La oportunidad de Hillary

lunes, 26 de septiembre de 2016
WASHINGTON (proceso.com.mx).- El primer debate entre los candidatos presidenciales de Estados Unidos, Hillary Rodham Clinton y Donald Trump, es la oportunidad para la aspirante demócrata de exhibir la ignorancia política, económica y social de su enemigo republicano. Trump, un especialista en aprovechar las relaciones públicas y los foros de televisión para difundir su credo demagogo, en el debate tendrá que demostrar que tiene las tablas de estadista que requiere un aspirante presidencial en Estados Unidos, pero carece de ellas. Clinton, quien tiene una larga experiencia y conocimiento del acontecer político, social y económico de su país, deberá estar muy al pendiente de no caer en las trampas de ira que seguramente Trump le pondrá a cada momento en el debate. A seis semanas de las elecciones presidenciales del martes 8 de noviembre, las encuestas de opinión sobre las tendencias de los votantes demuestran la vulnerabilidad de Clinton frente a la candidatura de Trump. En las horas póstumas de preparación de los candidatos para el debate, el periódico The Washington Post y la cadena de televisión CNN develaron el sondeo conjunto que llevaron a cabo, en el cual la candidata demócrata tiene un 46% de respaldo entre los votantes, respecto al 44% que apoya al aspirante presidencial republicano. Empate técnico, básicamente. No hay comparación entre Clinton y Trump en experiencia y conocimiento en política nacional. La exsecretaria de Estado, exsenadora federal y exprimera dama, es superior a Trump en este sentido. No obstante, Clinton es altamente irritable y el candidato republicano un maestro de la provocación y la ironía. Hasta ahora, Trump está donde está por sus promesas de bonanza y poderío que sin fundamento ni explicación de cómo lo logrará, le compra el electorado con un muy bajo nivel de educación de los Estados Unidos. La ambigüedad y verdades a medias de la campaña de Trump, es la clave de la victoria de Clinton. En el debate a nivel nacional los electores estadunidenses esperan respuestas y explicaciones concretas y pragmáticas sobre los aspectos de interés económico y seguridad nacional de los Estados Unidos. Los debates presidenciales son la ventana que esperan los candidatos presidenciales para vender sus plataformas políticas y ganar electores. Los analistas políticos en Estados Unidos no titubean en calificar a Clinton como la maestra, y a Trump, como el alumno, sobre el conocimiento y experiencia que tienen cada uno en materia económica, política, social y de relaciones exteriores. La exposición a nivel nacional que tienen los debates es fundamental para definir el destino político electoral de los candidatos. Trump y Clinton lo saben. El candidato republicano posee una artillería poderosísima al conocer los flancos débiles de Clinton. A la abanderada demócrata es muy sencillo sacarla de sus casillas con ataques personales, y eso es lo que quiere Trump. En el debate de ideas Trump está perdido. Clinton tiene todo para ganar pero debe eludir a toda costa el ser condescendiente con el demagogo republicano. Si lo trata como a un ignorante, aunque lo es, Clinton proyectaría ante los votantes una imagen de arrogancia y superioridad que puede ser interpretada como la evidencia de que vive en una burbuja que flota sobre la realidad de los estadunidenses de a pie. Si se irrita ante las estocadas de Trump, puede a su vez ser interpretada como una mujer intolerante. Cabeza fría y pies de plomo requiere Clinton para enfrentar a Trump. El debate es la gran oportunidad que esperan incluso algunos republicanos para colocar en su realidad a Trump, ante su inexperiencia política y con ello alejar la posibilidad de vivir cuatro años bajo la presidencia de un demagogo y racista. Si Clinton se comporta y actúa con la altura política que todos esperan, no importa que no sea la candidata ideal de los estadunidenses, con ello podrá afianzar su caravana hacia a la Casa Blanca.

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