Morir de hambre en Montes Azules

lunes, 23 de diciembre de 2002 · 01:00
Selva Lacandona, (apro) - Comiendo raíces, hierbas, caracoles, peces, tortillas y las pocas provisiones que les quedan, más de 20 indígenas choles entre hombres, mujeres y niños, del asentamiento Lucio Cabañas, se resisten a salir y permanecen todavía con el temor de que elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP), incursionen para desalojarlos de esa reserva ecológica, en la que hay al menos 42 invasiones similares más que poco a poco están depredando ese principal macizo forestal del país Enclavado en la Reserva de la Biosfera de Montes Azules (Rebima), a unos kilómetros del caudaloso río Lacantún, el asentamiento humano de Lucio Cabañas es uno de los cuatro grupos de invasores más recientes que las autoridades agrarias, policiacas y ambientales del gobierno federal, en coordinación con el estatal, se han propuesto desalojar Sorprendidos por la visita, los campesinos choles armados de machetes, esperan la llegada de la policía que el pasado sábado había intentado ejecutar su acción y de quienes, dicen, se defenderán "hasta la muerte", pues ellos necesitan las tierras y prefieren quedar ahí que morir de hambre fuera de la selva, en otro terreno infértil Domingo Pérez, vocero del pequeño grupo de invasores dice que han talado poco más de tres hectáreas, en cuya superficie han sembrado ya maíz y frijol Y aceptan que este viejo proceso rural de tumba, roza y quema seguirán haciéndolo como lo han hechos sus padres y sus abuelos Es decir, año con año seguirán talando, para quemar y después sembrar y así sucesivamente en áreas diferentes de la Selva "No tenemos otra alternativa, pues necesitamos las tierras y como el gobierno no nos la da, buscamos quedarnos aquí con nuestras mujeres y niños", dice Domingo Pérez Al margen del arroyo San Pablo, que desemboca en el río Lacantún, más que el frío, la pequeña comunidad naciente sufre las inclemencias de los torrenciales aguaceros que caen en esta parte de la selva Lacandona, por ende, el exceso de humedad, mosquitos, y enfermedades como la tos, gripa y fiebre Dice que le pusieron Lucio Cabañas a la comunidad, porque "otro compañero que ha leído y que tiene estudios", les contó que deberían hacerlo en honor a un maestro rural guerrerense que se volvió guerrillero para defender a los campesinos y a los más pobres Para llegar hasta aquí desde la capital del estado es necesario recorrer varias horas por la carretera fronteriza del sur, donde se deben de pasar, al menos, cuatro retenes militares, algunos de ellos reactivados en las últimas horas; posteriormente, trasladarse en lancha de motor por el río Lacantún y, finalmente, caminar unos dos kilómetros selva adentro El terreno donde se han asentado ni siquiera es plano, es una pendiente montañosa donde han construido dos chozas rudimentarias, con techos de palma, hoja de platanillo y nylon Duermen en hamacas, unos, y en troncos de árboles improvisados como camas, otros Los aullidos de saraguatos, la manada de jabalíes, el rugir del jaguar y otras especies que viven en este corazón de la selva Lacandona, conviven con estos indígenas renuentes a abandonar la zona Juan Sánchez, otro indígena chol, dice que, además de los seis campesinos y sus esposas e hijos que actualmente se encuentran aquí, han decidido venir al mismo lugar otras 16 familias más procedentes del norteño municipio de Tila, que colinda con el estado de Tabasco Dicen los campesinos que el pasado primero de diciembre estuvieron esperando a las autoridades federales del medio ambiente para negociar su salida de la zona, a lo cual estaban dispuestos, pero como nunca llegaron los del gobierno a la cita Ahora se han aferrado con machete en mano Ahí están apenas sobreviviendo a los embates de la selva Lacandona Los niños visten andrajos, descalzos caminan por el lodazal Comen caracol del arroyo, peces del río Lacantún, algunas hierbas y raíces, tortillas hechas a base del poco maíz que han podido trasladar hasta ahí, dice Mateo Pérez Se quejan de que elementos de la Secretaría de Marina, con el objetivo de presionarlos y salgan de la reserva, les han prohibido navegar por el río; a los lugareños que viven en los márgenes del Lacantún les han prohibido también que les vendan provisiones Cerca de este asentamiento están ubicadas unos vestigios arqueológicos aún inexplorados, se les conoce como las ruinas de Loma Bonita porque del otro lado del rió existe una comunidad con ese mismo nombre formada, además de chiapanecos, por gente venida de otros estados como Guerrero, Veracruz o Oaxaca Cada campesino aquí demanda veinte hectáreas de tierras y la suma global de 22 indígenas solicitantes equivale a ocupar, talar y sembrar poco más de 400 hectáreas de Montes Azules, situación que a los defensores de la reserva de la biosfera, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas (Conanp), les preocupa Escoltados por elementos de la Secretaría de Marina, los funcionarios ambientales recorren todos los días las márgenes del río Lacantún para comprobar el proceso de degradación que día con día tiene Montes Azules En Lucio Cabañas ya no los quieren, y amenazan con capturarlos y amarrarlos si se vuelven a presentar porque "son unos mentirosos y traidores", dicen los indígenas Los ambientalistas, por su parte, están preocupados porque Lucio Cabañas no es la única comunidad, son más de 42 las ubicadas en las 331 mil 200 hectáreas de selva decretada reserva de la biosfera en 1978 Además de Lucio Cabañas llegaron en los últimos tres meses tres grupos invasores más los de la 8 de Febrero, Nuevo San Rafael, Arroyo Cristalina e Ignacio Allende Y son a estos cinco grupos a los que el gobierno federal y estatal pretenden desalojar Montes Azules, es el principal macizo forestal de la selva Lacandona, dada en propiedad comunal a más de 600 familias lacandonas durante el gobierno de Luis Echeverría Alvarez

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