Noche de muertos, culto que se niega a desaparecer

viernes, 1 de noviembre de 2002
* Ofrenda a los difuntos, en el lago de Pátzcuaro y la Meseta Purépecha Isla de Janitzio, Mich (apro)- Pese a la globalización y la modernización, la Noche de Muertos es culto que se niega morir Y es que el lago de Pátzcuaro es la Riviera de los pobres El historiador Alberto Rendón Guillén, dice: “El espejismo es asombroso A ambos lados de la carretera que conduce a Morelia, Tzintzuntzan y Uruapan se repiten hoteles y villas al estilo de la belle époque, entre cedros, rosales, pinos; de vez en cuando por una esquina se columbra el lago inmóvil y unas lanchas” Carros de matrículas diversas esperan pacientemente que crucen “nubes” de turistas con shorts, grabadoras, botellas de vino y cerveza Podría ser cualquier pueblo de la Riviera Francesa, y aún mejor de la italiana Quien llegó de noche, vio las características siluetas de los que cenaban bajo las lamparillas en las mesas del muelle de Pátzcuaro, la estampa mil veces repetida año con año de una sociedad media que busca, en este ambiente de la Noche de Muertos, reparar las fuerzas perdidas en su trabajo Así, en la zona lacustre y la Meseta Purépecha se llevó a efecto la Urícuari Kejtzitakua (“ofrenda a los difuntos”) Alberto Rendón Guillén, autor de varios libros sobre Michoacán, entrevistado al respecto, explica que el culto a los muertos es tan antiguo como la humanidad, y en todos los pueblos lo han observado, de acuerdo con sus creencias religiosas o místicas, hasta la actualidad Detalla que en nuestro continente, los primeros vestigios se encuentran en los siglos anteriores a la era cristiana, en que se localizan las primeras ofrendas en distintos lugares de la entidad, en donde se observan ciertos ritos, como la postura de los muertos, su dirección (postura de feto, pues era devuelto al seno de la tierra; vueltos hacia el oriente, lugar del nacimiento del sol; con la cabeza hacia el poniente, lugar de la muerte del astro rey) La muerte, experiencia universal, ha sido objeto de culto en todos los tiempos y en todas las culturas En Michoacán, especialmente en los pueblos de la sierra y de la región lacustre, la conmemoración de “noche de muertos” se inspira casi a partes iguales en la tradición cristiana occidental y en los ritos funerarios de la etnia purépecha Como en el resto del país, en Michoacán la gente acude a panteones y cementerios los días uno y dos de noviembre de cada año, para velar las tumbas de los seres queridos, a las que se adorna con ofrendas También es habitual levantar altares en memoria de los difuntos en las casas donde se les recuerda Sin embargo, es en las comunidades que rodean al lago de Pátzcuaro y en aquellas localizadas en sus islas, donde la ceremonia de velación está acompañada de actividades únicas, como la “cacería de patos”, que todavía se practica el 31 de octubre para preparar algunas de las viandas que se ofrecerán a los difuntos También importa advertir el rico contenido de creencias, muchas sobrevivientes de la época prehispánica, que dan sentido a la ceremonia Mientras, el espectáculo de pueblos y camposantos encendidos por la luz de veladoras y la presencia de los deudos en torno de las tumbas, en medio del frío de la noche y rodeados por los destellos del enorme cuerpo de agua, es una experiencia memorable Cada año son miles los visitantes que acuden a la zona lacustre para presenciar la conmemoración LA MUERTE ENTRE LOS PUREPECHA Una poderosa fascinación anima el culto mortuorio en la región de Pátzcuaro Los mitos de la tradición purépecha permiten comprender por qué es así Entre los purépecha la muerte era un paso obligado en el transcurrir de la historia individual, pero siempre acorde a las acciones que se realizaban, y por lo cual se buscaba la voluntad divina, por lo que siempre era más honroso morir en las batallas, o en el altar de los sacrificios, explica Alberto Rendón Aclaró que de esta forma, con la muerte, entre los pueblos michoacanos “no hay separación de alma y cuerpo Los muertos comen, caminan, hacen viajes, hablan, se comunican con los vivos, etcétera, y los vivos no experimentan separación entre principio vital y cuerpo, ya que lo que hace que se mueva el corazón es el alma, como algo que actúa corporalmente y no de manera independiente, con vida propia” Para los purépecha el hombre es total, cuerpo y alma juntos, sin separación posible, por lo que todas las actividades humanas pertenecían a un mismo plano, y sólo se les juzgaba por el fin que perseguían, aclara el investigador 01/11/02