Flores: "Pasajero de sombras"

lunes, 15 de diciembre de 2008 · 01:00
Calamus
Más allá de las continuas mutaciones y discontinuidades en el oficio contemporáneo de la poesía, hay autores que permanecen fieles a un lenguaje y, sobre todo, a una aspiración poética: Miguel Ángel Flores es un hombre de variadas disciplinas y competencias que ha ejercido la docencia económica, el periodismo o la diplomacia, pero que responde fundamentalmente a dos vocaciones interconectadas: la traducción y la escritura de poesía Como traductor, Flores ha abrevado en el parnaso poético de distintos idiomas y ha forjado relaciones con autores poderosos y disímbolos que van desde Paul Claudel, Wallace Stevens y Vladimir Holan, hasta Fernando Pessoa, de quien ha vertido al español su poesía completa Como poeta, Flores tiene el entrañable modelo de los grandes temperamentos que traduce y su propia obra aspira a una serena intensidad y a un tono clásico Ya desde Contrasuberna (Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes), se asomaba un autor que buscaba indagar en los temas imperecederos de la lírica que buscaba contrastar su experiencia de vida con un oficio poético, en el que se combinaban la musicalidad y la densidad simbólica, donde se dialogaba de manera, a la vez docta y espontánea, con el pasado Y ahora, en este nuevo libro, Pasajero de sombras (Calamus, 2007), misceláneo pero compacto en su búsqueda, es posible encontrar otra vez a ese poeta empeñado en acompasar sus sentimientos de goce y nostalgia, sus percepciones de fugacidad y desconsuelo, al molde de la gran tradición de Occidente En particular en esta reunión de poemas, Flores maneja un estilo poético límpido, con imágenes precisas y adjetivos justos El tema del libro podría ser el viaje, ya sea la remembranza de viajes verdaderos; ya sean los vestigios de paisajes soñados; ya sean las incursiones en los territorios de sueño y pesadilla de otros artistas (particularmente la sección dedicada a pintores) o ya sea el propio desplazamiento interior En sus imágenes se percibe la fidelidad a un simbolismo forjado en el largo diálogo (ese diálogo carnal que es la traducción) con la tradición De hecho, en este libro Flores despliega una imaginación poética predominantemente visual (que quizá resulte redundante en el caso de la referencia a ciertos pintores) que se expresa en un lenguaje poético depurado, a veces lujosamente hermético, a veces desnudamente transparente Por eso, a ratos puede percibirse un eco surrealista que resuena enérgico; un mundo de símbolos y visiones que no brindan la mínima concesión a la cotidianeidad; a ratos, al contrario, una mirada zen hacia el paisaje, un tranquilo apercibimiento del instante, una sensación de paz en lo viviente, que proviene del hai-kú Toda devoción por una tradición tiene sus riesgos y, en ocasiones, hay una fe en ciertos arquetipos poéticos que conlleva el peligro de que estos se reproduzcan sin matices o resulten mermados en su poder poético Con todo, las imágenes afortunadas, las ráfagas de aturdimiento o revelación, los muchos momentos en que las imágenes sacuden casi físicamente, como esa "gota de sal que ciega el ojo de la historia", hacen que valga la pena el riesgo de, sin ser confesional, enlazar vida y poema en el delicado equilibrio de la emoción y la forma l

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