Testimonio de López Osuna del 68

viernes, 21 de diciembre de 2001
Florencio López Osuna era dirigente de la Escuela Superior de Economía del IPN en el 68 y actualmente es subdirector de la Voca 5 Es el que aparece en la portada de la revista, la semana pasada Llévatelo, y a la primera pendejada, te lo chingas, fue lo último que escuchó antes de que lo bajaran, a empellones, del tercero al segundo piso del edificio Chihuahua Había sido el primer orador del mitin y fue el único de la lista de tres comisionados para hablar esa tarde en nombre del Consejo Nacional de Huelga ?los otros eran David Vega y Eduardo Valle?, que alcanzó a pronunciar su discurso Originario del municipio de Concordia, Sinaloa, le había tocado hablar de la situación del movimiento estudiantil, que se extendía por todo el país, y anunciar que se suspendía la programada marcha al Casco de Santo Tomás Yo estaba en el centro de la tribuna Cuando comenzaron los disparos, me di la vuelta, y, dando la espalda a la plaza, vi que el tercer piso se había llenado de gente que, después supe, era del Batallón Olimpia Eran jóvenes como nosotros Algunos traían una fusca en la mano; otros cargaban metralleta Todos traían un guante blanco A unos pasos de donde estaba, David (Vega) forcejeaba por el micrófono con uno del Batallón Olimpia, al que se le salió un tiro Los del batallón les dieron tres instrucciones: ?Todos a la pared, todos al suelo y al que alce la cabeza se lo lleva la chingada? Mientras tanto, un tipo alto, fornido, con gabardina, disparaba contra la multitud López Osuna permaneció de pie; durante segundos, pegado al barandal del tercer piso, pudo ver cómo se formaba un remolino en la plaza, la gente se movía como una ola de mar En ese momento, uno de los agentes lo tumbó al piso, cayéndole encima A los que estábamos en el tercer piso nos dividieron: A unos los subieron al cuarto piso y a otros nos bajaron al segundo Yo fui de estos últimos Un tipo que estaba acostado con nosotros nos decía en qué turno debíamos arrastrarnos A unos pasos de ahí, había otro tipo en cuclillas Era el que mandaba Todavía lo recuerdo: patilludo, orejón Cuando tocó mi turno, el que estaba acostado le dijo a su jefe: ?Éste fue orador en el mitin? Entonces, me jalaron, me mentaron la madre Ahí empezaron los chingadazos Por acuerdo de una asamblea, López Osuna acudió armado a Tlatelolco, igual que otros de sus compañeros Hay que pensar qué momento estábamos viviendo: Nuestras escuelas eran ametralladas constantemente, había que tener con qué defenderse Cuando estaba en el suelo, en lo único que pensaba era en cómo deshacerme de la pistola El tipo patilludo me ordenó: ?Ven acá? Me estaba apuntando con una pistola Y entonces pensé que era prudente informarle que estaba armado El tipo se descontroló Empezó a catearme desesperadamente, hasta que me encontró el arma Me pegó con la pistola en la boca y empecé a sangrar Y le dijo a uno de sus compañeros: ?Llévatelo, y a la primera pendejada, chíngatelo? En el segundo piso le quitaron el cinturón y, a diferencia de otros estudiantes, le amarraron las manos hacia atrás Su ropa fue cediendo a los jalones Sólo permanecieron en su lugar los calzones mojados La chamarra y la camiseta quedaron colgadas de los antebrazos, atoradas en la atadura de las manos Ya bajo custodia del Ejército, con la cara sangrando, lo pasaron bajo los chorros de agua que escurrían del edificio Había que lavarle la cara para poderlo fotografiar Al llegar al Campo Militar Número Uno, donde permaneció hasta su reclusión en Lecumberri, la versión oficial sobre la pistola se había transformado Éste traía una ametralladora, acusó un militar Sólo alcancé a decir: ?No es cierto, era una 380, y no la disparé?

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