Duelo

lunes, 8 de marzo de 2010

Uno de los sucesos más inquietantes para todo ser humano es la muerte de los padres. Desde el nacimiento el hombre es protegido por el afecto paternal y aprende a mirar y comprender el mundo a través del lenguaje que se le enseña. Los progenitores son el referente significativo que le da sentido a la existencia y el entorno, su deceso representa una pérdida que lo obliga a una reconstitución de sentimientos y percepciones para poder continuar con la vida. El proceso de reparación se le conoce como duelo y lleva a la aceptación de la pérdida. Sobre ese trance escribe Rafael Pérez Gay: Nos acompañan los muertos (Ed. Planeta. Col. Autores Españoles e Iberoamericanos; México, 2009. 199 p.).

La novela trata sobre los últimos años de los padres del autor, aunque hay referencias a otros momentos como la infancia y juventud de los ascendientes e hijos. José María y Alicia alcanzan la vejez y comienzan a perder ciertas capacidades. Es entonces que tienen que recurrir al apoyo de los hijos para poder realizar algunas actividades. Luego aparecen las enfermedades que los abaten hasta que inevitablemente asoma la muerte y el dolor por su deceso. La historia ocurre en 2006 y Pérez Gay incorpora hechos ocurridos en el país y la ciudad.

Una de las maneras de realizar el duelo por la pérdida es la memoria. A través de ella se recrea lo vivido y el hombre recupera en parte lo olvidado. La experiencia le permite constatar la fuerza del recuerdo como medio para restituir a los seres ausentes. También paradójicamente admitir la desaparición física, ya que la evocación marca la ausencia que lleva a la aceptación del fallecimiento.

Además, la invocación reduce en el vivo el miedo a la muerte, porque la presenta como algo natural, y no como ese episodio insólito y ajeno que la civilización trata de imponer en los hombres, para que acepten las situaciones oprobiosas. La conciencia de la muerte impulsa a la libertad porque el sujeto, al conocer los límites de la existencia, sabe que ésta es irrepetible, por lo que busca realizar lo que desea sin importar prohibiciones o condenas. A su vez rechaza esa idea de otras vidas en donde se podrá alcanzar lo anhelado y que producen una aceptación funesta de lo establecido.

En Nos acompañan los muertos Rafael Pérez Gay ha logrado escribir un texto equilibrado al evitar caer en el sentimentalismo fácil que lleva el tema tratado. También hablar de otros asuntos sin opacar la trama gracias a una inteligente destreza narrativa.

Asimismo las remembranzas destacan la manera de existir y cómo los viejos se dan cuenta de la cercanía del final y buscan aceptarlo con cierta dignidad. 

 

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