Sin máscaras

lunes, 26 de septiembre de 2011
Niccoló Ammaniti (Roma, 1960) es uno de los escritores mejor estimados en Italia. La predilección del público lector responde a su estilo desenfadado e irónicas tramas. Ha escrito varias narraciones traducidas a 44 idiomas, entre las que destacan Te llevaré conmigo (1999), No tengo miedo (2001), Como Dios manda (2006) y Yo y tú (2010). Ahora aparece en español Que empiece la fiesta (Anagrama. Col. Panorama de narrativas No. 777; México, 2011. 326 p.). La novela trata sobre un convite organizado por un multimillonario mafioso, Sasá Chianti, en un parque que compró en Roma. Invita a políticos, empresarios, deportistas, actores, modelos e intelectuales. La intención  es realizar un acontecimiento inolvidable para mostrar su poder de convocatoria, por lo que prepara comidas exóticas, conciertos, espectáculos pirotécnicos… así como despliega, en su vasto terreno, una cacería de zorros y tigres, regulada por expertos. Esa fiesta es cubierta por la televisión, la radio y la prensa. Tal reunión de múltiples celebridades lleva a que los miembros de una secta satánica integrada por cuatro miembros, llamada las Bestias de Abadón, decidan realizar un atentado. Así, se contratan como camareros, y ya en el parque comienzan sus tropelías destrozando la estación de luz. El hecho sume en la oscuridad al bosque, estropea los servicios del lugar y desquicia a las personas. El caos se extiende y ocurren los actos más inverosímiles, disparatados y terribles. La narración está hecha en tercera persona e incluye los comentarios del literato Fabricio Ciba sobre lo que ocurre y acerca de los diferentes personajes de la “clase alta y bonita”. También incorpora diálogos y opiniones de varios protagonistas,  lo  que  aporta una perspectiva testimonial. Para Ammaniti los famosos son una farsa. Para mantener su dominio organizan actos en los que exhiben sus posesiones y actúan con prepotencia. Las ideas que transmiten son las de fuerza, control y arrogancia. La supremacía mostrada provoca en los más un temor porque entienden que tienen la fuerza para reprimir, por lo que se someten. Sin embargo, cuando el contexto se altera, los actores pierden el vigor y muestran su verdadero rostro: hombres comunes con miedos y ambiciones desmedidas, que les impiden actuar de manera solidaria. La hostilidad produce situaciones cómicas, siniestras, fatídicas. Ante esta debilidad los sencillos responden con el asombro y luego con fraternidad para evitar los desastres. También se percatan de la ineficiencia del poder, por la falta de capacidad para accionarlo, de los señores del dinero y la política que, ante la más mínima catástrofe, se aterran, abandonan y escapan. En Que empiece la fiesta Ammaniti ha escrito una historia exagerada y recurre al dislate, la ocurrencia y la ironía para hacer caer las máscaras, mostrar los rostros de los poderosos y provocar momentos tanto hilarantes como tristes. El retrato logrado se acerca a las conocidas fiestas de Berlusconi en la Italia contemporánea.

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