Una bomba de tiempo sobre la Casa Blanca

lunes, 22 de mayo de 2017
WASHINGTON (apro).- La presidencia de Donald Trump atraviesa por una crisis política de magnitudes insospechadas que generan todo tipo de sospechas con respecto al futuro inmediato del multimillonario primer mandatario. La revelación del periódico The New York Times de que Trump pidió al exdirector del FBI, James Comey, dar carpetazo a la investigación sobre Michael Flynn, exasesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, sacudió notablemente a la Casa Blanca y al Partido Republicano en el Congreso federal. De acuerdo a The New York Times, Comey escribió en un memorando personal el recuento de la conversación que tuvo con Trump en la Casa Blanca el pasado mes de febrero. La reseña de la conversación entre Trump y Comey expone a un presidente dispuesto a interferir con la aplicación de la ley para evitar que el FBI investigara a Flynn sobre sus presuntos lazos con el gobierno de Rusia para llevar a cabo una manipulación cibernética en las elecciones presidenciales estadunidenses del pasado mes de noviembre. Como era de esperarse, la Casa Blanca y el mismo Trump desmintieron la versión de The New York Times asegurando que jamás se le pidió a Comey que dejara de investigar a Flynn. La negativa de Trump y de la Casa Blanca llegó muy tarde. De inmediato en el Capitolio los legisladores demócratas y algunos republicanos pidieron al FBI que a más tardar este 24 de mayo le entregue al Comité de Supervisión Gubernamental de la Cámara de Representantes toda la documentación que tenga en su poder relacionada con la reunión y conversación de Trump con Comey. Dos días después de la publicación de la bomba noticiosa de The New York Times y obligado por la crisis política de Trump, el Departamento de Justicia se vio obligado a nombrar al exdirector del FBI, Robert Mueller, como fiscal autónomo para investigar el asunto de la presunta sociedad entre los rusos y la campaña presidencial del ahora mandatario para intentar manipular el proceso electoral del año pasado en contra de la candidata demócrata Hillary Clinton. Frente a la realidad de enfrentar una investigación independiente por parte de Mueller, Trump por medio de cuenta su personal en la red social de Twitter, intentó hacerse la víctima de una guerra sucia. El presidente denunció que era víctima de la peor cacería de brujas en la historia política de su país. Por el momento se ve casi imposible que a Trump lo pueda someter el Congreso a un juicio político por el asunto de Flynn. La posible obstrucción de justicia por parte del presidente, o el cargo de perjurio son endebles. La falta de credibilidad en su presidencia anula al desmentido que hizo del memorando que presuntamente escribió Comey. Expertos en asuntos constitucionales y judiciales vaticinan que por ahora no se puede someter a Trump a un juicio político. Legalmente el presunto memorando de Comey se desmoronaría en un juicio político porque se trataría de un caso de disputa entre la palabra del presidente contra la del exdirector del FBI. Comey aceptó testificar ante el Congreso federal sobre lo que sabe de la investigación del FBI del caso Rusia-Flynn, y sobre la conversación que sostuvo que Trump. Las declaraciones en el Capitolio de Comey serán como una bomba de tiempo sobre la Casa Blanca. En apenas cuatro meses de vigencia, la presidencia de Trump podría estar herida mortalmente. La figura de Mueller como fiscal independiente políticamente anula a Trump con respecto al cumplimiento de sus promesas de campaña en el tema migratorio, comercial, fiscal y de salud pública, por ejemplo. Washington huele a juicio político y ese tufillo sólo será eliminado cuando Mueller entregue los resultados de la investigación a su cargo, y que tiene en estado de coma a todos los proyectos con los que Trump prometió hacer grande a Estados Unidos, otra vez.

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