No hay adentro ni afuera En el bosque de las prohibiciones Lo maravilloso Canta Cógelo Está al alcance de tu mano Es el momento en que el hombre Es El cómplice del rayo Cristalización Aparición del deseo Deseo de la aparición No aquí no allá sino entre Aquí/allá RG: Sólo vi a Octavio Paz una vez En realidad fueron dos, pero la segunda fue un fugaz encuentro en el Sanborn?s de los azulejos y tiendo a olvidarla La buena fue en 1990, una noche de otoño y en vísperas del anuncio del Premio Nobel Yo tenía 19 años y estaba estudiando letras inglesas en Yale Recuerdo la emoción que sentí al ver aquellos carteles anunciar que Octavio Paz visitaría la universidad para hacer una lectura de poesía Recuerdo aquel auditorio repleto de estudiantes y profesores Recuerdo el estrado, con Octavio Paz de un lado y John Hollander, su traductor, del otro Recuerdo la voz de Paz, el tono sencillo, casi humilde en que leía sus poemas como quien habla con un amigo Recuerdo la lectura de Hollander, cargada de acentos melodramáticos que contrastaban con el estilo tan parco de Paz Recuerdo que ambos leyeron "La piedra, el río?", y parecía que se trataba de poemas escritos por dos autores distintos: Paz pronunciaba "la piedra, el río" en voz baja, sin variar el tono Hollander, en cambio, declamaba con un vozarrón, enfatizando los sustantivos ?"the STONE, the RIVER"? y pronunciando "stone" y "river" en un tono duro como la piedra Recuerdo también que antes de leer uno de sus poemas, Paz se dirigió al público ?a los estudiantes, a mí? y explicó que esos versos los había escrito pensando en Tolomeo Lo dijo en español y en inglés, o quizá solamente en inglés, pero cuando habló en inglés dijo "Ptolémée", que es el nombre francés de Tolomeo Recuerdo la ternura que me inspiró aquella voz suave, esforzándose por hablar un inglés trabajoso por el que se colaban vocablos franceses y acentos mexicanos Al final de la lectura se formó una larga cola de estudiantes que querían saludar a Paz John Hollander lo tomó del brazo y le dijo a la muchachada: "Mr Paz is very busy", mientras le indicaba al poeta la salida del auditorio Nunca olvidaré la respuesta de Paz: "No, déjame Yo quiero hablar con los jóvenes", le dijo mientras se volvía hacia aquella fila que llegaba hasta el fondo de la sala Yo también me formé en la fila Todos llevaban libros y al llegar hasta Paz lo saludaban y conversaban con él mientras el poeta firmaba sin parar Delante de mí había un mexicano de unos 30 años, de traje y corbata, bigote y pelo engomado Caminaba con pasos militares y al llegar al poeta se cuadró (¿se cuadró?) Así lo recuerdo: tan duro y tan serio como un militar) Extendió la mano y saludó a Paz diciendo: "Señor Paz, soy fulanito de tal, becado por el gobierno mexicano para estudiar el doctorado en economía en Yale" Lo dijo en ese tono arrogante de los políticos que atodo mundo llaman "licenciado" y a todos saludan con una palmada en la espalda Recuerdo los ojos claros de Paz que lo miraron con una enorme bondad antes de contestarle: "Yo también fui becario hace muchos años" Por fin llegó mi turno No recuerdo si le dije algo o si le di la mano Nunca antes había estado en presencia de un poeta ?oficio que para mí tenía el mismo misterio que el sacerdocio--, y no sabía qué hacer No sentí nervios sino una gran curiosidad por todo lo que veía frente a mí Decidí hacer como todos los demás estudiantes: saludar al poeta y presentarle un libro para que lo firmara Unos llevaban El laberinto de la soledad; otros, El mono gramático; otros más, Vuelta o Blanco Yo había llegado corriendo de mi clase de literatura victoriana y el único libro que tenía a la mano era una edición estudiantil de Vanity Fair, de William Thackeray Se lo di y él, sin mirarlo, lo firmó en la primera página en blanco Estaba a punto de devolvérmelo cuando su mirada cayó sobre la cubierta Se mostró confundido y me preguntó: "¿Pero? qué libro es este?" Hoy, 15 años después, conservo el ejemplar de Vanity Fair autografiado por Octavio Paz como uno de los tesoros de mi biblioteca Nunca logré entender la imagen de Paz tiránico y autoritario y aun menos el odio, la rabia que tanta gente parece tenerle en México Para mí Paz siempre ha sido aquel poeta bondadoso que quería hablar con los jóvenes y que tenía todo el tiempo del mundo para saludar a sus lectores Desde aquella noche en New Haven he pasado muchísimas horas con los libros de Octavio Paz, y la voz que encuentro en sus escritos es la misma que escuché entonces: una voz llena de paciencia, de generosidad, de bondad, de humor Creo que se ha hablado muy poco del humor de Paz, y de eso me gustaría dialogar contigo, querido Nacho Quizá "sentido del humor" no sea la expresión adecuada; de lo que quisiera hablar es del placer de la lectura, del goce de la vida intelectual que Paz logra transmitir en muchos de sus escritos Podemos conversar, por ejemplo, de uno de sus poemas más raros ?en el mejor sentido de la palabra?y que es de los que más me gustan: el "Poema circulatorio (para la desorientación general)", de 1973 A primera vista parece tratarse de un texto críptico, de un muestrario de imágenes dispersas sin ninguna relación entre sí Hay versos que hablan de "Guadalupe Tonantzin", otros, borgesianos, que transcriben el nombre de Dios ("YWHW), y otros más que presentan lo que el estridentista Manuel Maples Arce hubiera llamado un directorio de vanguardia: "Artaud / Breton Péret Buñuel Leonora Remedios Paalen" Pero los versos que más me sorprenden ?y los que mejor transmiten el mundo de Octavio Paz? son los siguientes: (Guillaume jamás conociste a los mayas (((Lettre-Océan))) muchachas de Chapultepec hijo de la cingada) (Gravan en la panza de los tiburones del Golfo) Esta es una de las secciones más misteriosas del poema y me gustaría descifrarla contigo ¿Quién es ese Guillaume a quien se dirige el poema? ¿A cuáles mayas se refiere? ¿Quiénes son las muchachas de Chapultepec? ¿Por qué irrumpe, como trueno, el más mexicano de los insultos y por qué está escrito en esa ortografía? ¿Qué hace Gravan en la panza de un tiburón? En una nota al texto, Paz señala que lo escribió para la exposición El arte del surrealismo, organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York y presentada unos meses después en la ciudad de México El poema fue concebido como "circulatorio" porque Paz lo pintó en los muros de una galería espiral por donde tenían que pasar los visitantes para entrar a las salas del museo Es, por lo tanto, el poema más arquitectónico de Paz: diseñado para entrar en él, transitar por él, incluso ?como el título lo indica? perderse y desorientarse con él La nota de Paz nos da la clave para leer el poema: el surrealismo En uno de sus manifiestos, André Breton explicaba que la imagen surrealista es como una chispa generada por un corto circuito entre dos polos eléctricos El poeta debe buscar imágenes disímiles cuya unión produzca chispas de sorpresa, como en el famoso verso de Lautréamont sobre "el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección" Entre más distantes sean las imágenes, decía Bretón, más intensa será la chispa que producirá su conjunción El "poema circulatorio" es una lluvia de chispas: en su espiral chocan los nombres de Guadalupe Tonantzin y YWHW, Cravan y los mayas, Frida y Gironella, Artaud y César Moro El texto es un muestrario de imágenes surrealistas, así como un homenaje al movimiento y a su relación con México Uno de los versos anuncia: Sí El surrealismo Pasó pasará por México Espejo magnético Síguelo sin seguirlo Es llama y ama y llama Allá en México Y sigue una lista de escritores y pintores surrealistas que pasaron por México o se instalaron en el país: Atonin Artaud, que vivió una temporada con los tarahumaras y probó el peyote; André Bretón, que llegó a la capital en 1938 y declaró haber descubierto el país más surrealista del mundo; el poeta Benjamín Péret, el director de cine Luis Buñuel, las pintoras Remedios Varo y Leonora Carrington ?la única de todas las personalidades mencionadas que aún vive--; Alice ¿Rahon?; los artistas Wolfgang Paalen, Gunther Gerzo, Frida Kahlo y Alberto Gironella Cierra la lista el peruano César Moro, que vivió en México durante los treinta y cuarenta Se trata, entonces, de un poema eminentemente surrealista, y quizá el más surrealista de todos sus versos sea el paréntesis que nos informa que Guadalupe Tonantzin, deidad sincrética que combina los nombres de la virgen católica y la diosa azteca, puede ser localizada en el "(tel YWHW)" Si Bretón organizaba sesiones espiritistas para comunicarse con los muertos, Paz imagina una llamada telefónica al Más Allá, una línea directa con un dios omnímodo, trasatlántico y sincrético Los versos en que el poeta apostrofa a Guillaume y habla de los mayas parecen ser un ejemplo más de las imágenes surrealistas de las que hablaba Bretón: la yuxtaposición de "Guillaume" y "los mayas" crea un choque de dos mundos, el precolombino y el francés, que produce una chispa poética Y los versos que siguen, en donde desfilan las muchachas de Chapultepec, el "hijo de la cingada" y Cravan en la panza de los tiburones contribuyen a la desorientación general tan preciada por los surrealistas Pero los versos sobre Guillaume y los mayas encierran muchos otros secretos ¿De qué Guillaume se trata? Paz nos da una pista en el verso "(((Lettre-Océan)))", que encierra entre paréntesis triples el título de uno de los Calligrammes de Guillaume Apollinaire "Lettre-Océan", publicado en 1914, es uno de los poemas más raros de Apollinaire, lleno de referencias a México, un país que el poeta francés nunca pudo conocer Varias de las imágenes que Paz incorpora a su "Poema circulatorio" ?las muchachas en Chapultepec, el "hijo de la cingada"? son citas textuales del caligrama de Apollinaire También lo es la frase "jamás conociste a los mayas, traducción al español de una de las proclamas más misteriosas (y más enfáticas, ya que está escrita en una tipografía gigantesca) del poema francés: "Tú ne connaitras jamais bien les Mayas" Puedo imaginarme la sorpresa de Paz al leer "Lettre-Océan" por primera vez: ¿Cómo se habrá enterado Apollinaire de la existencia de Chapultepec y de la manía de los mexicanos por llamar a sus enemigos "hijos de la?"? ¿Y qué quiere decir esa extraña advertencia sobre la imposibilidad de conocer a los mayas? Paz debe haber gozado muchísimo con estos misterios literarios y seguramente leyó el caligrama como un juego de espejos: el interés que Apollinaire mostró en México es un reflejo de la pasión de Paz por la poesía francesa Un mexicano leyendo a un francés que escribe sobre un México que nunca conoció Quizá es por eso que uno de los versos del poema de Paz se refiere al surrealismo como ese "espejo magnético" en el que México y Europa se reflejan y sienten una atracción mutua Una atracción que en ocasiones resulta mortal: Paz cierra sus citas al caligrama de Apollinaire con la imagen de Arthur Cravan, el boxeador dadaísta y sobrino de Oscar Wilde que se perdió en México en 1918 y terminó, según los rumores, "en la panza de los tiburones del Golfo" El año pasado, mientras preparaba un libro sobre la vanguardia mexicana, me encontré con un dato curioso sobre "Lettre-Océan" Albert, el hermano de Apollinaire, se mudó a México en 1913, y muchas de las imágenes del poema se refieren a esa aventura, empezando por la frase que anuncia "Mon frère Albert à México" A diferencia de su hermano, Albert no era poeta pero tenía espíritu aventurero: había vivido en Berlín, en Moscú, en Londrés y en 1913 aceptó un puesto en un banco en la ciudad de México Se embarcó y tuvo la mala suerte de llegar a la capital el 13 de febrero de 1913, el día en que estalló la Decena Trágica Albert pasó sus primeras semanas en México escondido en una casa de seguridad de la comunidad francesa y su máxima preocupación era comunicarse con su hermano y avisarle que estaba bien Pero en 1913 no había teléfono trasatlántico y las cartas tardaban semanas en cruzar el océano La única opción era enviar un mensaje por el telégrafo sin hilos, un medio de comunicación que utilizaba las ondas hetzianas para enviar mensajes en clave Morse que debían ser descifrados y transcritos al otro lado Albert se presentó en la estación de radiotelegrafía de la capital mexicana y envió un mensaje de dos palabras ("en sureté" ?"a salvo"--) a su familia El mensaje fue recibido en París por la estación de radio de la Torre Eiffel y entregado a domicilio Apollinaire se sintió tan maravillado por el mensaje que decidió dedicarle todo un poema Lo llamó "Lettre-Océan", el nombre que se les daba a los radiotelegramas en aquella época ?eran el único medio para comunicarse con los barcos y enviar cartas al océano? y lo salpicó de referencias a la radiocomunicación, incluyendo las siglas "TSF" y dos ilustraciones caligrámicas de la Torre Eiffel como antena receptora Apollinaire incorporó el brevísimo mensaje radiotelegráfico de su hermano ?"en sureté"? a su poema y después añadió fragmentos de las descripciones de la vida en México que le llegaron por carta en los siguientes meses El archivo Apollinaire conserva la correspondencia de Albert y entre ella hay una postal que muestra a un grupo de paseantes frente al Castillo de Chapultepec: de allí salieron las misteriosas muchachas de Chapultepec del caligrama En una carta, Albert se queja de lo difícil que se ha vuelto la comunicación con Europa: los revolucionarios habían atacado los vagones que transportaban el correo hasta el puerto y quemaron varios sacos de cartas Una razón más para enviar "cartas-océano" por radiotelégrafo En otra, le cuenta a su hermano que "en México no hay cantantes ambulantes como en Mont-marte y los indios duermen en el piso" Albert sobrevivió la Decena Trágica, pero su suerte no duró mucho Se quedó a vivir en México y el 4 de junio de 1919, un año antes de que terminara la Revolución y un año después del fallecimiento de su hermano, murió de tuberculosis en el Hospital Francés de la capital Sus restos fueron depositados en el Panteón Francés Algún día quisiera escribir un libro sobre Albert, sobre ese poeta de la vida que nunca escribió un solo verso ¿Cómo habrá muerto? ¿Quiénes habrán sido sus amigos en México? ¿Lo habrán recibido los admiradores mexicanos de Apollinaire? ¿Acaso alguien leía a Apollinaire en 1918? En esos años nuestros vanguardistas eran apenas unos niños: Manuel Maples arce tenía 18 años; Villaurrutia, 15; Novo, 14 Tablada tenía 47, y quizá era él, amante de los caligramas y de la poesía orientalista, el único que conocía a Apollinaire Quizá recibió a Albert en su casa de Tacubaya y le mostró el jardincito japonés que las tropas zapatistas habían pisoteado cuando entraron a la capital Quizá no encontraron mucho de qué hablar, pues Albert vivía en un mundo de bancos y de nóminas, de haberes y deberes, y poco sabía de esos ismos europeos que tanto le intrigaban a Tablada Quizá Albert intentó hablar de los mayas y los aztecas y le preguntó al poeta si había alguna relación entre los excesos de la Revolución y los sangrientos sacrificios de los antiguos mexicanos Quizá fue Tablada quien en un momento de enojo le dijo a Albert: "Jamás conocerás a los mayas, y menos en mi casa de Tacubaya" Quizá se despidieron, tristes, incómodos, y nunca volvieron a verse Me hubiera gustado hablar con Octavio Paz sobre Albert: visitarlo en su departamento de Río Guadalquivir, entre sus legendarios gatos, y pedirle que me hablara de "Lettre-Océan" y de por qué decidió rendirle homenaje en su "poema circulatorio" Le hubiera preguntado sobre Albert, sobre sus aventuras en México y sobre su misteriosa desaparición Quizá me hubiera dicho que en la historia de Albert veía reflejada su propia experiencia: sus primeros viajes a Francia y sus paseos con André Breton, su estancia en la India y su perplejidad ante el hermetismo de una cultura tan distante? Y, quizá se hubiera preguntado si acaso su abuelo Ireneo Paz pudo haberse topado con Albert en medio del desorden de la Decena Trágica Apollinaire y Paz han desaparecido y sólo nos queda el diálogo imaginario entre los dos poetas que aparece en el "Poema circulatorio" Allí vemos a Paz leyendo y pensando, escribiendo y jugando Su mundo era una enorme biblioteca, infinita como la de Borges, pero más humana Borges vivía en un mundo de ideas puras; Paz, en un universo de escritores de carne y hueso Borges veía el mundo a través de la lente de la filosofía; Paz, a través del amor y el erotismo Paz siempre habló de la relación entre poesía y erotismo y en este poema vemos un ejemplo de esa simbiosis Allí habla con Apollinaire, lo tutea, le dice "Guillaume" e incorpora parte del caligrama a su poema Apollinaire habla a través de Paz y Paz a través de Apollinaire El poema, como el amor, funde los cuerpos y los dos poetas se vuelven uno solo: un cuerpo circulatorio (para la desorientación de los moralistas) Me preguntas, Naho, qué nos dice este "Poema circulatorio" sobre la literatura de hoy y me cuesta un enorme trabajo responder Creo que vivimos una temporalidad muy distante del tiempo poético en el que Paz dialogó con Apollinaire El nuestro es un torbellino moderno: nos comunicamos por correo electrónico y teléfonos celulares, transitamos a toda velocidad por periféricos y distribuidores viales, y hasta los libros se escriben a ritmo vertiginoso Nada más distante de ese tiempo lento en el que Paz leyó y escribió con Apollinaire Y nada más distante de aquella época en que recibir un radiotelegrama era un acontecimiento mágico, digno de plasmarse en poema Quizá el "Poema circulatorio", como toda la poesía de Paz, como toda la buena poesía, es un antídoto al malestar de nuestra modernidad Al leer un poema logramos escapar momentáneamente de la tiranía del tiempo de relojes y calendarios e ingresamos en un mundo muy distinto donde el tiempo se vuelve elástico y raya en la eternidad Un mundo que, al igual que el inconsciente freudiano que tanto fascinaba a los surrealistas, está fuera del tiempo Al recibir el Nobel, Paz dijo que la poesía era otra voz: podríamos añadir que es también la puerta hacia otro tiempo Un tiempo poético, para la desorientación general * IP: Me ha estremecido la historia que me cuentas, tanto como el poema que ha provocado tu apasionante y detectivesca ruta por tantos grandes autores y tantos grandes poemas Mi oído académico es pésimo, pero al menos creo tener bien templado el diapasón de un contador de historias, que con ésta se ha echado a andar También me ha emocionado la descripción de tu único encuentro con Octavio Paz y de las impresiones que recibiste, tan similares a las mías que ya voy hallando en ellas una posible huella generacional Déjame que te cuente: La única vez que vi a Octavio Paz en persona lo vi barbado, inesperada e incómodamente barbado Algún tiempo después supe que aquella barba espesa, cortsiana casi, en modo alguno debía parecer un aspecto inusual de su atavío O al menos no para quienes lo conocían bien o de mucho tiempo atrás Me dijeron y me mostraron ?aunque ahora ya no estoy seguro de si lo he inventado? que el poeta se había dejado poblar el rostro en numerosas etapas de su vida, no por fuerza las últimas Quizá, pensé entonces, lo hizo cuando estaba en la India, donode la barba es todavía una suerte de emblema, como lo era todavía más en ese tiempo, cuando aún quedaban rastros del estrepitoso retorno a Londres de cuatro Beatles profusamente barbados e iluminados por su íntimo contacto con yogui indio y peludo cuyo rostro no era muy distinto de las imágenes más divulgadas del indómito Tagore O tal vez antes, cuando descubrió que llevaba ya demasiado tiempo instalado en su papel de joven genio de la literatura mexicana, de lampiña mascota de los Contemporáneos Para entonces habría publicado ya, entre tantas otras cosas, El laberinto de la soledad, y habría comprendido que incluso en la literatura hay un momento en el que no conviene o ya no sirve parecer demasiado joven Entonces uno puede dejarse crecer la barba sin miedo a parecer más viejo de lo que se es, deseándolo casi, porque uno al fin ha conseguido liberar la propia edad de la edad de la escritura y necesita que los demás, los otros, aprendan también a leerlo con el mismo rigor, la misma baza con que se leería un libro no contaminado ni perdonado por el prejuicio de la verdura de su autor Naturalmente, esta reflexión sobre la pilosidad intermitente del rostro de Octavio Paz es sólo especulación, una ruleta que jamás me he molestado en verificar (Luego supe que Paz se dejó crecer esa barba concreta a raíz del incendio de su biblioteca, que de alguna forma fue el principio de su muerte) Lo cierto es que para mí, aquella tarde en que lo vi a la entrada del Palacio de Minería, su barba fue una suerte de revelación Si no me equivoco, no hacía entonces mucho tiempo desde que su rostro perfectamente afeitado se había reproducido hasta el cansancio en lo diarios, revistas y televisores que celebraron con justicia su Premio Nobel (poco después de tu propio encuentro con él, querido Rubén), y sólo un poco más desde las numerosas emisiones del Coloquio de Invierno, donde un Octavio Paz sin aristas ni excesivo pelo dirigía el histórico debate de sus amigos como el director de orquesta a quien le basta no estar calvo para sentirse orgullosamente refractario a la vejez Y es que, para quienes nacimos después del sesenta y ocho, Octavio Paz nunca tuvo barba El dato apenas importaría si esto no fuera un signo inquietante de que Paz siempre fue el mismo en los últimos 30 años de su vida, una especie de caballo de carreras que se ha desprendido con mucho del resto de sus competidores, siempre muy adelante, siempre muy por encima, con toda la envidia y el recelo que eso puede provocar Lo recurdo y pienso con sorpresa que, por algún motivo inescrutable, nuestra literatura, a diferencia de casi todas las demás, no abunda en escritores calvos ni barbudos Es más, ni siquiera podría decirse que nuestras letras cuenten con un ejemplo del anciano venerable, de sus Borges, sus Tourniers, sus Barojas agonizantes He buscado en las imágenes de mis autores más entrañables, y ninguno parece haber envejecido: ni Guzmán ni Paz ni Fuentes ni Rulfo perdieron o han perdido el pelo; ni Cuesta ni Villaurrutia vivieron lo suficiente para parecer viejos o quedarse calvos Ni siquiera el calvísimo Monterroso pareció jamás otra cosa que un bebé iluminado Apenas me quedan el consuelo de Alfonso Reyes como un paquidérmico abuelo calvo que, sin embargo, evade como pocos la iconografía literaria? RG: ¿Qué te ha parecido el "Poema circulatorio"? IP: Es un texto muy paciano y sin embargo muy raro, lo cual resume en buena medida la lección de esta aventura que hemos emprendido buscando heterodoxias de nuestros ortodoxos y ortodoxias en nuestros heterodoxos En 1973 Paz tenía casi 60 años, pero este poema parece escrito por un joven, juguetón y travieso Es, además de lo que mencionas sobre la radio, una evocación del surrealismo Es una reflexión sobre el impacto que tiene México, a través de la tecnología, en un poeta surrealista que está escribiendo en París Eso ya le parece lo bastante dislocado o enloquecido para pasar de un hecho histórico a un fenómeno poético, surrealista Lo que yo me pregunto es qué tan surrealista era Paz en el momento en que escribe el "Poema circulatorio" ¿Qué tan afecto sería en 1973 a aquel movimiento al que había estado tan vinculado en su primera juventud? ¿Qué pensaría Octavio Paz cuando le piden un poema surrealista? ¿En qué momento de su desarrollo poético estaría? RG: Es un poema nostálgico: un poema que le permite volver a su juventud, a los años en París, a sus caminatas con André Breton IP: Vuelvo a pensar en la única vez que vi a Paz, en la feria del libro: debe haber sido 1994 ó 1995 Yo estaba frente al Palacio de Minería y lo vi llegar Había una multitud de estudiantes, de chavos de muy bajos recursos, muy molestos porque les querían cobrar la entrada Parecía casi una manifestación Gritaban: "¿Cómo le cobran a los mexicanos por ver libros?", y amenazaban con dar portazo y entrar en tropel En ese momento llega Octavio Paz y la multitud lo empieza a rodear Yo lo veía muy nervioso, en medio de todos esos chavos Los muchachos empezaron a gritarle: "Octavio, diles que nos dejen entrar" Y era como si le quisieran decir: "Tú eres Octavio Paz, venimos a ver tus libros, venimos a verte a ti" Por un momento pensé que el poeta, que hasta ese día me pareció demasiado distante, trataría de darle la vuelta al asunto y entrar por otra parte No sé qué les dijo a los chavos, pero recuerdo que le abrieron paso y pensé que ninguno de los allí presentes volveríamos a saber de él Pero poco después dejaron pasar a la multitud Paz había conseguido que dejaran entrar a los muchachos Es una imagen, sin duda aleccionadora y similar a las que tú conservas de New Haven, que se me quedó muy grabada RG: ¿De cuál de sus libros te sientes más cercano? IP: De sus ensayos: me parecen extraordinarios Vislumbres de la India, Tiempo nublado, El laberinto de la soledad, Posdata, El arco y la lira Sus reflexiones sobre la democracia son de una actualidad y de una profundidad deslumbrantes RG: Las trampas de la fe IP: Es un gran libro, pero a mí me gusta su ensayismo de corto aliento: me fascina cómo se van engarzando los ensayos en libros como El arco y la lira RG: Pues sigamos su ejemplo y engarcemos nuestra charla con el próximo texto: un cuento sorprendente de Bárbara Jacobs *Escrito para la exposición El arte del surrealismo, organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York en la ciudad de México (1973) El poema fue pintado en el muro de una galería espiral que conducía a la exposición, y fue recogido en Obra poética II, México, FCE/Círculo de Lectores, 2004, pp 54-56

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