El fraude republicano

lunes, 10 de octubre de 2016
WASHINGTON (apro).- Vulgar, misógino, prepotente, racista y narcisista, son cinco adjetivos que de manera natural vienen a la mente para describir a Donald Trump. Y le pueden quedar otros más, pero el de presidenciable, plena y llanamente no le embona. Escribo esto horas antes de que se realice el segundo debate entre Trump y Hillary Rodham Clinton, porque considero que ya está de más. El candidato presidencial de los republicanos es un fraude, y dentro de un mes los estadunidenses elegirán a la primera mujer como titular de su poder ejecutivo. La revelación que hizo la semana pasada el periódico The Washington Post de la video grabación en la que se escucha a Trump hablar de las mujeres como un objeto sexual, fue la gota que derramó el vaso entre el llamado “stablishment” republicano. Como en estampida, políticos de casta en el Partido Republicano le retiraron el apoyo que habían dado a la candidatura de Trump. El senador John McCain, legislador federal por Arizona y excandidato presidencial de su partido, fue el primero en rechazar a Trump y, como en hilera de dominó, le han seguido otros y otras. “Como las olas, crecen los llamados en el Partido Republicano para que Trump se retire de la contienda”, tituló su nota de ocho columnas el Washington Post la mañana del domingo, día del segundo debate presidencial. El titular de la nota del influyente rotativo de la capital estadunidense parecía el epitafio en la lápida de la tumba del abanderado presidencial de los republicanos. No hizo falta una bola de cristal para pronosticar la victoria de Clinton en el segundo debate, ni en las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre. Trump no salió bien librado (esto lo escribo sin ser vidente) al discutir los comentarios que hizo sobre las mujeres en 2005. La agenda política y económica en el segundo debate con Hillary salió sobrando. Si la mayoría de las mujeres de Estados Unidos rechazaban a Trump, después de lo que dio a conocer el Washington Post, la que vote por el candidato republicano corre el riesgo de ser tildada de masoquista. No hay un antecedente en la historia política de Estados Unidos de un debate más atractivo para la audiencia a nivel nacional e internacional, que el realizado este domingo por la noche. Por morbo, todos queríamos ver cómo se hundía Trump. Lo dicho por el multimillonario sobre las mujeres hace 11 años no lo exhibió. En la mente de los electores estadunidenses y del establishment republicano, la misoginia y vulgaridad de Donald Trump estaban presentes. Hacía falta exponerlo. The Washington Post lo hizo, y gracias a la tecnología y a la inmediatez de las redes sociales en Internet, Trump ya no es más que la crónica de una muerte anunciada. Que me perdone Gabo por parafrasearlo para caracterizar a un ser tan repugnante. Por lo que es Trump, hace 18 meses muchos, si no la mayoría absoluta de quienes somos reporteros, creímos que era una broma su aspiración presidencial. Nunca ventilamos la hecatombe en el partido republicano que encumbraría al magnate. El hubiera no existe, pero si otro, Jeb Bush, Marco Rubio y hasta Ted Cruz hubiese sido el elegido de los republicanos, Hillary no estaría en la postrimería de convertirse en la primera mujer presidenta de Estados Unidos. Por su narcisismo y desfachatez, veo difícil que Trump renuncie a la candidatura presidencial para que lo reemplace Mike Pence, candidato a la vicepresidencia. Trump es ejemplo de que en política electoral no hay imposibles. La suerte de los republicanos en las elecciones del 8 de noviembre ya está escrita. Ni Pence vencería a Clinton, pero sería más digno que él fuera el candidato. Mark Singer, el reconocido escritor y periodista del semanario mas influyente de Estados Unidos, The New Yorker, desde hace varios años se le adelantó al Washington Post. En su libro ‘Trump and Me’, Singer escribe que para el candidato presidencial republicano sólo las mujeres rubias y de buen cuerpo valen la pena, pero sólo para tener relaciones sexuales. Estoy seguro de que es Hillary quien más se opone a que Trump renuncie a la candidatura. La esposa de Bill Clinton quiere arrasar y humillar a los republicanos, y lo tienen bien merecido.

Comentarios

Otras Noticias