"La Revolución mató o corrompió a muchos de sus mejores hombres"

miércoles, 20 de noviembre de 2002
Mauricio Magdaleno, último novelista de la Revolución Último de los novelistas de la Revolución, dirigente y cronista del vasconcelismo, dramaturgo casi inédito, guionista del "Indio" Fernández, legislador, funcionario público y académico de la lengua, de Mauricio Magdaleno puede decirse con certeza que es un auténtico hombre -testigo, protagonista y narrador- del siglo veinte mexicano Platicar con Magdaleno es como sumergirse en un girón fundamental de la historia contemporánea Una historia que juzga: "la Revolución Mexicana mató o corrompió a muchos de sus mejores hombres": que se despoja de la máscara: "a mí me regalaron los puestos públicos", que analiza: "la literatura y el cine se han olvidado de la esencia nacional"; que augura: "si las nuevas generaciones logran salvarse de la corrupción, el país está salvado" Nacido en 1906 en un pequeño pueblo de Zacatecas, Magdaleno quedó marcado en su infancia y en su juventud por la huella de la conmoción revolucionaria Por eso, en 1929, cuando tenía 23 años, fue de los primeros jóvenes que se unieron con pasión al movimiento vasconcelista, a su juicio, el primer intento de reivindicar a la Revolución traicionada La entrevista ocurre en la biblioteca del escritor Con la voz apagada por el enfisema que la noche helada agudiza, don Mauricio recuerda: "El vasconcelismo fue una de las páginas más hermosas de nuestra historia, tanto más por cuanto se perdió Si hubiéramos ganado, habríamos caído en errores que ahora nos condenarían Para fines de la posteridad, a veces es preferible perder que ganar" Y reitera: "Seguimos un ideal -¿qué joven no lo debe tener?- inclusive a sabiendas de que íbamos a perder Yo creo que la huella del vasconcelismo es un hermoso ejemplo" -¿Quién fue, qué fue Vasconcelos? "Fue un hombre conflictivo y contradictorio Eran muchos vasconcelos en una sola persona Le guardé y le guardo veneración, y cuando disentí de él opté por el silencio En todo caso los juicios, buenos y malos, sobre su persona, han enriquecido su memoria" -¿Por qué el vasconcelismo? "La Revolución había sido traicionada Los principios fueron arrojados a un lado Obregón y la no reelección Calles y el asesinato de Serrano Con Vasconcelos íbamos a purificar la Revolución, a quitarla de las manos de los generales corruptos que medraban con ella" Don Mauricio da un salto de 50 años para colocarse en el presente: "¿Por qué se ofendió el presidente López Portillo cuando Rulfo habló de lacorrupción entre los militares? Eso es historia y está escrito Y no cuenta nada más para los militares, sino para los civiles ¿Qué hizo Alvaro Obregón? Compró a muchos generales o los mató Es la historia de todas las revoluciones Ocurrió con la Revolución Soviética: mató a todos sus líderes, salvo a Lenin, que tuvo la virtud de morirse antes" -¿Qué queda hoy de la Revolución Mexicana? "Algunos principios esenciales se cumplieron Otros, como la Reforma Agraria, jamás se llevaron al cabo Otros se fueron junto con quienes la traicionaron Pero, en fin, no hay revolución que dure cien años" -Rulfo fue objeto de un homenaje nacional, por parte del gobierno, el año pasado, y luego, como usted dice, el propio gobierno lo hizo víctima de sus reproches ¿En qué forma los premios y los homenajes del Estado comprometen a un escritor? -Creo que no lo deben comprometer en forma alguna Los premios y los homenajes son muy justos y pretenden reconocer la obra de quienes dedican toda su vida a la literatura Claro, hay premios que tienen la propiedad de silenciar a ciertos escritores Recuerdo que Salvador Azuela era un crítico furibundo del sistema hasta que recibió el Premio Nacional de Letras, allá a principios de los años cincuenta Desde entonces se reconcilió con el gobierno y no volvió a criticarlo En general, sin embargo, los premios son eficaces y justos Cuando fui subsecretario de Asuntos Culturales, participé en la asignación de muchos premios, y puedo asegurar que siempre se otorgaron a individuos relevantes, sin ánimo de silenciarlos Magdaleno, admirador profundo del Juan Rulfo escritor, lo estima aún más por que es de los pocos que creen todavía en los quilates de la amistad "Pero obviamente -agrega- a él se le va a juzgar por los valores de Pedro Páramo, su única novela y una de las mayores proezas de la narrativa contemporánea Es una obra maestra universal ¿Y sabe por qué? Por su honda raíz mexicana, que quiere decir universal, y por su sentido trágico de la vida Junto a esto, la técnica revolucionaria de Rulfo es inconmensurable" En 1956, veintiséis años después del despojo y la represión contra el vasconcelismo, Magdaleno escribió Las palabras perdidas, la crónica de aquellos acontecimientos En carta al propio escritor zacatecano, José Vasconcelos -el centenario de cuyo nacimiento se cumple este año- consideró ese volumen como la historia verdadera de su campaña electoral de 1929 Como colofón de Las palabras perdidas, aquel inútil intento de acabar con el cacicazgo ancestral, con el hambre de dinero de los triunfadores de cada jornada electoral, con todo lo que de simulación había tenido la estampa inmediatamente posterior al fin de la Revolución, fue resumido así por Magdaleno: "Un buen día todo fue historia Una vieja historia en la que se fue, al cabo, como algo ocurrido en sueños, la flor de un sueño largamente soñado" Decepcionado por la derrota y al contrario de muchos otros vasconcelistas que se uncieron al carro del Partido Nacional Revolucionario, que había sido su victimario, Magdaleno optó por el retiro político Becado gracias a Narciso Bassols, titular de Educación Pública, viajó a Madrid para hacer estudios en la Universidad Central de la capital española En Madrid surgió definitivamente su vocación literaria, de la que ya había dado muestras amplias en sus colaboraciones para periódicos mexicanos Su primer libro fue publicado precisamente en Madrid, en 1933: Teatro revolucionario mexicano, que contiene sus tres únicas obras dramáticas: Emiliano Zapata, sobre el asesinato del líder agrarista morelense; Pánuco 137, en torno de los abusos de los capitalistas estadunidenses durante el auge petrolero; y Trópico, drama ubicado en las zonas chicleras de Chiapas, igualmente explotadas por empresarios estadunidenses Magdaleno estrenó sus obras en México dentro del "Teatro de Ahora", experimento escénico político que él mismo fundó junto con otro exvasconcelista, Juan Bustillo Oro "Eran años en que el teatro mexicano casi no existía -explica- y nos enfrentamos a falta de comprensión de la crítica, habituada a las comedias de costumbres españolas Cuando estrenamos Emiliano Zapata los críticos se nos lanzaron encima ¡Imagínese! La escenografía era de Diego Rivera y la obra se iniciaba al compás de un mariachi La gente estaba acostumbrada a ver en el escenario, no la plaza de armas ni el rancho o el pueblo mexicanos, sino la sala elegante de un `pisito' español" "Fuimos los primeros", apunta Magdaleno, "que quisimos ver a través del teatro el verdadero rostro de nuestro pueblo, de nuestro pueblo rural" -¿Cómo reaccionaba el público? "Con entusiasmo inusitado primero: llenos todos los días en la pequeña sala donde nos presentábamos Luego, un vacío desesperante" Magdaleno nunca volvió a escribir teatro A su regreso de Madrid, publicó dos relatos breves sobre la RevoluciónMexicana, El compadre Mendoza y El baile de los pintos, y en 1936 dio a luz su primera novela larga, Campo Celis, cuya acción se desarrolla en su pueblo natal, que ha tenido tres distintos nombres: Tabasco, Villa del Refugio y, ahora, Villa García de la Cadena Su segunda novela, Concha Bretón, es un relato que tiene lugar en el medio urbano Le siguió, en 1937, la que se considera como su obra más importante en el terreno de la narrativa y por la cual este fue incluido, por Antonio Castro Leal, entre los novelistas de la Revolución: El resplandor "El resplandor -dice Magdaleno- nace de las frustraciones de la Revolución, de la sobrevivencia del caciquismo, la explotación y la represión contra la gente más pobre de México, los indígenas En realidad es una novela de la posrrevolución" Enviado por Narciso Bassols para dirigir la Escuela de Indios, Magdaleno vivió un tiempo en un pueblo cercano a Ixmiquilpan, en el Valle del Mezquital Ahí tomó contacto con los grupos indígenas, convivió con ellos y observó que el caciquismo prerrevolucionario se mantenía intacto De esa experiencia nació El resplandor "En el Mezquital conocí a mi pueblo y a sus verdugos Es el mismo pueblo de ahora y los mismos verdugos de hoy" -A la sombra de los grandes novelistas de la Revolución, ¿cómo ve usted la literatura mexicana actual? "Creo que está en decadencia, pero no me pida precisiones Me quedé en Arreola De la gente nueva, hay algunos valiosos y otros no Por discreción prefiero no mencionar nombres ¿Por qué voy a molestar a nadie?" Luego, Magdaleno desgrana sus reflexiones, hilvana sus recuerdos: "Ahora hay otra temática y también técnicas diversas Par nosotros México era la nutriente esencial de nuestra obra Hoy, por encima de mi patria, está el mundo de las ideas Los novelistas hablan de la URSS, de Fidel Castro, del fascismo A mí me importaba más la gente de mi pueblo Pero claro, también lo que se hace ahora tiene su importancia "La literatura de hoy es abstracta, ya no realista Me reservo mi opinión sobre ella porque yo soy, finalmente, un hombre que pasó Si ahora vuelvo a publicar una novela (la tiene en preparación) o un libro de cuentos (se halla a la mitad de uno) no serpa porque crea que mi forma de escribir y los temas que trato interesan a alguien Si vuelvo a publicar es para mí, por mi gusto "Recuerdo lo que le pasó a un excelente cuentista, amigo mío de muchos años, José Martínez Sotomayor (pobre, sus libros nunca se vendieron) Llegado el momento, intentó escribir un cuento surrealista, para ponerse al día Me lo dio a leer, y no le entendí nada `Es la nueva escuela', argüyó `Será, pero no le entiendo nada' Murió el año pasado, como también falleció Agustín Yáñez De diez años a la fecha, veo cómo se va desvaneciendo mi generación" (Dos días después de la entrevista con Magdaleno, el antologísta de la novela de la Revolución, Antonio Castro Leal, falleció de diabetes) (Proceso No 0220 / 19 de enero de 1981)

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