Confuso desencanto

lunes, 17 de mayo de 2010

La reflexión sobre la política en México es limitada y en muchos casos la han utilizado los hombres del poder para denostar a los enemigos y justificar sus acciones. No obstante, existen análisis serios que cuestionan a ciertos actores, permiten dilucidar la trama de intereses que los mueven y proponen alternativas que hagan de la política un espacio de respeto y diversidad. Dentro de esta tendencia se encuentra el libro de José Woldenberg titulado: El desencanto (Cal y Arena; México, 2010, 377 p.).

El volumen cuenta la historia de Manuel, un hombre de izquierda en los últimos 35 años. Inicia con su participación en la creación del sindicato de profesores de la UNAM y la búsqueda de contactos con otros gremios. Luego colabora en la organización de un movimiento de masas en 1981 y participa en el cuestionamiento a las posiciones estudiantiles (CEU). Posteriormente interviene en la unificación de la izquierda en un solo partido. Después se integra al aparato estatal y desde el IFE coopera en los cambios electorales que llevan a una mayor pluralidad. Por último, se desencanta por el resurgimiento de la violencia encabezada por el EZLN y la actitud del PRD y su candidato presidencial frente a los resultados electorales de 2006, al rechazarlos recurriendo a la mentira y a explicaciones fantasiosas. En este recorrido lo acompañan las reflexiones que hace sobre escritores de izquierda decepcionados como Arthur Koestler, Howard Fast, André Gide, Ignacio Silote, George Orwell, José Revueltas y Víctor Serge.

El desencanto es un híbrido entre la novela, la memoria, el ensayo y la reseña, en el que José Woldenberg presenta el desarrollo de su posición. En un primer momento opta por la vía del sindicalismo. La necesidad de organizar a los trabajadores es primordial para presionar a las empresas y al Estado, con la intención de lograr mejores salarios, cambios en la ley y ampliar los espacios de participación política. Después pasa a otro nivel de lucha para crear un partido político que unifique a la izquierda. El propósito es lograr una presencia en las cámaras para incidir en el proyecto político de la nación que favorezca a las mayorías. Luego tiene la oportunidad de colaborar en le IFE, donde impulsa una serie de cambios para regular la competencia política entre partidos y dar credibilidad a los procesos electorales. La esencia que lo anima es reformar las organizaciones e instituciones para que se reconozca la diversidad política.

Sin embargo, el desencanto ocurre porque los cambios impulsados no generan una cultura plural en la izquierda. Las acciones que ésta realiza, dentro del “marco democrático” establecido están inspiradas en la prepotencia, el autoritarismo, la mentira y la intolerancia. Las consecuencias son partidos y organizaciones oportunistas que buscan el poder para mantener sus privilegios, dirigidas por líderes carismáticos, cuya intención es impedir el surgimiento de grupos plurales en los que puedan expresarse variadas actitudes.

El desencanto es una ponderación limitada y embrollada que realiza Woldenberg sobre la izquierda mexicana porque la aborda desde una posición reformista, y hace a un lado otras posturas, que sin duda tienen sus razones para cuestionar la vía electoral, sindical o partidaria como sendas para dirimir las diferencias. El sesgo mencionado es más un pastiche de estilos que confunde al lector. Sería deseable que en futuras obras Woldenberg utilice una sola manera, que le dará mayor claridad a sus ideas e invitará a una discusión directa. A pesar de lo anterior, el texto nombra los errores cometidos y los fracasos, pero también los logros que se han traducido en una sociedad más plural y crítica.

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