Los paralelismos Argentina-México

viernes, 21 de diciembre de 2001
México, D F- Duele el atroz cuadro en Argentina, ante cuyo desplome económico y moral México no puede ser indiferente La instauración de un régimen de excepción y su desobediencia por parte de conglomerados hambrientos y delincuenciales representan el fracaso de la política para dar cauce a desequilibrios que tienen responsables mediatos e inmediatos Y no deja de llamar la atención que, guardando proporciones históricas, hay similitudes inquietantes entre Argentina y México, las dos naciones latinoamericanas de habla hispana más importantes y donde se instauraron con mayor ferocidad los lineamientos económicos de Estados Unidos El agotamiento de un modelo económico a finales de los ochenta hizo que en ambos países llegaran al poder dos fundamentalistas neoliberales, Carlos Saúl Menem y Carlos Salinas, semejantes además en su apetito mesiánico, en el desmantelamiento de las estructuras sociales, la entrega de bienes nacionales a un puñado, y su estela de corrupción que ahora ahoga a ambas sociedades Menem sucede en el gobierno a Raúl Alfonsín en una nación degradada por siete años de férrea dictadura militar y una economía desplomada, y dio paso a dos periodos semejantes a los de Salinas y Ernesto Zedillo: la madeja de complicidades entre poder económico y poder político Como en Argentina, en el México neoliberal el ajuste implicó una degradación en los niveles de vida apaciguada por la propaganda oficial que hablaba de la modernización primer mundista, que ocultaba además el tráfico de influencias para abultar las cuentas de unos cuantos Si en Argentina el hartazgo del menemismo hizo que, en 1997, se pudiera conjugar una alianza entre la centralista Alianza Cívica Radical, a la que pertenece el presidente Fernando de la Rúa, con la coalición centroizquierdista Frente País Solidario (Frepaso), en México ese mismo año se rompió con la hegemonía priista en la Cámara de Diputados Y cuando De la Rúa tomó posesión, en diciembre del 99, en México se perfilaban las campañas por la Presidencia que, ocho meses después, la elección daría como resultado el triunfo de Vicente Fox, que en realidad ha asumido una actitud semejante a la del presidente argentino: el incumplimiento de lo que ofreció Ambas elecciones concitaron la esperanza de una nación distinta a sus predecesores, una renovación política, pero también una regeneración moral, que en el caso de Argentina ha fracasado rotundamente, y la salida de De la Rúa es cosa de tiempo La renuncia del dirigente del Frepaso, Carlos Cacho Alvarez, a la vicepresidencia, fue un aviso de que Argentina marchaba mal en materia de política económica, una vez que De la Rúa llamó a Domingo Cavallo para hacerse cargo de esa área Más aún, paralizado para castigar crímenes, De la Rúa llamó inclusive a Menem a buscar una convergencia de gobierno, pese a que el frívolo expresidente está involucrado en una compleja red de complicidades en el tráfico de armas Y no podía ser de otra manera Cavallo fue el artífice de la depredación económica del menemismo y personaje clave en el desmantelamiento a precios de risa de la planta productiva del Estado, así como lo fue Salinas y su secretario de Hacienda, Pedro Aspe En México ha pasado algo semejante: Fox echó mano de un operador de Aspe y Salinas, Francisco Gil Díaz, para operarle lo que para este gobierno es fundamental, pero también lesivo para los más pobres: la reforma fiscal Es cierto, en México no hemos llegado a extremos de presenciar saqueos y liquidar las garantías constitucionales Pero la tendencia a mantener la misma línea económica de los predecesores de Fox no augura nada bueno Fox ha desdeñado, como De la Rúa, ajustar cuentas con un pasado miserable y se ha empeñado en seguir encubriendo el saqueo del patrimonio nacional Su intransigente fundamentalismo económico encamina, así, al país al descontento o al estallido Comentarios:delgado@procesocommx 20/12/01

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