La perversión de la utopía

lunes, 24 de mayo de 2010

Comenta Leonardo Padura (La Habana, Cuba. 1955) que la semilla de su más reciente novela, El hombre que amaba a los perros (Tusquets Editores. Col. Andanzas No. 700; México, 2010. 570 p.), surgió cuando visitó la casa en que vivió y fue asesinado León Trotski en Coyoacán. Para el escritor cubano ésta era “… un monumento a la zozobra, el miedo y la victoria del odio” que le permitió “reflexionar sobre la perversión de la gran utopía del siglo XX, ese proceso en el que muchos invirtieron sus esperanzas y tantos hemos perdido sueños, años y hasta sangre y vida.”

La narración relata de manera pormenorizada el asesinato de Trotski. Inicia cuando Iván, un cubano, conoce a Ramón Mercader en la isla y establecen una amistad. Con el tiempo el segundo decide revelarle sus secretos: que asesinó a Trotski por orden de Stalin, fue preparado por la policía secreta rusa y la manera en que perpetró el homicidio. Las increíbles revelaciones lo llevan a escribirlas para dejar un testimonio de lo que ocurrió. La historia se alterna con la vida del caribeño bajo “el régimen socialista” de Fidel Castro, donde sufre hambre y marginación.

En las reflexiones de Padura, la Unión Soviética constituyó la gran esperanza para muchos, porque representaba el triunfo de los ofendidos y el inicio de la construcción de una sociedad diferente, en la que privaría la libertad, la equidad y la pluralidad. Sin embargo, las ambiciones de poder y riqueza corrompieron el proyecto desde el inicio. Al morir Lenin, la perversión aumentó y se desató una lucha por el mando, que ganó Stalin, por medio de la eliminación de sus oponentes o la expulsión de la URSS. El afán de acrecentar ese poderío llevó a perseguir y acusar a todo sospechoso de disidencia y calificarlo de anarquista o trotskista. Así se sembró el miedo entre la población y conformó una forma de gobierno que descansaba en la delación, la vigilancia, el castigo y la eliminación.

La falta de una posición crítica, la ingenuidad, el contubernio e identificación con los comunistas en el poder provocaron la aceptación de la arbitrariedad y el asesinato por parte de la izquierda. La justificación a la que recurrieron identificó a los antagonistas como burgueses y enemigos del proletariado que buscaban destruir a la sociedad socialista. Ante las intimidaciones había que aniquilar al enemigo sin ningún tipo de piedad. La patraña causó más de 20 millones de víctimas. El encubrimiento de esos terribles hechos llevan a destacar a aquellos hombres que mantuvieron una postura ética de defender la libertad y denunciaron la ignominia como George Orwell, Arthur Koestler, André Gide, Víctor Serge, José Revueltas, Octavio Paz…

El hombre que amaba a los perros es una excelente novela, en la cual destaca el trabajo de investigación serio de Padura y el desarrollo de una estrategia narrativa fascinante. No obstante, el final de la trama falla, por el tipo de elección que realiza el protagonista Iván, y confunde al lector.

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