Mujeres como árboles

domingo, 2 de enero de 2011 · 01:00

Cuando en 2003, Carlos Montemayor presentaba su libro Las armas del alba, en Ciudad Juárez, una de las asistentes cuestionó la ausencia de mujeres en la novela. El escritor respondió que la historia trataba sobre el asalto al cuartel de Ciudad Madera realizado por guerrilleros el 23 de septiembre de 1965. Sin embargo, estimó que el papel de las mujeres había sido muy importante y que se comprometía a escribir otro libro dedicado a ellas.

Montemayor inició el proyecto meses después, y a través de entrevistar a las madres, hermanas, esposas, hijas y amigas de los luchadores, obtuvo la información necesaria para escribir Las mujeres del alba (Mondadori, México, 2010, 217 p.), novela a la que dedicó los últimos meses de su vida. El 11 de enero de 2010 entregó al editor la versión final corregida y falleció el 28 de febrero.

Los testimonios femeninos en Mujeres del alba complementan lo sucedido después del ataque al cuartel, desde una perspectiva externa y no política. Las voces se entretejen y recuerdan a los coros del teatro griego que resumen y reflexionan sobre los sucesos ocurridos a los subversivos, para destacar su valor y la validez de las causas por las que peleaban.

En esta novela Montemayor muestra, efectivamente, la importancia que tuvieron las mujeres. Para alterar el orden, el rebelde necesita no sólo la convicción, sino también el apoyo afectivo. El soporte se traduce en complicidad con las acciones y afecto, lo que le da seguridad, porque se tiene que romper con mucha gente y efectuar actos condenables desde la perspectiva de la moral dominante. Así, las mujeres se vuelven parte de la lucha con su silencio, simpatía, solidaridad y cuidado.

Además, esa base le da al insurrecto la tranquilidad de que sus seres queridos no quedarán desprotegidos y de que él será amparado en la cárcel o en la muerte. Así lo dice uno de los protagonistas a su esposa: “…usted es un árbol muy valioso para mí. Sus ramas protegen, sus hojas curan, su sombra es provechosa. Le agradezco su fuerza para seguir aquí conmigo, con sus raíces firmes, sin abandonar a ninguno de los que somos suyos”.

Las mujeres del alba cumplió con el compromiso de Carlos Montemayor de dar, una vez más, voz a los silenciados. La historia es presentada con relatos dignos y una prosa intencionalmente clara que conmueve y provoca simpatía. Como lo escribió el autor en su poema Siempre…: “Para todas las cosas hay palabras claras/ Aun para lo oscuro hay palabras luminosas/ Aun para nosotros, que somos oscuros”.

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