La noche triste del Real Madrid

miércoles, 6 de marzo de 2002
El Real Madrid se ha atragantado de sí mismo en el día más emotivo de su historia El club que triunfa por necesidad fisiológica ha perdido la Copa del Rey justo después de apagar 100 velitas sobre el pastel El Deportivo La Coruña ha ido a su casa de Chamartín para despojarlo del último trofeo de su primer siglo El 1-2 de esta noche en el Bernabéu vino a aguar la feria con la que el equipo blanco quiso presumirse ante un mundo que hace dos años lo reconoció como el mejor club de todos los tiempos y dejó en efeméride lo que pudo ser una larga noche en la Cibeles El Madrid de Vicente del Bosque no ha podido descifrar a un equipo con poco pasado, pero con mucho presente Un Super Depor, en azul y blanco, altanero, con más afanes de protagonista que de comparsa, ha revivido a Kafka y le ha dado el trabajo de escribir el absurdo juego final de un torneo de copa dispuesto para la beatificación merengue Un aforismo, eso fue lo que sucedió hoy en Madrid: el equipo que gana por vocación solamente puede perder por esoterismo o metafísica ¿De qué otra manera explicar lo que ha sucedido esta noche madrileña? El destino había trabajado como maestro de ceremonias para una noche de gala Había dispuesto no sólo que las fechas del festejo y de la final de la Copa del Rey coincidieran, sino que se las arregló para que el sorteo de la sede del partido cayera en Madrid No sólo en Madrid, más aún: en el Santiago Bernabéu, la casa del festejado ¿Qué era lo único que tenía que hacer el equipo blanco? Ganar, lo que ha sabido hacer tan bien ¿acaso no dice eso su vitrina mitológica en donde se divide en trofeos la distancia que hay entre la Tierra y la Luna? Para el Madrid, poseedor de siete títulos de Europa, el triunfo es un patronímico Ha ganado todo lo que es posible ganar en este mundo, con excepción de la Recopa de Europa, torneo que por lo demás ya no existe El niño aplicado, acostumbrado a las menciones honoríficas, tenía que llegar al examen de la Copa como si éste fuera un asunto rutinario, un día difícil en la oficina cuando más, un trámite por despachar en horas, dos horas de trabajo pero nada más A la noche, lo obligado, la champaña, los abrazos y la Corona del Rey en la cabeza, como siempre, como casi siempre El Madrid, esa cosa sin lunares, esperó lo que era de esperarse Todos los equipos se juegan una final contra él, esta vez El Depor se la jugó en serio, en serio era una final Pero cuando todo el mundo cree saber lo que es una final, El Depor hizo una reedición de la palabra: una final es una manera de joder un centenario, una forma de echar a perder una gran noche, un malintencionado pastelazo en un feliz cumpleaños Ante un Madrid todavía con la servilleta en el cuello, El Deportivo sacó sus más groseros gestos Primero apretó la marca, luego reforzó el pressing y después envolvió las peores patadas en papel celofán Y les puso dedicatorias Unas contra Raúl, otras contra Zidane y otras contra Roberto Carlos Los Merengues, dispuestos siempre a respetar los acuerdos de Ginebra, no repelieron las primeras ofensivas, hasta que Raúl estuvo a punto de echarse de la cancha por responder un par de patadas de Mauro Silva Según el presidente Florentino Pérez, El Madrid no hablaría de festejos hasta que el capitán Hierro alzara la Copa Pero en la tribuna no se hablaba de otra sino de la consecución de la gloria Ala Madrid, ala Madrid Mientras el Real Madrid hacía lo posible por encontrar el frac, el Deport se encargaba de hacer el primer gol cuando el partido no dejaba la lactancia Parecía que las manos de los dioses menores se interponían en el decreto del destino, esta noche el Madrid no ganaría Valerón, il duce del Depor, hizo lo que quiso con la defensa blanca Y al minuto cinco brindo a Sergio la oportunidad de abrir el marcador Nunca se cerraría la ventaja Antes de que el Madrid encontrara la corbata, el Depor ya había hallado el segundo con la bota de Tristan Y otra vez con un disparo entre las piernas de César, el arquero sustituto de Del Bosque Si bien es cierto que con el traje puesto el Madrid despertó y sacó del armario las grandes avanzadas por los costados, sobre todo por el izquierdo, no menos es que ya era demasiado tarde, la sicología estaba del lado de los gallegos Y pocas veces un equipo tan entusiasmado ha perdido la eternidad El Depor no sólo no perdió el perpetuo terreno de la victoria sublime sino que hizo una barda para venerarse Kafka lo hubiera dicho así La menor manera que tiene un equipo ganador para festejar su omnipotencia es perdiendo, perdiendo y haciendo grande al otro Si la vida fuera como la ha interpretado el Real Madrid, todos los seres humanos tendrían carta de buena conducta Desgraciadamente para el Madrid, el mundo sigue rigiéndose bajo los caprichos del paganismo Madrid no fue una fiesta 06/03/02

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