Julio Scherer: Maestro del oficio

miércoles, 20 de marzo de 2002
El Premio Nuevo Periodismo 2001, otorgado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y Cemex, se le ha concedido al mexicano Julio Scherer García, en la categoría de Homenaje Esta distinción se otorga por vez primera El sentido, a fin de cuentas, único de este reconocimiento es dar noticia de trayectorias ejemplares Scherer es parte fundamental de la tradición del periodismo crítico que, pese a todo, se ha implantado en México El pese a todo apunta a la Era del PRI que, en la prensa, la radio y la televisión buscó eliminar la información veraz y sólo admitió y recompensó la complicidad y el ánimo incondicional Sobre todo a partir del gobierno de Manuel Ávila Camacho, al "periodismo nacional", esto es, de la capital de la República, lo distinguen las ambiciones de muy corto plazo, el uso de la vanidad como contraparte del servilismo, la falta de profesionalismo (manipular es tarea que no demanda formación profesional) y la alabanza de los poderes, instituciones clericales incluidas Scherer nace en la Ciudad de México en 1926, estudia filosofía y derecho y muy joven ingresa a Excélsior, donde se forma y asciende de manera sostenida A Excélsior entonces lo señalan la vocación de impunidad de sus directivos y de muchos de sus reporteros, la obediencia al gobierno en turno, y algunas figuras del pintoresquismo, la picaresca o la franca atrocidad El director es Rodrigo de Llano, el Skipper que despacha desde la sobremesa del restaurante Ambassadeur, el director adjunto es Gilberto Figueroa, del que sólo se recuerda el nombre, y el reportero estrella es Carlos Denegri, cuya prepotencia y abusos incontables corresponden a un periodismo de lectores carentes de toda alternativa En ese medio, el nombre de la calle, Bucareli, es sinónimo de un "Cuarto Poder" caracterizado por la diseminación de rumores que son avisos de exterminio político, por las campañas de linchamiento moral de los disidentes y por la condición muy extendida de los periodistas como egresados o porros de la Universidad de la Vida En Bucareli, Scherer observa, amista con los políticos (algo inevitable entonces), y es el reportero ubicuo que, típica y clásicamente, vive en universos de 24 horas Los alcances de Excélsior son muy considerables, es el medio expresivo de la Corte feudal que el Presidente escoge como la sociedad deseable El único signo de resistencia interna a ese periodismo es, literalmente, el mantenerse distante de la corrupción, así por obligación profesional se trate a los corruptos y corruptores Con Manuel Becerra Acosta hijo y Alberto Ramírez de Aguilar, Scherer integra el equipo que cada semana describe los ascensos y descensos de una "clase política" centrada en las maniobras facciosas y, sobre todo, en la búsqueda del favor del Mero Mero, el Señor Presidente, el gran dispensador de bienes y desgracias Scherer trata a don Adolfo Ruiz Cortines, al licenciado Adolfo López Mateos, al licenciado Gustavo Díaz Ordaz, al licenciado Luis Echeverría y observa la transformación de sus frases en tratados filosóficos "Perdón Investidura", exclama Ruiz Cortines antes de decir una "mala palabra", y López Mateos le encomienda la manufactura de sus apotegmas a su secretario de Educación Jaime Torres Bodet Si Ruiz Cortines no siembra para él, siembra para México, López Mateos sitúa por unas semanas su gobierno a la extrema izquierda de la Constitución de la República y promete: "En el petróleo nacionalizado, ni un paso atrás" Y Echeverría lanza el lema sin significado posible: "Arriba y adelante" ¿Qué funciones desempeña el periodismo nacional y más específicamente Excélsior en el período 1940-1968? Si la censura, el elemento dominante entonces, extirpa toda vida informativa genuina en la provincia, en la capital apenas se permiten críticas selectivas y un sentido del humor con límites muy claros Lo demás es lo obvio: al concebirse la vida pública como el espacio de mando y entretenimiento del Presidente de la República, a la prensa "nacional" se le concede la jerarquía ocasional de las noticias, algunos señalamientos y reparos indispensables para aliviar la presión social, y las "bufonerías" de los caricaturistas Hasta allí ¿Qué le toca a los lectores? Informarse entre líneas ("¿Ya leíste el periódico? Dicen que no pasó nada, así que la represión debió estar durísima"), hablar mal del régimen en privado, filosofar con regularidad a propósito de "los errores de los hombres que difaman a las instituciones", elevar el chisme a la categoría de maná noticioso, sumarse a la condena de "los subversivos", y de vez en cuando filtrarse entre los resquicios de la libertad de expresión En ese paisaje, Scherer, entusiasta nato, se concentra en el reportaje, entonces el aprendizaje más sistemático del país, y es ?algo excepcional en ese instante? un interlocutor privilegiado que dialoga con los dueños certificados del país sin someterse a su nómina, es decir, sin obligarse al "respeto de ventanilla" A Scherer le toca ver de cerca la más bien grotesca "rueda de la fortuna" donde los políticos que hacen de la adulación su "clientela electoral" ascienden o descienden entre oleadas de amargura o triunfalismo pero sin una queja en público Scherer, y la prueba de lo siguiente es la continuidad ampliada de su prestigio, no participa de la corrupción En esos años, la única defensa que se registra contra la impunidad es la fama pública de honradez 1968-1976: de las virtudes del periodismo posible ¿Cuál es el destino de un periodismo donde la crítica sucede a contracorriente? La respuesta es obvia y difícil de concretar: ese periodismo da a quienes lo ejercen la recompensa del deber cumplido, algo no muy satisfactorio entonces a juzgar por la docilidad de la mayoría En 1968, Scherer y su grupo luchan por la dirección de Excélsior, se entrenan en las sinuosidades de la Cooperativa y triunfan sobre un grupo de ultraderecha, promotor de campañas antisemitas y hostigador profesional de la izquierda Ese grupo se empeña en crearle a Scherer el aura de "rojillo", por firmar en 1960 un documento de protesta contra la represión policiaca a los estudiantes y profesores de la Normal de Maestros, por entrevistar largamente a David Alfaro Siqueiros en la cárcel de Lecumberri, por no aceptar las andanadas de la Guerra Fría Al frente de Excélsior desde el 31 de agosto de 1968, Scherer, con la celeridad que permiten las tradiciones del sometimiento, modifica las reglas del juego, y una de sus primeras medidas es suspender la venta tarifada de las ocho columnas (Tose were the days, my friend, we thought they never end, como dice la canción mixteca) A las semanas, el Excélsior renovado se sumerge en "la prueba de fuego" Estalla el Movimiento estudiantil y el gobierno de Díaz Ordaz apresta su maquinaria de desprestigio y aplastamiento Allí está el enemigo, allí se mueve la hidra subversiva, allí actúan los boicoteadores de los Juegos Olímpicos Scherer consigue entonces el logro posible: abstenerse del clima de histeria, no hacer de Excélsior una institución victimaria No se apoya abiertamente el Movimiento, no se le difama por sistema El 2 de octubre es el hecho crucial Al día siguiente, el nuevo espíritu de Excélsior se expresa con el cartón (la ausencia de cartón) de Abel Quezada: un rectángulo negro intitulado "¿Por qué?" Sin programa específico de por medio, el diario modifica su línea en respuesta al 2 de octubre, no por completo pero sí en su intención central Cambia ostensiblemente la índole de buen número de reportajes y el tono de la página editorial se modifica gracias a colaboradores, como el historiador Daniel Cosío Villegas y Alejandro Gómez Arias, líder legendario del movimiento por la autonomía universitaria Lo que significa Excélsior en esta etapa no es fácil de comprender ahora, normalizada la crítica devastadora y cuando ya nadie, ni siquiera el cortesano más ferviente, considera "sacrilegio" el enjuiciamiento de los actos del Presidente de la República o del Ejército (Lo usual en 1968 es la actitud que puede resumirse así: "El Presidente es falible porque es humano, pero es infalible porque es el Presidente de la República") Scherer alienta la crítica y la desacralización, y esto, en un periódico que dista de pertenecer a la oposición, es ?para usar el lenguaje de la época? "un salto cualitativo" Las circunstancias son inesperadas y previsiblemente distintas Si Díaz Ordaz termina atrapado por la demencia autoritaria, Luis Echeverría quiere convertir su autoritarismo en una trampa, y a su sexenio lo distinguen la memoria del 2 de octubre, la falsedad de "la Apertura Democrática", la guerra sucia, la insubordinación del empresariado que lo culpa de los asesinatos de Eugenio Garza Sada y el empresario de Jalisco Fernando Aranguren Echeverría se indigna progresivamente con Excélsior e incluso le molestan los artículos de crítica muy elemental de Gastón García Cantú No es de extrañar El temperamento de Echeverría proviene de la educación burocrática en la obediencia, y por eso entiende muy a medias los cambios que provoca el 68 La distancia entre el Presidente y el Periodista se ahonda, y abundan los signos de la catástrofe inminente El empresario Juan Sánchez Navarro promueve un boicot de anunciantes, y Echeverría, muy en su papel de redentor profesional, se ofrece para remediar la situación Pero la conciliación es imposible Scherer está decidido a dirigir Excélsior, no a que lo dirijan desde Los Pinos, y Echeverría, maestro de la intriga evidente (es decir, un exitoso delator de sus propias maniobras), da la orden y se desencadena la "acción rápida": invasión de los terrenos de Excélsior en Paseos de Taxqueña por un grupo de agraristas de encargo, ofrecimientos a los sediciosos de la Cooperativa, campañas difamatorias en radio y televisión Scherer no cede, y el 8 de julio de 1976 se produce el golpe a Excélsior Un grupo de la Cooperativa interpreta el rugiente papel de turba linchadora, eleva a los altares de la dirección y del desprestigio al director de la Extra, Regino Díaz Redondo, y le da la oportunidad a Echeverría de fingir inocencia, su rol más constante y, por desgracia para su récord escénico, menos convincente Scherer y su grupo abandonan Excélsior y el momento es definitorio De allí en adelante, la protección presidencial será, desde la perspectiva de los lectores, la especie que emerge con brío, el infalsificable "beso de la muerte" "Proceso": y sin embargo aparece En los días siguientes al 8 de julio, Scherer, muy a su pesar, se convierte en un símbolo Octavio Paz y el grupo de Plural, en un gesto de solidaridad, renuncian y la publicación prosigue su ya magro destino dirigida por Jaime Labastida Muchísimos lectores renuncian a la suscripción de Excélsior y el diario pierde toda credibilidad El director de Siempre!, José Pages Llergo, ofrece a los expulsados las oficinas de la revista En medio del acoso de Echeverría, envuelto hasta lo último en la inarmonía de sus palabras y sus acciones, se organiza el semanario Proceso, que aparece el 6 de noviembre de 1976 El triunfo de Echeverría, en lo que respecta al periodismo crítico, es más que efímero El 6 de noviembre de 1996, Scherer renuncia a la dirección de Proceso Imposible resumir 20 años en una cuantas líneas, pero en ese tiempo la revista es la vanguardia de la tendencia que el 2 de julio de 2000 consagra: hacer de los medios críticos una parte sustancial de la noticia Enfrentado al presidente José López Portillo, irritado en demasía por algunos reportajes ("No pago para que me peguen", es su frase, que sólo tendría sentido si la pronunciase el mismísimo erario de la Nación), Proceso deposita su crecimiento en los lectores, los que siguen los reportajes como parte de su propia biografía (el periodismo como intimidad informativa), los que encuentran la síntesis inmejorable de los acontecimientos en los cartones de Rogelio Naranjo, los que ?no sin críticas y extrañamientos? van normalizando su relación con la crítica, que pasa de sorprendente a exigible En Proceso, la acción de Julio Scherer es fundamental Sin duda comete errores, los propios de un periodismo que jerarquiza la realidad cada semana, pero sus aciertos son numerosos, y de ellos tienen noticias abundantes el lector de esta revista Al tiempo de su labor informativa, Scherer publica libros de reportajes: Siqueiros: La piel y la entraña (1966), Los presidentes (1986), Historias de familia (1990), Estos años (1995), Salinas y su imperio (1997), Cárceles (1998), Parte de guerra (1999), Pinochet, vivir matando (2000), y Máxima seguridad (2001) Julio Scherer García es un maestro del oficio, y de esto, en lo básico, sólo él tiene la culpa

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