La panacea de Bush

jueves, 21 de febrero de 2002
George W Bush es otro Desde que hace poco más de un año tomó posesión en una situación de bastante apremio, se ha levantado literalmente como el Ave Fénix de las cenizas de las Torres Gemelas y el Pentágono Y es que, con toda su cauda de destrucción y muerte, si para alguien han arrojado un saldo ganancioso los atentados del 11 de septiembre, es para el presidente norteamericano ¿Quién se acuerda, por ejemplo, de aquellas críticas y chistes iniciales que se cebaban en su ignorancia e impericia en cuestiones de geografía y política exterior? Mucho seguramente habrá aprendido Bush y otro tanto se habrán esforzado sus asesores en ilustrarlo a raíz de la crisis mundial desatada, de la campaña en Afganistán y de otras por venir para combatir el terrorismo Pero, sobre todo, nadie se atreve ahora a burlarse del que se ha convertido en el líder que encabeza la defensa de la nación y del mundo libre Hacerlo no sólo sería de mal gusto, sino que iría contra el patriotismo que se exige de todo buen norteamericano Tampoco se habla ya de la dudosa legitimidad con que llegó a la presidencia Aunque un equipo de medios escritos y electrónicos se dio a la tarea de investigar a posteriori qué hubiera pasado si se hubiera llevado hasta el final el conteo de votos en la Florida y llegó a la conclusión de que Al Gore hubiera ganado no sólo el voto popular, sino también los votos electorales necesarios para ser presidente Con los atentados el caso quedó sellado Hasta el propio Gore y el expresidente Clinton manifestaron que no era momento de divisiones, sino de cerrar filas en torno de quien formalmente tenía el mando Lo mismo sucedió con la sociedad Lastimada y dividida por el desaseado proceso electoral, por los escándalos gubernamentales y por las contrapuestas plataformas electorales --que por momentos llevaron a enfrentarse a los sectores más radicales de los espectros republicano y demócrata-- volvió a unificarse bajo el manto del desconcierto y el miedo Un presidente en quien al inicio sólo sus incondicionales confiaban, ha alcanzado niveles inéditos de aprobación de un 90% A nivel de su afianzamiento personal no le pudo, pues, ir mejor a George W Bush Pero en sus programas de gobierno los atentados terroristas han jugado también un impulso favorable Descendiente de una estirpe y un partido guerreristas, el junior nunca ocultó cual sería su línea de acción En la Convención Republicana de agosto de 2000, el candidato Bush evocó los buenos tiempos en que se combatía con decisión a los enemigos externos "Mi padre --dijo-- fue el último gran presidente de una generación de americanos que ocuparon playas, liberaron campos de concentración y nos protegieron del mal" En su opinión, esa capacidad se había erosionado con la administración demócrata, por lo que "ahora el ejercicio de la influencia norteamericana en el mundo es titubeante" Había, pues, que recuperar el liderazgo y para ello, consideró, "cuando Estados Unidos ejerce la fuerza en el mundo, la causa debe ser justa, el objetivo claro y la victoria aplastante" Anunció, por lo tanto, que de llegar a la presidencia se encargaría de reforzar el equipamiento y mejorar el entrenamiento de las Fuerzas Armadas, para lo cual solicitaría un incremento en el presupuesto militar Si esta solicitud probablemente hubiera enfrentado obstáculos en tiempos normales, ahora con toda la política, interior y exterior, volcada hacia el combate al terrorismo, se ha convertido en una prioridad Así, en la primera semana de febrero Bush lanzó un presupuesto nacional que, sin ambages, puede ser considerado como "de guerra", ya que la quinta parte --407 mil millones de dólares-- está dedicada a los ámbitos de defensa y seguridad, en detrimento de otros programas de contenido social y pese al evidente déficit presupuestal que habrá de acarrear Aunque se esperan críticas y fuertes debates en el Congreso, hay pocas dudas de que sea aprobado, ya que los demócratas no desean pasar como "antipatrióticos" en un año electoral Si buena parte de esta multimillonaria cantidad efectivamente se destinará a acciones específicamente antiterroristas, tanto fuera como dentro de Estados Unidos, la administración Bush ha aprovechado también el sesgo del terrorismo para sacar adelante programas militares que ya tenía previstos, como el controvertido escudo antimisiles Para lograr que todo converja en el mismo enfoque, en fechas recientes Bush no titubeó en señalar a Irán, Irak y Corea del Norte como parte de un "eje de maldad" dispuesto a proporcionar a terroristas armas de destrucción masiva, incluidas por supuesto las nucleares Cabe señalar que estas tres naciones ya estaban mucho antes de los atentados en la lista de "indeseables", junto con varios otros países donde se presume que células del integrismo islámico encuentran cobijo, como Somalia, Nigeria, Sudán, Yemen, Siria, Líbano o Libia En ninguno de estos puntos se descarta una intervención a conveniencia de tropas estadunidenses, como la que de hecho ya se está llevando a cabo en Filipinas contra el grupo Abu Sayyaf, encubierta en el marco de dos tratados de defensa y asistencia recíprocas Valdría quizás la pena, en este punto, subrayar la discrecionalidad con que se está manipulando la amenaza del terrorismo En el de filiación islámica, por ejemplo, está ampliamente documentado que existen grupos de esta naturaleza, algunos inclusive vinculados con Al Qaeda, en países como Arabia Saudita, Egipto, Argelia o el propio Pakistán En ninguno de estos ha dicho Estados Unidos que va a intervenir ni los ha acusado de ser entes malignos, probablemente porque son sus aliados Tampoco se ha metido con los chechenos, porque es "un asunto interno de Rusia", ni con los albano-kosovares, que ante el mundo fueron las víctimas de Milosevic y a los cuales, en principio, deberían estar controlando las fuerzas de la OTAN De hecho, la campaña de Bush, aunque ha convocado a todo el mundo a unírsele, no contempla el terrorismo que afecta a otras naciones, sino sólo a sí mismo Así, prácticamente nada se ha mencionado sobre alguna cooperación para combatir a la ETA en España, al ERI en Gran Bretaña o a las sectas de iluminados que lanzan gases venenosos en los transportes de Japón Tampoco se trata de malquistarse con los amigos en su propia casa Y por lo que toca al conflicto del Medio Oriente, donde el terror es el arma del día a día, se le está dejando correr a conveniencia, como instrumento de presión No tan bien le ha ido a América Latina, considerada como el espacio hegemónico natural de Estados Unidos Agotada la "amenaza comunista", el combate al narcotráfico se convirtió en el nuevo Caballo de Troya, pero ahora ya se incorporó también la lucha contra el terrorismo De hecho ya lo dijo el pasado martes 12 George W, "si se combate a las drogas, se combate al terrorismo" Puesto el énfasis más en la oferta que en la demanda, varias naciones latinoamericanas pueden considerarse en la mira Y peor, si todavía tienen remanentes guerrilleros Colombia es, sin duda, el ejemplo por antonomasia Con tres de sus grupos armados (FARC, ELN y AUC) incluidos en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado, un inextirpable comercio de drogas, secuestros, atentados y violencia política a la orden del día, el escenario está puesto para la intervención norteamericana Más bien, ésta ya está en marcha Hasta ahora, dentro del llamado Plan Colombia, se trazaba una frontera entre el combate a las drogas y el combate a la guerrilla Con la nueva definición de terrorismo, ésta queda peligrosamente borrada El modelo podría fácilmente extenderse a otros países con esta doble problemática, como Perú, donde los vestigios de Sendero Luminoso conviven con traficantes de drogas y de armas También podría ser Bolivia, donde a pesar de la presencia estadunidense, los combativos campesinos se han negado a dejar sus cultivos de hoja de coca En días recientes la CIA calificó directamente a Colombia, Argentina y Venezuela como "peligrosos" para los intereses de Estados Unidos y, por supuesto, está Cuba, que a pesar de haber ofrecido su ayuda y no poner ninguna objeción a la presencia de prisioneros talibanes en la base de Guantánamo, está considerada de "no hacer suficiente contra el terrorismo" Con el fin de enfrentar estas y otras "amenazas" en unos 80 países, hace poco se aprobó un nuevo programa que faculta a la CIA para realizar operaciones militares letales, como parte de la guerra contra el terrorismo Además, Washington ha impartido durante los últimos cinco lustros cursos especiales a unos 25 mil miembros de los servicios de seguridad de 117 naciones, bajo el llamado Programa de Asistencia Antiterrorista Maquinaria que hoy cobra una especial dimensión Pero, aparte, está la presencia en el gabinete de Bush de un compacto grupo de elementos pertenecientes a las áreas de defensa y seguridad nacional desde las épocas de su padre (Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Rice, Powell), decididos a convertir el fenómeno terrorista en una crisis de seguridad global, que le permita a Estados Unidos intervenir donde y cuando mejor convenga a sus intereses Hasta aquí todo bien para el núcleo duro de la administración norteamericana Pero no necesariamente seguirá así Sus aliados incondicionales en la primera hora de los atentados ya empiezan a dar muestras de disgusto ante el empecinamiento de Washington de centrar todas sus acciones en función del terrorismo y tomar decisiones de manera unilateral "Simplismo político", lo llamaron en Francia, pero toda la Unión Europea empieza a tomar distancia Rusia y China, que tienen sus propios intereses, concuerdan con esta visión y ni hablar de la molestia de muchas naciones árabes-musulmanas, que se ven arrastradas por una estrategia que no las toma en cuenta ni mucho menos las beneficia En el plano interno tampoco existe ya la cohesión de los primeros días El escándalo de la quiebra de la empresa Enron, que vincula al propio Bush y a varios miembros de su gabinete con un inocultable tráfico de influencias, puede develar, precisamente, los oscuros apetitos que ligan al sector de la energía, sobre todo el petrolero, con la campaña antiterrorista Un bocado que los demócratas difícilmente van a dejar pasar, sobre todo en un año electoral en que los republicanos cifran su triunfo en el actual éxito presidencial Pero aparte, surgen ya críticas por el manejo de la economía El senador Tom Daschle (demócrata) acusó a Bush de "irresponsabilidad fiscal", de ahondar la recesión y de beneficiar a los ricos en detrimento de los pobres Situación que habrá de agravarse con el enorme déficit presupuestal que producirá el desorbitado presupuesto militar Y hasta Al Gore, que había mantenido prudente silencio, abrió la boca para censurar el maniqueismo y la unilateralidad de la política exterior Neutralizado Afganistán, empieza apenas la segunda fase de la lucha contra el terrorismo Pero pasada la contingencia, cada actor volverá a anteponer sus propios intereses A menos, claro, que surja una nueva crisis Ojalá no sea ésta la apuesta

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