Análisis político: Ajedrez capitalino

miércoles, 20 de febrero de 2002
México, D F (apro)- Los medios de comunicación capitalinos, manejados en su mayoría por intereses empresariales o priistas que en la actualidad se acogen al poder panista, no pierden oportunidad para desacreditar las acciones, propuestas y actitudes del gobierno perredista de López Obrador El horario de verano, las estadísticas sobre seguridad pública, la omisión del cobro de multas por el seguro automovilístico, el segundo piso del Periférico y, la semana pasada, el nombramiento tentativo de Francisco Garduño como secretario de Seguridad Pública del Gobierno del Distrito Federal (GDF) son sólo algunos ejemplos de las campañas mediáticas enderezadas contra el gobierno capitalino que, en numerosos programas televisivos, alcanzan visos de linchamiento No es para menos, si al limitado poder publicitario del GDF se agrega el hecho de que, a diferencia del gobierno foxista, el de López Obrador al menos trata de cumplir con las promesas de campaña El contraste puede verse en las encuestas De acuerdo con un sondeo realizado por el periódico Reforma, los mexicanos que apoyan el trabajo del Presidente descendió de 61 a 48 por ciento entre diciembre de 2001 y enero de 2002 Y en una encuesta encargada por López Obrador, cuyos resultados coinciden en líneas generales con los de Reforma, el jefe de Gobierno obtuvo una aprobación de 619 por ciento mientras que Fox sólo consiguió 402 Realizada a finales de enero, esa encuesta preguntó: ¿Con cuál de los dos gobiernos está usted más de acuerdo? El del Distrito Federal obtuvo una calificación de 438 por ciento, mientras que el de Fox apenas llegó a 181 Y en el aspecto relativo a la credibilidad, lógicamente, hubo resultados similares: 419 por ciento para López Obrador y 185 por ciento para Fox Más allá de las diferencias políticas e ideológicas que separan a ambos gobernantes, tales cifras ayudan, asimismo, a explicar el clima de confrontación que el secretario de Gobernación y el presidente de la República atizaron en torno al nombramiento del secretario de Seguridad Pública Si Fox ya no gana puntos con sus acciones ni con su discurso, ahora cree poder hacerlo desacreditando a los demás o aprovechando los errores de quien le lleva la delantera Es cierto que López Obrador se adelantó y no cumplió con las formalidades para designar a Francisco Garduño como nuevo encargado de la seguridad, pero los medios trataron de olvidar el hecho de que, cuando hizo el anuncio, advirtió a los reporteros: "Vamos a actuar conforme a la Constitución Les recuerdo a ustedes que el jefe de Gobierno propone al secretario de Seguridad Pública y el nombramiento lo suscribe el Presidente de la República" La impresión que el foxismo y los medios dejaron en la gente es que López Obrador se estaba saltando al Presidente y que, en consecuencia, debía ser frenado a toda costa En un comunicado, Creel lo acusó de violar la ley, y dijo que, desde que aquél asumió el poder, ha aumentado la delincuencia Y Fox, por su parte, "ratificó lo expresado por la Secretaría de Gobernación" Cuando López Obrador se convenció de que su propuesta sería vetada, decidió nombrar de inmediato ?la misma semana pasada, como en una jugada de ajedrez-- a uno de sus activos de reserva, Marcelo Ebrard, subsecretario de Seguridad Pública Y este lunes, en Los Pinos, el presidente y el jefe de Gobierno acordaron que el propio Marcelo Ebrard fuera el secretario El hecho es que, al parecer, la informalidad y aparente precipitación de López Obrador era una manera de presionar para que el Congreso de la Unión revise y apruebe la iniciativa de reforma que le fue turnada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, ya que ésta otorga a la ALDF y no al presidente de la República la facultad de ratificar o rechazar al titular de ese puesto Tal ordenamiento sería fundamental no sólo para que el gobierno capitalino opere con la libertad y la autonomía indispensables, sino también para que el propio gobierno de Fox pueda responsabilizar plenamente a López Obrador, como pretende, de sus malos resultados Por lo pronto, aparte de que López Obrador consiguió que el secretario de Seguridad Pública fuera uno de sus colaboradores, y a Francisco Garduño lo cambió de escaque para dejarlo como secretario de Transporte y Vialidad, ha logrado, asimismo, otro argumento en su favor: Cuando el gobierno de Fox y los medios de comunicación asociados reprochen al capitalino la inseguridad de la ciudad --el tópico predilecto de sus opositores políticos--, López Obrador podría argüir que el propio presidente de la República es corresponsable del problema Aunque, desde luego, en este como en los demás asuntos, la ciudadanía espera, más que espléndidas justificaciones, soluciones verdaderas18/02/02