¿ Adónde condujeron los acontecimientos de 1968?

domingo, 17 de febrero de 2002
Ningún otro evento desde 1952 hasta el presente afectó más las relaciones entre militares y civiles que la represión de los estudiantes activistas en la Plaza Tlatelolco, durante el verano de 1968, inmediatamente antes de los Juegos Olímpicos en Ciudad de México Los eventos que desencadenaron a este movimiento se desarrollaron en el transcurso de varios meses, lo que le dio al gobierno y al presidente la oportunidad de buscar el consejo de numerosas fuentes, incluyendo a figuras líderes de la comunidad intelectual De acuerdo a algunos observadores, el presidente ignoró los consejos, y adoptó una fuerte postura para anticiparse a la insatisfacción con una actitud más suave por parte de los militares Se han ofrecido muchas especulaciones sobre la decisión en sí misma en los medios académicos y populares, pero es importante obtener un cuadro tan completo como sea posible del papel de los militares en la decisión, ya que puede servir para estudiar tanto la influencia militar en la toma de decisiones políticas y aclarar el grado de subordinación del sector militar al sector civil El punto de vista tradicional es que el Presidente Gustavo Díaz Ordaz decidió por la fuerza, ordenándole específicamente a las tropas, a través de su Secretario de Defensa, el General Marcelino García Barragán, que confrontara a los estudiantes Este punto de vista, presentado por Jorge Alberto Lozoya, se ofrece sin evidencias o citas El punto de vista opuesto es que los militares estaban al borde de reafirmarse en la política mexicana, pero "no se dio un golpe de estado gracias a que los seguidores personales de Gustavo Díaz Ordaz estaban entre los oficiales de alto rango y?era más fructífero remilitarizar al país gradualmente y a través de los canales institucionales" Otros puntos de vista, basados más seriamente en entrevistas con individuos que estuvieron presentes en la decisión o que tuvieron acceso a aquellos que estuvieron allí, da una interpretación fascinante y significativa Existen dos versiones básicas: uno con Díaz Ordaz fuera de la capital para evitar la conexión directa con los hechos; y otra con Díaz Ordaz en la capital pero no dispuesto a tomar la decisión La primera versión ha sido presentada como sigue: La situación se había tornado muy seria, y se decidió que el presidente Díaz Ordaz tenía que abandonar la ciudad Él estaba jugando golf en un resort en Michoacán cuando se tomó la decisión El general Barragán había formado las tropas, y estaba en el Palacio Presidencial Echeverría, quien era el Ministro del Interior estaba abajo, en las calles con el general Ballesteros Echeverría comenzó a dar órdenes para que se trasladaran las tropas, y el General Ballesteros lo interrumpió diciéndole que el General Baragán era el Jefe de las tropas y que era él quien debía dar esas órdenes De esta forma, el General Ballesteros llamó al General Barragán para explicarle la situación La respuesta del General Barragán fue que Echeverría podía sacar sus manos de los asuntos del ejército El General Ballesteros entonces le puso a Echeverría al teléfono y ahí fue cuando el General Barragán le dijo a Echeverría qué podía hacer él Después de eso se dio la orden de limpiar la plaza El General Barragán entonces bajó al campo de golf para decirle a Díaz Ordaz que la situación estaba fuera de peligro Díaz Ordaz estaba temeroso porque pensaba que el ejército iba a decirle que había tomado el poder Cuando oyó lo que el general Barragán le dijo, le dio un abrazo muy emotivo y le dijo que él era un buen soldado La segunda versión sostiene que Díaz Ordaz estaba presente, pero que era incapaz de tomar una decisión, dejando ésta en manos de su secretario de defensa Presentes estaban: Echeverría, el General Barragán y tres miembros del equipo Los informes de la lucha de los estudiantes seguían llegando "Ok, señor Presidente, es obvio que se debe hacer algo A menos que usted tenga alguna objeción, yo voy a ir a limpiar Tlatelolco" Entonces, el General Barragán se volvió hacia sus dos ayudantes y dijo, "Quiero la plaza limpia" Después que todo terminó, le informó al presidente, "Señor Presidente, la situación está fuera de peligro" Como concluye Michael Dziedzic, a pesar de los detalles y de que los puntos de vistas varíen de alguna forma, las características esenciales son consistentes Lo más importante es que fue el secretario de defensa quien tomó la iniciativa, no el presidente Echeverría De hecho, el General Barragán estaba tan disgustado con la cadena de los hechos que le dijo a Echeverría que él y el presidente "crearon este reguero, ahora déjenme a mí limpiarlo a mi manera" Las repercusiones de la decisión fueron, en muchos aspectos, más importantes que la decisión misma en cuanto a las relaciones entre el cuerpo policial y los líderes políticos Las consecuencias pueden ser categorizadas abiertamente: diferentes puntos de vista de los militares hacia los líderes civiles, diferentes puntos de vista de los líderes políticos hacia los militares, y el cambio de punto de vista del papel de los militares en la sociedad mexicana Una de las consecuencias más importantes, que influenció muchos aspectos de las relaciones militares y civiles después del 68, fue cómo el cuerpo policial comenzó a ver a las élites políticas Como apunta Dziedzic, a pesar de que el general Barragán actuó de acuerdo a instrucciones específicas de las élites civiles, no hubo nunca necesidad de decirle que no asumiera el poder de la presidencia En otras palabras, los militares reconocían los límites de su papel De acuerdo a las fuentes de Dziedzic, el cuerpo policial orgullosamente declaró su lealtad al presidente, especialmente desde que se dio cuenta de que era éste y no los políticos, quienes tenían las riendas del poder La retención de la subordinación de los militares a las autoridades civiles fue reafirmada por estos hechos, los cuales pueden ser vistos como uno de los muchos reforzamientos positivos de las relaciones que de manera constante iban evolucionando desde 1946 Por otro lado, la imagen de liderazgo civil en su conjunto cayó en picada en la estimación del cuerpo policial, especialmente entre los jóvenes La nueva generación consideró los hechos de 1968 como una evidencia clara de la torpeza de los líderes civiles, lo que hizo que vieran a los líderes políticos como incompetentes e ilegítimos Este punto de vista llevó a la transferencia de los cadetes del Heroico colegio militar de la Ciudad de México a Chetumal durante el verano Un oficial que era cadete en aquel momento cree que sus jefes no querían que ellos se influenciaran negativamente por los eventos ocurridos en la ciudad; no se les mencionó a los cadetes acerca del papel de los militares en los disturbios Los oficiales en el futuro no estarían inclinados a repetir tal acción contra un gran número de mexicanos, echándole la culpa a la incompetencia civil La percepción de los militares de la falibilidad civil los llevó a replantearse su papel en el proceso de toma de decisiones respecto a la seguridad interna En otras palabras, estos optaron por tener más voz en las medidas preventivas en cuanto a los disturbios civiles No se conoce si los militares presionaron para poner este nuevo énfasis en las élites políticas civiles o si las élites políticas invitaron a los militares a incrementar su participación Hasta cierto punto, es probable que los puntos de vista de ambos grupos coincidieran en cuanto a revisar el papel de la seguridad interna Lo que es evidente es que los líderes civiles se dieron cuenta de que no se le podría pedir unilateralmente a los militares en un futuro que perpetraran el "horror de matar a un gran número de compatriotas" Los analistas concluyeron que el cambio de dirección en los asuntos de seguridad nacional puede ser rastreado directamente desde los sucesos en la Plaza Tlatelolco La nueva orientación respecto a la seguridad nacional incluyó, en la práctica, un incremento en la recopilación de información de inteligencia por parte de los militares contra los grupos que eran vistos como subversivos Además, la cooperación conjunta entre los policías, especialmente los agentes federales y los militares se convirtió en la norma Lo más perturbador de todo, los elementos militares, con el conocimiento y la tolerancia de los altos mandos, participaron en grupos paramilitares similares a aquellos que existieron en América Latina en los años 70 y 80 De acuerdo a Stephen Wager, la versión de México fue conocida como la "Brigada Blanca", una contrafuerza ?integrada por personal civil y militar seleccionado, y organizado según los lineamientos militares- para llevar al extremo la lucha contra los elementos de izquierda Una infusión de aire fresco en el cuerpo de oficiales fue otro efecto de 1968 en los militares Algunos cambios tuvieron lugar de manera natural por el roce, cuando los jóvenes oficiales tomaron el control de las posiciones de toma de decisiones en la Secretaría de la Defensa Nacional y en las zonas militares Esto también ocurrió, como más tarde quedará demostrado, como consecuencia de las políticas de promoción presidenciales Existían considerables disensiones dentro de los altos rangos oficiales, reflejadas por el hecho de que en vez de los diez o quince nombramientos acostumbrados en el nivel medio y alto cada año, 1968 presenció noventa y siete nombramientos, incluyendo a altos comandantes entre el equipo de generales y en siete zonas militares Los militares, dándose cuenta del alcance del daño a su reputación institucional por sus acciones en la Plaza de Tlatelolco, demandaron un alto precio del gobierno como compensación Este precio se hizo sobre todo evidente en cuanto a cambios estructurales y materiales dentro de las fuerzas armadas Por primera vez desde la administración de Miguel Alemán, el gobierno creó una zona militar, y estableció tres nuevos batallones ?infantería, paracaidismo, y policía militar- así como una nueva compañía de ingenieros de combate en la guardia presidencial Al mismo tiempo, a la mitad de las tropas en el ejército se les dio nuevas armas, y la fuerza aérea adquirió 37 nuevos aviones de los Estados Unidos, 20 para entrenamiento y 17 para el transporte El residuo de 1968 corrompió las actitudes presidenciales hacia los militares a lo largo de toda la administración siguiente, principalmente porque el sucesor de Díaz Ordaz fue Luís Echeverría, íntimamente involucrado en aquellos hechos Específicamente, Echeverría nunca perdonó a los militares por su violencia en la plaza, no sólo por lo que pasó sino porque su intento de moderación se frustró De acuerdo a testimonios de primera mano, Echeverría le dijo a los comandantes que "fueran amables con los estudiantes," después de lo cual el General Barragán se dice que le dijo a Echeverría, a través del ayudante del presidente, que "se chinga su madre" Los elementos en el ejército también se disgustaron mucho con el presidente Una fuente dijo que cuando Echeverría estaba hablando en la Universidad de Michoacán como candidato presidencial, pidió un momento de silencio en memoria de los estudiantes asesinados en 1968 Cuando los oficiales supieron de esto, se dice que pidieron a Díaz Ordaz que quitara a su candidato El punto de vista del presidente Echeverría para con los militares ensombreció su actitud no sólo hacia la modernización técnica sino hacia su propia política de seguridad respecto a los militares El cuerpo de oficiales, que habitualmente adquiría poco armamento moderno, especialmente aviones, trató de obtener nuevos aviones de combate durante la administración de Echeverría, una petición que el presidente negó consistentemente En vez de eso, el presidente se concentró en mejorar el entrenamiento técnico, expandiendo los programas de especialidad ocupacional, y construyendo nuevas instalaciones También incrementó la participación de los militares en programas de acciones cívicas y no militares Pero aún a pesar de las tendencias, los militares incrementaron su presencia rápidamente en los asuntos de seguridad nacional, confrontando y eliminando a varios grupos guerrilleros Como consecuencia, obtuvieron entrenamiento de combate y algún prestigio Echeverría mismo tuvo su versión más pequeña de Tlatelolco El 10 de junio de 1971, una organización paramilitar, Los Halcones, instigados por oponente políticos dentro del gabinete, reprimieron brutalmente a un grupo de estudiantes Parecía que Echeverría había perdido el control sobre su propio gabinete En medio de la crisis, el apoyo de los militares fue crítico, mucho más que en 1968 Al enfrentar la traición abierta dentro de su propio rango y sin el apoyo de los militares, Echeverría pudo no haber tenido o presumió que no tenía suficiente fuerza política para maniobrar contra sus enemigos Martin Needler informa que él llamó a una reunión de emergencia con los principales comandantes del ejército, y después de recibir su apoyo unánime, forzó al Jefe del Departamento del Distrito Federal y al jefe de la policía de Ciudad México a renunciar y tuvo al comandante de la fuerza paramilitar arrestado El apoyo del ejército salvó a Echeverría de ser controlado por líderes reaccionarios en su administración A pesar de la lealtad de los militares al presidente durante la crisis, Echeverría todavía veía a los oficiales no como potenciales elementos leales, sino como competidores potenciales por el poder político El golpe de estado de 1971 contra el presidente Salvador Allende en Chile durante el cual un presidente elegido constitucionalmente fue derrocado y asesinado después de 40 años de subordinación militar a las leyes civiles, reforzó su actitud Por lo tanto, en vez de reforzar a los militares a través de la expansión o de nuevas armas como premio a su lealtad, Echeverría les pagó alabando hipócrita y públicamente su profesionalismo, su patriotismo y sus raíces populares, enfatizando así su papel no político A la concentración de los militares en las acciones civiles y el incremento en las responsabilidades de seguridad interna, el presidente agregó los más importantes puestos aduanales, una responsabilidad que tenía implicaciones tanto económicas como de seguridad interna Judith Hellman cree que la amenaza del golpe militar todavía pesaba sobre la mente del presidente La posibilidad de que los militares todavía pudieran tomar las riendas del poder era más probable durante los meses finales de la administración de Echeverría A pesar de la intensidad del rumor público, incluyendo los informes de los medios de los Estados Unidos, algunos autores consideran que era más imaginación pública que una posibilidad real Sin embargo, los rumores eran significativos, a causa de que ellos reflejaban una declinación en la legitimidad presidencial y de la relación entre los militares y los líderes políticos La relación necesitaba mucho de una reparación El sucesor nombrado a dedo por Echeverría era un candidato oscuro con una influencia política extremadamente limitada José López Portillo, un amigo de la infancia, había sido reclutado recientemente para la vida pública Su selección como el abanderado del PRI hizo creer a los mexicanos que Echeverría esperaba convertirse en la eminencia gris, como Calles, de su sucesor De hecho, abundaban los rumores de que Echeverría podría estar tratando de permanecer en el poder; rumores similares habían estado en circulación durante los últimos meses de la administración de Alemán Michael Dzieczic asegura que el grupo de generales se preocupó tanto que pidieron ver al presidente, a quien se dice le dijeron, "Nosotros le servimos, Señor Presidente: sin embargo, también somos leales a la Constitución Nosotros debemos respetar la Constitución Si usted hace algo en contra de la Constitución, nosotros estaríamos forzados a defender la Constitución En otras palabras, si usted trata de permanecer en el poder, el ejército lo sacará" López Portillo llegó a su oficina con su soberanía garantizada por los militares Él creó un ambiente mucho más favorable a los cambios sustantivos dentro de las fuerzas armadas Puede ser que él escogiera implementar este programa como un premio por el fin de la influencia militar de su predecesor Por otro lado, era muy importante el hecho de que López Portillo era hijo de un oficial de carrera, un ingeniero militar, y graduado del Colegio militar Él recordó que su padre había sido transferido de un puesto a otro en el curso de sus deberes, y expresaba un respeto considerable por la lealtad de su padre a la institución Además, la experiencia personal de López Portillo, más que cualquier otro presidente desde 1946, pudo haberlo inclinado a ver favorablemente las peticiones de los militares Durante la administración de López Portillo, la actitud oficial hacia las fuerzas armadas cambió en cuatro aspectos generales Primero, el presidente alentó al ejército a consolidar e incrementar su papel en el área de la seguridad pública tomando bajo su mando la protección de instalaciones vitales, tales como empresas de servicio público y las instalaciones petroleras Segundo, el presidente amplió la participación de los militares en la creación de las políticas de seguridad nacional Tercero, López Portillo aumentó la modernización, no sólo en educación sino en armas Cuarto, aumentó la presencia pública del ejército En cualquier caso, López Portillo mismo inició estos gastos sin ninguna presión de los militares En términos prácticos, López Portillo facilitó los cambios en varios aspectos Autorizó el gasto en el equipamiento de sistemas de alta tecnología de tierra, aire y mar, tales como computadoras y radares, personal administrativo y nuevas unidades de combate Para una mayor profesionalización educacional, integrando una nueva filosofía de seguridad nacional civil-militar, construyó el Colegio de Defensa Nacional, el cual otorgaba grados de licenciatura en el manejo de la seguridad y defensa nacional En el proceso de tomar decisiones políticas, escondido de la vista del público, el presidente fue cuidadoso al incluir a la secretaría de defensa en todas las consultas de mayor importancia De hecho, el presidente informó a la secretaría de defensa de su decisión de nacionalizar los bancos antes de informar a la secretaría del tesoro, el único miembro al que se le pidió su voto de apoyo a la medida la noche antes de que fuera anunciada Los militares realzaron su imagen con un incremento de las demostraciones de su armamento en los desfiles militares, a pesar de que el presidente atribuyó este cambio a los líderes militares más que a su oficina En sus propias apariciones en público, López Portillo alabó a los militares más que lo que lo hizo su predecesor Él los defendió contra la acusación de los intelectuales de que algunos militares eran corruptos declarando que él estaba orgulloso de las fuerzas armadas, y que "ningún soldado de la República era corrupto" Su administración revisó completamente la estructura básica de los militares bajo el secretario de la defensa, el General Félix Galván López, quien quitó a los viejos semiretirados en unidades especiales la responsabilidad del servicio militar nacional ( quinto batallón) cambiándolos por jóvenes comandantes agresivos del regimiento de batallones De acuerdo a Alden Cuninham, la versión de los valores cívicos y de patriotismo de los militares permitió que llegaran a una gran porción de la juventud de la nación Finalmente, la administración de López Portillo finalizó con la operación más grande en la historia de las fuerzas armadas mexicanas: 20 mil tropas y oficiales participaron en una maniobra de guerra Cuando José López Portillo dejó su oficina en noviembre de 1982, dejó el sistema político, particularmente la presidencia, en su punto más bajo en muchas décadas Su sucesor, Miguel de La Madrid, enfrentó numerosos problemas, el menor de los cuales no fue tratar de revivir la legitimidad del liderazgo y del sistema presidencial No es sorprendente, dadas las circunstancias, que el presidente continuara buscando el favor de los militares, quizás en algunos aspectos, más intensamente que sus dos predecesores inmediatos Otra vez, la presencia pública de los militares se hizo notar en lo que tradicionalmente habían sido paradas civiles, y las alabanzas presidenciales a los militares incorporó términos tales como " piedra angular" de la estabilidad interna y "guardián" de la sociedad El aumento del papel de los militares en los programas antidrogas, actividades que empezaron bajo López Portillo, caracterizaron a la administración de La Madrid Los analistas del negocio de la droga sugieren que de La Madrid insistió en que los militares eran "la falange honesta dedicada a la campaña antidrogas de México" a expensas de la oficina del fiscal general civil El énfasis fue en parte por la creciente participación de los militares en los asuntos de seguridad interna Los civiles expusieron el papel de los militares en el Plan de Desarrollo Nacional Además, los hechos en Guatemala y en América Central en su conjunto intensificaron las preocupaciones sobre la seguridad a lo largo de la frontera sur, lo que ocasionó una presencia militar más fuerte allí, y le dio a los militares una voz más influyente en los asuntos de política exterior La tendencia a estabilizar las relaciones entre los líderes civiles y militares encontró un obstáculo cuando de la Madrid limitó la parte militar en las labores de emergencia del mayor terremoto ocurrido en la Ciudad de México en 1985 Jorge Castañeda, un analista mexicano, afirmó que se produjo una grieta entre los oficiales más viejos y los más jóvenes y entre estos últimos y los líderes civiles, en base a una responsabilidad pasiva Los jóvenes oficiales querían una participación más grande en los esfuerzos de emergencia, definida en los planes de desastre nacional Como sugirió más tarde en un libro, la decisión de La Madrid denotó las dudas que tenían muchos líderes civiles respecto a la prominente participación de los militares en la arena pública: esto puede colocar a los líderes civiles bajo una luz desfavorable y acrecentar el potencial político de los militares Escondido detrás de sus alardes y acciones públicas hacia los militares está el hecho de que la administración de La Madrid proveyó una base legal más fuerte para la modernización de los militares que cualquier administración previa Mesurado en términos de nuevas legislaciones que rigieran el papel y las responsabilidades de los militares, el gobierno de la Madrid excedió incluso los esfuerzos de Avila Camacho, quien fue tan importante en la transición de los líderes militares a los líderes políticos civiles Calles inició dos estatutos, y no hubo cambios después hasta Avila Camacho, quien inició tres nuevas piezas de legislación durante su presidencia Alemán y Ruiz Cortines cada uno formularon dos conjuntos de leyes que afectaban a los militares, pero Echeverría y López Portillo sólo pasaron una nueva ley cada uno Bajo de La Madrid, seis nuevas leyes fueron escritas en los libros, tres veces más que las de cualquier presidente desde 1946 De la Madrid estabilizó las relaciones con las fuerzas armadas mientras simultáneamente incrementó su presencia, pero la situación política se alteró radicalmente después de 1988, cuando dejó la oficina Él fue capaz de restaurar algunas de las influencias de la presidencia perdidas por su predecesor, pero todavía en su conjunto, la legitimidad del liderazgo civil había caído a un nivel tan bajo que por primera vez desde que se formó el partido, un disidente de dentro del PRI capturó un extraordinario número de votos en las elecciones presidenciales, y más significativo aún, forzó a sus las cuentas oficiales a reflejar una porción sustancial de los votos del electorado a su favor Las consecuencias fueron muchas, pero para las relaciones civiles-militares fueron triples Primero, el sucesor de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, enfrentó la misión desalentadora de reunir un nuevo conjunto de distritos electores en 1989 La amalgama tradicional de grupos de intereses había sido hecha pedazos por las maniobras de preelección y los debates políticos entre los tres contendientes por la presidencia En los primeros meses de su administración, Salinas incluyó a las fuerzas armadas como un importante elemento en su nueva fórmula política Segundo, en reconocimiento de su electorado redefinido, Salinas hizo uso extensivo de los militares al ejecutar algunas de sus decisiones Por ejemplo, él tenía el ejército, pero no a la policía, tras un notorio traficante de droga, Miguel Angel Félix Gallardo En la operación más grande hasta la fecha, ordenó a los militares tomar el poder de la Corporación Cananea después de una huelga que no se resolvía, la cual de acuerdo a Lorenzo Meyer, un comentarista mexicano, incluyó helicópteros y cientos, posiblemente miles de soldados Además, Salinas, como La Madrid, alentó la presencia militar en los desfiles del gobierno Tercero, como consecuencia de la bien organizada oposición, las elecciones locales, estatales y nacionales fueron fuertemente disputadas La violencia en la elección, especialmente a niveles estatales y locales se convirtieron en el sello de la administración de Salinas El gobierno utilizó a las tropas para mantener el orden y en algunos casos, para efectuar fraudes electorales Salinas expandió el papel de los militares en la seguridad interna Más significativo aún, a causa de sus implicaciones en la politización de los militares, estos están involucrado en el proceso electoral Salinas también le dio prominencia a un grupo de seguridad nacional dentro de su gabinete, encabezado por el Coronel Jorge Carrillo Olea, un veterano en asuntos de seguridad en la Secretaria del Gobierno, a quien él cambió al programa anti drogas en 1990 También incrementó el ritmo de la modernización tecnológica; por ejemplo, en el día de la Marina, el 1 de junio de 1990, anunció que México requería una marina moderna para proteger su soberanía nacional La relación histórica desde 1920, desde una perspectiva presidencial, sugiere un número importante de variables en la retirada de los militares de la política, y la ascendencia de los civiles así como en la creencia de la supremacía de estos en la política Algunas de estas variables pueden hallarse en otros contextos de América Latina o del Tercer Mundo, pero México ha desarrollado su propia fórmula de una relación civil-militar La mayoría de estas variables y sus implicaciones precisas están desarrolladas con considerables detalles en sucesivos capítulos Es valioso enumerarlas aquí para recordarlas a lo largo de todo el libro Incluso este breve resumen de las actitudes presidenciales y los comportamientos hacia los militares sugiere varios fenómenos importantes Uno de los más significativos es el establecimiento de una mayor organización política, y su continuo crecimiento y legitimación De manera interesante, a pesar de que el papel de los partidos en la política es mínimo, este proveyó un medio institucional a través del cual un grupo coherente de líderes políticos pudieran ser identificados El grado de la unidad civil, como se verá más adelante, fue esencial para el desarrollo de la subordinación de los militares a las autoridades civiles Segundo, la retirada de los militares y la imposición de la supremacía civil, que vienen desde muy atrás, son atribuibles directamente a presidentes militares, no civiles Estos hombres, a diferencia de sus semejantes de cualquier parte del mundo, vinieron de las fuerzas guerrilleras y por lo tanto, no sólo no compartían sus orígenes con los líderes civiles sino que en muchos aspectos tenían una mentalidad institucional más civil que militar A causa de que muchos de ellos habían luchado contra el militarismo del Porfiriato, y los colaboradores de Victoriano Huerta, tenían una aversión natural a instituir una nueva forma de establecimiento del militarismo Tercero, aún cuando comenzó con la administración del General Obregón, cada presidente sucesivo alentó y expandió la profesionalización de los militares, desarrollando mejores habilidades tácticas e imponiendo un fuerte sentido de la lealtad a la presidencia y al secretario de la defensa El sentido militar de la disciplina en lo concerniente a la participación política o la asociación con la oposición, algunas veces impuestas a través de medidas extremas, acompañó a estos líderes políticos civiles, que desarrollaron una disciplina y una lealtad casi intocables hacia un solo partido político, el PNR y sus sucesores Cuarto, a pesar de que los liderazgos políticos -inicialmente a través de los militares en la presidencia-, impusieron ciertas formas de conducta a los militares, los líderes políticos civiles permitieron cierto grado de autonomía dentro de los militares, aún cuando el conjunto de los recursos que tuvieron a su disposición las fuerzas armadas declinó con el tiempo considerablemente Quinto, los líderes civiles incrementaron su dependencia del apoyo de los militares especialmente en asuntos de política interna, cuando declinó la legitimidad de las instituciones políticas establecidas, incluyendo la presidencia misma Públicamente, si la alianza de los civiles con los militares fue mayor o menor, cada presidente elogió la lealtad y el patriotismo de los militares no sólo al expresarle a los militares la importancia de su fidelidad, sino al reforzar ese valor a los ojos del público en general Ambos, el cuerpo de oficiales y el mexicano promedio vieron la subordinación de la autoridad al liderazgo civil como natural y legítima (Reproducido con permiso, del libro "Los general en Palacio", de Roderic Ai Camp) Traducción de Midiala Rosales

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