Falta de intensidad

lunes, 23 de abril de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- En 2007 el Grupo Editorial Planeta creó el Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa. El primer ganador fue el argentino Pablo de Santis con El enigma de París, lo han recibido también los chilenos Jorge Edwards (La casa de Dostoievsky, 2008), y Antonio Skármeta (Los días del arcoíris, 2011), así como la colombiana Ángela Becerra (Ella, que todo lo tuvo, 2009). Este año recayó en la novela de Jorge Volpi: La tejedora de sombras (Planeta. Col. Autores Españoles e Iberoamericanos; México, 2012. 265 p.). La novela trata sobre las relaciones pasionales entre la dibujante Christiana Morgan y el psicólogo Henry Murray. La anécdota está inspirada en hechos reales que no excluyen la recreación imaginaria. Ella es una mujer casada, que cuando lo conoce queda prendada y decide establecer una relación amorosa. Murray, desposado, acepta el amorío y le propone analizarse con Carl Gustav Jung. Con éste aflora el inconsciente de Christiana y descubre su deseo de establecer una unión libre. Las ansias la llevan a experimentar con su pareja, y el consentimiento de sus respectivos cónyuges, lo que llaman la “díada” (trato entre dos), en donde a través de rituales llegan a tener una intimidad extrema, e inclusive construyen una torre para sus ritos. En esos roces Christiana es el personaje activo que pretende la liberación moral de Murray. Sin embargo, el trabajo, el prestigio, el egoísmo disminuyen en él la intensidad y opta por una existencia fatua. En tanto que ella intenta satisfacer sus deseos con otras personas y sustancias. En La tejedora de sombras Volpi presenta las dificultades de llegar al amor libre. Para que éste se cumpla los amantes tienen que desearlo y superar los valores que limitan su realización como el egoísmo, la codicia, la avidez, la suspicacia… La pasión exige de una amoralidad para realizar todo tipo de actos y sentir múltiples sentimientos sádicos, masoquistas, salvajes, crueles, bárbaros. Cuando interviene la moral el sujeto frena sus sensaciones y las desvía a la obtención de satisfactores comunes, como le sucedió a Murray. El distanciamiento que esto provocó en la pareja orilló a Christiana a la soledad y al autoerotismo. La tejedora de sombras se basa en una investigación erudita, en donde Volpi recupera dibujos y notas de Christiana, así como su diario personal en donde narra las sesiones que tuvo con Jung. Sin embargo, a pesar de la información recopilada y lo intenso de la trama el autor no logra transmitir el ímpetu de la pulsión sexual transgresora de Christiana Morgan.

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