Las causas del subdesarrollo

lunes, 13 de diciembre de 2010

El pasado 6 de julio murió Ramón Eduardo Ruiz en Rancho Santa Fe, California. Hijo de inmigrantes mexicanos, nació en San Diego el año de 1921. Obtuvo el grado de doctor en la Universidad de Berkeley y su campo de trabajo fue la investigación sobre la historia mexicana.

Escribió más de una decena de libros, entre los que destacan La revolución mexicana y el movimiento obrero 1911-1923, La gran rebelión: México 1905-1924, The People Of Sonora And Yankee Capitalists, y Triumphs And Tragedy: A History Of The Mexican People.

En sus investigaciones siempre se caracterizó por la precisión y la búsqueda incesante de las causas de la rebeldía popular, así como de la intolerancia y prepotencia de las clases dominantes. Lamentablemente, la mayoría de sus libros permanecen inéditos en español. Sin embargo, en estos días apareció: México. ¿Por qué unos cuantos son ricos y la población es pobre?, traducido por Enrique Mercado ( Océano. México, 2010. 206 p.).

En este libro, Ramón Eduardo Ruiz hace un repaso de la historia de México desde la Colonia hasta nuestros días y establece la economía como el eje de su reflexión, aunque incluye apuntes someros sobre cultura y política. Desde los inicios, aquella estuvo condicionada por el exterior, lo que deformó la estructura productiva al orientarla a la exportación de materias primas. El sesgo estimuló la compra de bienes manufacturados y restringió la formación de una industria. Frente a esto el Estado promovió la inversión extranjera como una estrategia para diversificar la producción, así como mantuvo contenidos los salarios.

La política orientada al exterior permaneció con algunas variantes desde la Reforma hasta el momento actual, con excepción de los años cuarenta. Durante la Segunda Guerra Mundial se crearon las condiciones para un desarrollo diferente al reducir la presencia de capital extranjero y bienes importados, lo que obligó al Estado a fomentar la industria vía su participación directa, al reducir impuestos y crear infraestructura… Los impulsos alentaron un mercado, a causa del aumento del empleo y de la existencia de una demanda de bienes que no se podían importar, lo que estimuló la participación de empresarios nacionales. No obstante, la avidez de la burguesía la llevó a crear bienes suntuarios y corrientes, así como a pagar raquíticos jornales. Cuando terminó el conflicto, los productos nacionales no pudieron competir con los extranjeros en alta calidad y bajo precio.

Frente a esto, el Estado volvió a estimular la inversión exterior y recurrió mayormente a la deuda externa, así como impuso aranceles a productos foráneos, condonó impuestos y mantuvo bajos los salarios para diversificar la industria y alentar a los capitalistas nacionales. Las intenciones se lograron limitadamente porque las ganancias fueron exportadas a las metrópolis, y los negocios nativos disminuyeron debido a la competencia con bienes extranjeros. Sin embargo, los empresarios que permanecieron obtuvieron altas ganancias por la protección, así como debido a la alianza con el capital foráneo. A su vez, la mayoría de la población continuó en la pobreza por las altas tasas de desempleo y los bajos sueldos.

De este modo, para el historiador la dependencia del extranjero y la debilidad del mercado interno, por los bajos salarios, explican el subdesarrollo y la pobreza en México.

Las tesis anteriores son algunas de las que Ramón Eduardo Ruiz sustenta en este libro, a través de una revisión detallada de la historia de México, y las demuestra con datos, cifras, hechos… a lo largo de 10 capítulos y un epílogo. Su trabajo constituye una síntesis de la amplia reflexión que hizo a lo largo de toda su obra.

(*) Este texto se publica en la edición 1780 de la revista Proceso, ya en circulación.

 

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