Scherer, Salgar, Clóvis Rossi, Sábat. Premio Homenaje Cemex-FNPI

lunes, 9 de abril de 2007
Fondo de Cultura Económica-Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano
Treinta y cinco años alrededor de Julio (Proceso 1588 / 8 de abril de 2007) En 2002, Julio Scherer García recibió el primer reconocimiento de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y la empresa Cemex "a un periodista del continente cuyas obra y trayectoria encarnen los más altos valores del oficio y por eso mismo se constituya en un ejemplo a seguir entre las nuevas generaciones" Ya en circulación, el libro Scherer, Salgar, Clóvis Rossi, Sábat Premio Homenaje Cemex-FNPI (Fondo de Cultura Económica-Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano), incluye este retrato del fundador de Proceso entre los "maestros homenajeado por maestros" Vicente Leñero A retazos, con páginas arrancadas a mis propios recuerdos, en un obsesivo collage de viejos textos o de pequeños añadidos y rápidas anécdotas que dicta la memoria, intento esta semblanza en borrador de Julio Scherer García que la miopía de la amistad ?ese verlo y verlo durante años tan de cerca? impide convertirla en un perfil más fiel, más apartado de una visión estrictamente personal Es un intento, un breve testimonio de hermandad () 1968 Molesto porque Excélsior no juzgaba el conflicto estudiantil de 1968 con los criterios oficiales obedecidos puntualmente por los demás diarios, el presidente Gustavo Díaz Ordaz emprendió una campaña contra Excélsior Scherer y algunos colaboradores recibieron amenazas, estalló una bomba en las oficinas de Reforma 18 y el director fue insultado en la residencia de Los Pinos Frente a frente, con el escritorio de por medio, Díaz Ordaz empezó reclamándole los puntos de vista sustentados por su periódico En el momento de responder, Scherer descubrió una pequeña caja de cerillos en el escritorio presidencial y la paró de canto Dijo: "Mire usted, señor presidente, ésta es una simple caja de cerillos, pero desde su lugar usted ve una caja diferente a la que yo veo desde aquí Lo mismo ocurre con el problema de los estudiantes" A manera de respuesta, Díaz Ordaz agrió el gesto y le gritó furioso: "¡Hasta cuándo dejará usted de traicionar a este país!" () 1976 En la mesa principal: Julio Scherer García incómodo, Julio Scherer García enojado, Julio Scherer García iracundo Se puntualiza: Julio Scherer García incómodo por sentirse obligado como todos los años a participar en la ceremonia del Día de la Libertad de Prensa, en la que se pronuncian discursos ?uno del presidente de la República y otro del director de algún diario? que invariablemente deforman la realidad de la prensa mexicana; incómodo por mostrarse cómplice del desmedido homenaje al primer mandatario en turno, a quien de manera explícita se venera como adalid de la prensa independiente Julio Scherer enojado porque este año el presidente de la República concedió uno de los premios nacionales de periodismo al locutor de televisión Jacobo Zabludovsky, quien en los últimos meses ha encabezado la campaña televisiva contra Excélsior Julio Scherer iracundo porque al terminar la comida Luis Javier Solana, subdirector de El Universal y presidente de la Asociación de Editores de Periódicos Diarios de la República Mexicana, organizadora del acto, se aproxima a Scherer para informarle en voz baja que ha sido incluido en la comisión encargada de entregar en ese instante un pergamino alusivo al presidente Luis Echeverría Álvarez ?Yo no ?rechaza Julio Scherer Luis Javier Solana se sorprende: ?El presidente nombró la comisión ?Yo le entrego una chingada ?Julio ?exclama Solana y gira la cabeza de derecha a izquierda temeroso de que la expresión de su colega haya sido escuchada por los comensales vecinos Insiste?: Por favor, Julio? ?Le entrego una pura chingada ?repite Julio Scherer alzando la voz, y son varias las cabezas que ahora giran hacia él El director de Excélsior no acude a entregar el pergamino, pero acepta después formar parte de otra comisión ("Hubiera sido exagerada la rebeldía, Vicente, ¿no es cierto? ¿De qué te ríes?") encargada de acompañar a Echeverría del restaurante Hacienda de los Morales a la residencia oficial de Los Pinos El presidente conversa con los periodistas de la comisión que lo acompaña hasta Los Pinos Habla y habla y habla; calla de pronto, mira a Julio Scherer: ?Se necesita hígado para aguantar a Excélsior ?dice ?Hacemos el mejor periodismo que podemos, señor presidente, pensando en el país Echeverría palmea a Julio, sonríe: ?No estoy hablando en serio, Julio ?Yo sí, señor presidente 1976 ?¿Y no sospechabas lo que estaba planeando Echeverría? ¿No tenías miedo? Julio Scherer se reacomoda en el asiento: ?Un día, por esa época, cuando ya eran muy duros los trancazos, León Davidoff me preguntó, ¿conoces a León Davidoff?, pues León Davidoff me preguntó algo parecido: que si no tenía miedo de que Echeverría decidiera acabar con Excélsior Yo le contesté: "Excélsior tiene un doble seguro de vida, León, el premio Nobel de la Paz y la Secretaría General de las Naciones Unidas Echeverría no se atreverá a hacernos nada porque quiere el Nobel y la Secretaría General; son nuestros seguros de vida" Julio Scherer carga el cuerpo sobre su hombro derecho, contra el respaldo del asiento, y me mira incisivamente Sonríe Se pone de pie ?Nos fallaron nuestros seguros de vida ?dice antes de abandonar el restaurante? Eso fue lo que pasó () 1977 De la Exposición del Tercer Mundo salimos a la calle y cruzamos la acera empedrada hasta la residencia de Luis Echeverría, en donde se hallaba instalado, en una construcción aparte que parecía una casita en el bosque, el Salón del Sexenio Luis Enrique Bracamontes, ex secretario de Obras Públicas, explicó que en un par de semanas, cuando el sitio se abriera al público, tendría acceso directo por la calle "El licenciado Echeverría piensa", explicó Bracamontes, "que es muy importante para los mexicanos tener oportunidad de conocer y consultar la documentación de la obra realizada durante seis años de gobierno Es una lección de historia Si todos los ex presidentes hubieran hecho algo semejante, alumnos e investigadores conocerían mejor la historia patria En lugar de archivar tantos documentos y de guardar en secreto tantos regalos de los mandatarios extranjeros, el licenciado Echeverría los muestra aquí a la vista de todos Es una gran idea", terminó Bracamontes Una hora después regresamos al Centro de Estudios del Tercer Mundo Los guardias personales nos indicaron pasillos y nos abrieron puertas hasta el despacho del ex presidente Era muy amplio y estaba situado en un segundo piso Los muebles: de artesanías autóctonas Ocupamos los de una sala michoacana pero muy incómodos, luego de esperar más de quince minutos Precedido por dos asistentes que sólo aparecieron fugazmente, entró Echeverría, impetuoso Lanzó el brazo como una estocada para estrechar la mano de Julio, la mía, la de Bracamontes Vestía un traje ocre moteado con el que hacía juego una ancha corbata café En el término del pantalón se delataban unos botines campiranos ?Cómo estás ?dijo Echeverría ?Cómo estás, Luis ?respondió Julio Scherer El director de Proceso regresaba al tuteo después de seis años de un respetuoso "usted" que, en el momento de pasar de secretario de Gobernación a presidente de la República, había hecho decir a Echeverría: "Sígueme hablando de tú" "No debo", había respondido Julio Scherer "En lo privado, entonces", había pedido Echeverría "Es muy difícil estar pensando en cambiar de fórmula cada vez que se pasa de lo privado a lo público", había dicho Julio Scherer, "mejor siempre de usted mientras usted sea presidente, señor presidente" "De acuerdo" El ex presidente no mostró extrañeza por el tuteo de Julio Más interesado parecía en pedir disculpas por el retraso: pero era tanto el afecto que le demostraban los obreros de Pemex, tanto su entusiasmo, que el desayuno se prolongó más de la cuenta Echeverría tomó asiento en el sofá michoacano y junto a él se sentó Julio Scherer Enfrente quedamos Bracamontes y yo, en sendos sillones ?Disculpen Sin pausas preguntó sobre nuestro recorrido por la Exposición del Tercer Mundo y el Salón del Sexenio, y sin pausas, antes de darnos tiempo a responder, inició un largo discurso en torno a la injusticia que vivían los países marginales y a las necesarias soluciones que habrían de plantearse tras el contacto con/ Miré a Julio Su rostro se había afilado y transparentaba tensión Seguramente no escuchaba a Echeverría; más bien parecía hundido en los recuerdos de su carrera como periodista y en las ingratas relaciones con el poder Por su parte, el ex presidente se cuidaba de girar la cabeza hacia Julio Tras el cristal ámbar de los lentes sus ojos me apuntaban, pero tal vez miraban sin mirar, extraviados en el remolino de ideas de su discurso Julio aprovechó una larga pausa de Echeverría para hablar por primera vez Como si estuviera a punto de dar por concluida la entrevista, se refirió al reportaje sobre el Salón del Sexenio: quería saber si un fotógrafo y yo podíamos volver otro día a tomar datos con toda calma Echeverría miró al fin a Julio Scherer ?Deja de provocarme ?gritó de improviso? ¡Qué necedad la tuya! Deja de provocarme, Julio, te lo advierto ?No sé de qué me hablas ?dijo Julio ?Lo sabes Me estás provocando No sólo esto del Salón del Sexenio Supe que andabas preguntando qué tantas intrigas fragüé yo para el Nobel de la Paz y no sé cuántas otras tonterías Mandaste a un reportero Me estás vigilando ?Pero cómo te puedo estar vigilando ?replicó Julio con una mueca Se enderezó en el asiento ?Me estás vigilando ?gritó Echeverría? Y te lo advierto, no me provoques ?Tratamos de hacer unas entrevistas nada más, eso no es una provocación Somos periodistas ?Si quieres saber lo del premio Nobel ven a preguntármelo a mí y te doy toda la información Yo no intrigué con nadie, qué tontería Fueron muchas las organizaciones que me propusieron, yo no sabía nada, ni siquiera de esa madre Teresa Hay cartas, te las puedo enseñar, son muchas No tienen por qué andar inventando intrigas ?No estoy inventando nada ?dijo Julio Echeverría había bajado el tono Intentaba recobrar la serenidad y por medio de la ironía situarse por encima del periodista ?No me afectan tus provocaciones, Julio, no me llegan ?quiso sonreír pero de su boca salió un ruido ronco ?Yo ya estoy fuera, déjame tranquilo y no me provoques porque no te lo voy a permitir ?enfatizó? Ya es tiempo de que nos olvidemos uno del otro, ¿no te parece? ?Tú te puedes olvidar de mí pero yo no ?dijo Julio?, porque aunque ya no seas presidente sigues siendo un hombre público y todo lo que haces es importante, periodístico Yo soy periodista ?repitió Miré a Bracamontes En su azoro reconocí mi propia incomodidad Era claro que Echeverría trataba de sacar de quicio a Julio Scherer, pero Scherer no parecía dispuesto a caer en la trampa Luchaba al contragolpe Fue Echeverría quien tocó el tema de Excélsior Volvió a hablar de la ingratitud de Julio después de que él ayudó tanto al periódico, de los ataques continuos que recibía en el diario; repitió sus quejas a las acusaciones de la prensa extranjera después del golpe ?No hay derecho ?dijo Echeverría? Tú perdiste Excélsior porque perdiste el contacto con la base Y eso está muy claro en la crónica que usted escribió ?me señaló a mí ?El golpe no fue un problema interno, Luis, tú lo sabes ?Perdiste contacto con la base El ex presidente sonreía Julio Scherer se exaltó: ?¿Y la invasión del fraccionamiento? ¿Y la campaña de difamaciones? ¿Y el dinero que corrió dentro de la cooperativa? ¿Y los porros en la asamblea? ¿Y las amenazas últimas? ?Yo ni siquiera conozco a ése que está dirigiendo ahora el periódico ?dijo Echeverría, como si no escuchara a Julio?, ¿cómo se llama?, ese muchacho, ¿cómo se llama?? ¿Regino? ?Regino decía que lo conocías muy bien ?Eres un soberbio, Julio ?exclamó el ex presidente y miró con fijeza al periodista? Nunca pensé que fueras capaz de odiar tanto, tanto Odias a todo mundo Sólo vives para odiar y seguirás odiando y odiando hasta el día de tu muerte Julio oprimió los labios y achicó los ojos Intervine por única vez: ?No, licenciado, yo creo que una persona que no se dio por vencida y que siguió trabajando no tiene tiempo para odiar 1978 Cuando publiqué Los periodistas, más de un crítico literario impugnó que yo hiciera de mi protagonista Julio Scherer García un "héroe sin fisuras", "el hombre entero en las más escabrosas circunstancias" Pensé que en sus novelas de aventuras algo semejante habían hecho Alejandro Dumas con D?Artagnan, Victor Hugo con Jean Valjean, Julio Verne con Miguel Strogoff, Emilio Salgari con Sandokan? y nadie puso jamás el grito en el cielo ¿Era eso un defecto literario? 1979 ?¿Sabes en qué somos diferentes tú y yo? ?me dijo Julio ?En que tú le vas a los Yanquis y yo los detesto ?No ?En que tú nadas todos los días y yo me ahogo en una alberca ?Hablo de periodismo ?se enfadó Julio ?¿En qué? ?En que si tuviéramos enfrente a Picasso, tú te pondrías a ver sus cuadros y yo le haría una entrevista () 1981 A Julio le gustaba reconocer en público que sin su secretaria Elena Guerra, Elenita, Helen, se sentía como hormiga descabezada Ella trabajaba para él desde que lo nombraron director de Excélsior, y desde entonces, en Excélsior y en Proceso, le sorteaba llamadas inoportunas, le desviaba latosos, le leía el pensamiento, le cumplía quehaceres simultáneos, le conseguía imposibles? Estando Elenita Guerra de vacaciones, mi secretaria se trasladó al cubículo contiguo al despacho del director para cumplir con las obligaciones diarias de Helen De pronto, a media mañana, mi secretaria se me apareció con cara de papel y agitando las manos como si las trajera mojadas ?Ayúdeme, don Vicente, don Julio está furioso conmigo Me dice y me dice y no puedo comunicarlo con un señor que no sé, que no está en el directorio de Helen, que sepa Dios dónde trabaja ?Qué señor ?¿Usted sabe quién es Felipe González? ?El presidente del gobierno español ?¿El presidente español? ?parecía que iba a llorar? Y cómo le hago, don Vicente, cómo le hago Al otro día me dijo Julio: ?Carajo, Vicente, tu secretaria es una inútil Yo que tú la cortaba () 1981-1993 Julio ha sabido combinar siempre el aceite con el agua Ser al mismo tiempo amigo entrañable de Gabriel García Márquez y amigo entrañable de Octavio Paz, aunque se tiene la impresión de que la veta periodística lo empató más con el Gabo Con Paz, Julio enfrentaba el reto de exprimir lo mejor de su personal inteligencia para ponerse al nivel intelectual top Y lo conseguía, de manera sorprendente Una tarde los oí y los miré estupefacto conversar hora y media sobre nuestro adolorido país Julio me había llevado a Río Lerma a visitar al pontífice porque don Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación en ese entonces, quería conocer en persona a Octavio Paz, y por tal razón lo invitaba por intermediación de Julio a una comida que resultó espectacular Paz llegó al comedor de la secretaría acompañado por sus cardenales in pectore: Enrique Krauze y Gabriel Zaid Julio fue con Miguel López Azuara y conmigo, que de mirones lo hacíamos muy bien al lado del peón del rey de don Chucho: Ernesto Álvarez Nolasco Inolvidable tarde de Chateneuf du Pape y de rosbif inglés Ante nosotros estalló la pirotecnia del talento, el duelo del ingenio y del retruécano, la erudición de citas y la invención al canto de aforismos Se revisó la historia de México desde Mariano Otero, el consentido de Reyes Heroles ("Hay que aprender a lavarse las manos en agua sucia"), hasta la cabeza de Obregón cayendo sobre el plato de mole en La Bombilla Nueve años después Octavio Paz recibió el Nobel de Literatura y durante meses y meses Julio estuvo tramando una entrevista total, algo así como el testamento del poeta Como se trataba de un duelo de grandes dimensiones, Paz eligió las armas: la entrevista por escrito y las preguntas de Scherer por anticipado Aunque los padrinos de Julio le encendimos focos rojos, el director de Proceso aceptó las reglas y se dio a la tarea de preparar un cuestionario que inquiría lo mismo sobre el régimen de Carlos Salinas de Gortari y la imposible democracia, que sobre las recientes crisis del país y el balance del pensamiento paciano Tardó en formularlo, en corregirlo, en retocarlo, hasta que al fin estuvo listo Era un texto a zancadas que valía por sí mismo ?opinó Enrique Maza?, digno de retar con él el talento del Nobel Recordaba una verdad periodística primaria: para conseguir respuestas geniales hay que formular preguntas geniales De esquina a esquina: Julio Scherer-Octavio Paz En el periodismo mexicano de 1993 no podía darse un binomio mejor Pero ocurrió que Octavio Paz se arrepintió del juego e incumplió las reglas planteadas por él mismo Tomó y respondió las preguntas de Scherer que le parecieron bien, a modo; desechó las que le parecieron incómodas o fuera de su gusto, y puso en boca de su entrevistador preguntas que el propio Paz se formulaba tramposamente a sí mismo En una palabra: trató al director de Proceso como a un entrevistador principiante ?No se vale, Julio Él será muy Nobel o muy chingón o lo que tú quieras, pero eso no se hace Yo por mí lo mandaba al diablo y no publicaba nada Se acabó Desde luego, Julio no me hizo caso Reconocía, como reconocíamos todos, que los razonamientos de Paz a lo largo de "la entrevista" conformaban un texto interesante, muy valioso Pero un texto en el que él brillaba solo Al fin de cuentas eso es lo que Octavio Paz buscó y consiguió a lo largo de su vida Brillar solo Ser el foco único de su propia galaxia 1988 ?No me diga que Proceso es objetivo, Vicente, eso no se lo cree ni usted Si a veces parecen panistas Se la pasan criticando al gobierno sin ton ni son Ahí están los cartones de Naranjo ?Julio no tiene nada que ver con los cartones de Naranjo, licenciado Hable usted con Naranjo ?Julio es el responsable ?No todo lo que se publica en Proceso lo revisa Julio ?Pero él es el director ¿Sí o no? ?Sí lo es, licenciado, claro ?Y como director es el responsable de todo lo que se publica, ¿sí o no? ?Sí, licenciado, es el responsable ?Ahí tiene ?Por eso le digo que hable con él, licenciado Estábamos sentados en una banca, a pleno sol, en una especie de terraza enladrillada que se adelantaba hacia el jardín El candidato me había invitado a que nos quitáramos el saco y bebiéramos ya una segunda ronda de refrescos Salinas mojó sus labios en la coca cola con mucho hielo cuando me atreví: ?¿Le puedo decir algo, licenciado? ?Dígame lo que quiera, Vicente, para eso le pedí que viniera: para que usted hable, para que me diga lo que piensa Yo lo escucho, me interesa mucho oírlo ?El único interlocutor de Julio es usted, licenciado, véalo, de veras Para que usted le diga esto que piensa de Proceso: que es muy radical, que no hacemos un periodismo objetivo, que parecemos panistas, todo eso Él tiene mejores respuestas que las mías ?Ya le dije que con Julio no se puede Proceso solamente se interesa por el gobierno para criticarlo ?También nos tienen marginados, licenciado ?Cuál marginados Publican lo que quieren Nadie los censura ?Quiero decir? informativamente Nos impugnan como una revista de primera y nos tratan como Quehacer Político ?Eso no es cierto ?No hay reporteros de Proceso acreditados en su campaña, licenciado Y así no se puede cubrir bien la información ?Ninguna revista está acreditada ?Porque piensan que todas las revistas son como Siempre! o Quehacer Político Y no es cierto Nosotros tenemos tanto derecho a la información como cualquier periódico Un breve silencio ?En eso tiene razón, Vicente Vamos a ver cómo lo resolvemos Salinas se puso de pie Dejamos los vasos de refresco no sé dónde y él me tomó del codo para que camináramos nuevamente bordeando el jardín Me sentía más suelto, más confiado, todavía nervioso pero mejor A diferencia de otros presidentes que conocí tangencialmente ?López Portillo, De la Madrid??, Salinas candidato se antojaba más dispuesto a conversar, a oír Sin duda era más inteligente y más enérgico que sus inmediatos antecesores, pero sus cuarenta años de edad le daban un aire juvenil que lo aproximaba a la charla con cualquiera Volvió a la carga contra Proceso, ése era el tema: es criticón, es negro, es exagerado Y recargó las tintas sobre Julio Scherer: ésa era su obsesión: Julio es el culpable ?Si un marciano llegara a México y en un primer momento sólo leyera Proceso se llevaría una impresión tremenda y totalmente equivocada de lo que es nuestra realidad ?remató Salinas ?Pero bastaría con que encendiera la televisión ?le respondí rápido, me vi bien? para que de inmediato sintiera que todo es bonito (?) () 1990 Durante una larga temporada Julio visitó todos los jueves por la tarde a don Alejandro Gómez Arias, el que fuera célebre activista del vasconcelismo, el novio juvenil de Frida Kahlo, el intelectual de izquierda Estaba viejo, rebasaba ya los ochenta años Gómez Arias se ponía a conversar con Julio de las azaleas y las buganvillas de su jardín, pero también de política, por supuesto: del insípido Miguel de la Madrid, de las carambolas de Salinas, qué sé yo Una tarde, Julio regresó triste de su visita semanal a Gómez Arias ?¿Cómo está Gómez Arias? ?Del cuerpo ahí va, se defiende, pero ya le tronó la neurona Se le van las ideas, dice cosas incoherentes, desconoce a todo mundo Ya no voy a seguir viéndolo ?Qué lástima Julio me agarró del brazo; estaba conmocionado de veras por lo que parecía el alzheimer de Gómez Arias ?Te voy a pedir una cosa, Vicente Nada más aquí en confianza y a ti, porque los demás no me van a hacer caso Pero tienes que jurármelo ?me soltó el brazo? Cuando veas que me empieza a fallar la memoria, al primer indicio, a la primera pendejada que suelte, dímelo así nomás con toda franqueza, de frente, sin miedo: Ya estás pelas, aguas Dímelo para irme de Proceso, y ya ?No hace falta, Julio, carajo Quedamos en irnos cuando cumplamos veinte años en la revista, ¿qué no? Falta poco No recuerdo bien cuándo y cómo sellamos el pacto, quién lo sugirió El caso fue que durante los tragos de una comida, Julio, Enrique Maza y yo acordamos retirarnos de Proceso antes de que nos venciera la vejez Dejarles a buen tiempo el campo libre a los compañeros que venían detrás Lo cumplimos El 6 de julio de 1996 dijimos adiós al trabajo reporteril y renunciamos a nuestros cargos directivos ?Qué pronto se hace tarde ?le comenté a Julio, y le comenté a Enrique Maza la noche del adiós usando la frase de Fernando Savater que yo le había puesto de título a una obra de teatro 1998 Una noche aciaga, Julio sufrió el secuestro express de su hijo Julio Scherer Ibarra Eran las tres de la madrugada y en el lapso de una hora cuanto más debería entregar doscientos mil pesos cash Ansioso y desesperado se puso a llamar a todo el mundo por teléfono, pero a las tres de la madrugada nadie tenía en su casa doscientos mil pesos cash Despertó a Juan Sánchez Navarro: no tenía cash Despertó a Carlos Slim: tampoco, aunque Carlos Slim, despabilándose, le dijo: "Espérame tantito", y rascando cajones ?supongo?, con billetes chicos y con billetes grandes, con dólares, con centenarios, reunió afortunadamente la cantidad y se la envió volando en una bolsa de plástico, como de mandado Julio resolvió el problema del secuestro express Mil gracias, Carlos Pagó la cantidad a los pillos y luego le pagó a Carlos Slim, que se resistía: "No hombre, Julio, caray" ?Ni me digas, Carlos, un préstamo es un préstamo Aquí está ()

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