Venezuela: entre la guerra civil y el no pasa nada

viernes, 12 de abril de 2002
Caracas - Venezuela, un país dividido El clima de fin de año era de intransigencia Había quienes presagiaban un escenario de conflicto de clases sociales y señalaban que una guerra civil estaba a la vuelta de la esquina Había otros que creían que, como se trataba de un país "alkaseltzer", las aguas volverían poco a poco a su nivel Cada vez que el presidente Hugo Chávez hablaba en cadena de radio y televisión, las cacerolas sonaban en las principales ciudades Es más, en el centro de Caracas se vendían cassettes y discos compactos con "música de cacerolazos", para que el esfuerzo fuera menor y no fuera necesario dar la cara a la hora de manifestarse Mientras, otros grupos --en general de clases menos pudientes y marginales?manifestaban su apoyo al mandatario La prensa internacional se dedicó a propagar la inminencia de un presunto golpe que derrocaría a Chávez, a quien acusaban de "autoritario", "cómplice de la corrupción militar" y "amigo de terroristas" Y especulaba que Chávez llamaría a nuevas elecciones antes de marzo próximo Para los chavistas y los antichavistas, cualquier moderado, o quien llamara a un diálogo, era un impertinente Había dos vertientes sobre las que trabajaba la oposición, que se esmeraba --obviando cualquier definición de democracia-- en salir como fuera de Chávez: declararlo insano o loco, o demostrar que el país era ingobernable y hacía falta algún generalote salvador, con cara de Pinochet Dirigentes sindicales y empresariales --con el apoyo de la prensa-- lograron una peculiar alianza: un paro nacional de 12 horas para el 10 de diciembre, justo un día antes de que comenzara la Cumbre de los Estados Caribeños en la isla Margarita y a la que no asistiría el mandatario mexicano Vicente Fox, quien en su representación envió a su secretaria de Turismo, ¿Y después del 10 qué? El paro obrero-empresarial, una medida sin precedentes en este país, respondió a la aprobación "precipitada e inconsulta" de cuatro docenas de leyes, la mayoría de carácter económico, por parte de Chávez, mediante los poderes especiales que le atribuyó una ley del parlamento el año anterior La fuerza laboral en Venezuela es de 10 millones de personas Fedecámaras dice emplear a 80 por ciento, pero el desempleo es de 15 por ciento y el empleo informal de 50 por ciento Lo cierto es que ninguno de los convocantes al paro tenía respuestas para la pregunta clave: ¿y después del 10, qué? Carlos Ortega --que ganó la presidencia de la central de trabajadores en elecciones donde se "extraviaron" 22 mil actas-- exigió un diálogo mientras acusaba a Chávez de "demente", al igual que políticos de oposición e incluso periodistas que se confundían con sus editores en este festival de histeria antichavista "¿Acaso él quiere una guerra entre hermanos, una guerra civil?", preguntó Ortega "No se trata del interés individual de los sectores económicos, sino de un movimiento global que le dice no a esta vía hacia la cual se nos trata de empujar sin un adecuado proceso de consultas", señaló por su parte el presidente de la central empresarial Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, quien insistió en que estaba "lanzando flotadores para salvar la institucionalidad democrática" El ministro de Defensa José Vicente Rangel, encargado de conducir un diálogo --hasta ahora de sordos? entre las partes, dijo a Apro que no sabía qué era lo que se buscaba: "¿una cadena de paros indefinidos, insurreccionales, desestabilizadores, meter el país en una confrontación que puede conducirnos al abismo?" Algunas trasnacionales se sumaron a la medida contra Chávez El vicepresidente de la Cámara Venezolano-Americana, Antonio Herrera-Vaillant, argumentó que "el verdadero paro es el de las inversiones, del crédito y del empleo que ya estamos sufriendo, no un día, sino varios meses" Por prudencia y no por un mensaje hacia la política interna, lo más probable era que una enorme cantidad de esas empresas pararan completamente o simbólicamente Sorpresivamente, el departamento de Estado norteamericano advirtió a sus ciudadanos sobre un eventual clima de violencia en Venezuela, a fin de que se alejaran lo más posible de este país hasta el 10 de enero Coincidentemente, el secretario general de la OEA, el colombiano César Gaviria, expresó su "preocupación" por el futuro de la democracia en Venezuela, ante la falta de diálogo entre el gobierno, el empresariado y los sindicatos Para el analista Rubén Armendáriz, lo que se trataba era de aislar internacionalmente a Chávez A ello se sumaría, en las siguientes semanas, "una denuncia española sobre la protección de terroristas de la ETA --fugados de México y de República Dominicana-- que da el gobierno venezolano lo que ya viene preparando la prensa hispana" El reto de Chávez Al principio, el lenguaje del presidente Chávez fue duro: "Los reto a que paren el país a ver quien es el que puede más, si la oligarquía o el pueblo venezolano", dijo mientras otorgaba títulos de propiedad de la tierra a cientos de campesinos y los invitaba a marchar sobre Caracas el mismo día del paro Luego de varios enfrentamientos verbales, Chávez señaló que "los sectores pudientes se unen contra nosotros para tratar de que rectifiquemos, según ellos Sí, nosotros estamos dispuestos a rectificar, pero si para algunos rectificar es eliminar la Ley de Tierras, entonces no hay rectificación Hay millones que esperan el 10 de diciembre por la promulgación de la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario" Sin embargo, dejó una ventana abierta: señaló que existían recursos en la democracia para buscar la perfectibilidad legal "Si hay que corregir algún artículo, alguna ley o leyes, ya eso no es potestad del Presidente de la República; allí están las instituciones, la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia", dijo El 13 de noviembre de 2000, Chávez recibió 12 meses de plazo para elaborar ejecutivamente una serie de leyes en diferentes ámbitos, y un año después presentó 49 nuevas normas, de las cuales las nuevas leyes de Hidrocarburos, Tierras y Pesca recibieron las mayores críticas de la oposición de derecha, que acusó al presidente de imponerlas sin consulta con los sectores involucrados Para el analista Manuel Felipe Sierra, "sólo en las más esclerosadas monarquías, o en el cenit de la locura bonapartista era posible que un mandatario elabore las leyes que le convienen, al margen de la sociedad y con una visión personalista del poder" Sierra destacó que esta oposición no respondía a los viejos partidos políticos, sino que estaba accionada por nuevos factores sociales: "eso es lo que no entiende Chávez, que estos factores son producto de los cambios que él mismo ha generado a lo largo de estos tres años" Para el analista, era Chávez quien estimulaba mucho la confrontación social, pero recordó que "sobre la base de la marginalidad no se puede construir ninguna revolución ni ningún país" Según los estrategas del paro, éste obligaría al gobierno a la adopción de nuevas medidas: si el paro fuera un éxito, Chávez debería afrontar la necesidad de una rectificación o acentuar las líneas centrales de un proceso revolucionario, que no tendría otro camino que reforzar su orientación militarista Pero si la jornada no obtenía los resultados que sus promotores se proponían, la oposición quedaría en la calle, en el plano de la protesta verbal El golpe Se difundieron encuestas donde su popularidad cayó en picada y los problemas económicos se le amontonaron, agravados por la caída del precio del petróleo Pero todavía en Venezuela no había político que se le arrimara a Chávez en popularidad y credibilidad Por otra parte, las cifras macroeconómicas y una amplia reserva internacional de más de 14 mil millones de dólares presagiaban apenas alguna dificultad económica para el país en el 2002 Nadie, sin embargo, dudaba que habría problemas para llevar adelante los planes sociales, base del gobierno chavista, así como para crear empleo y poner a caminar la economía nacional Políticos ampliamente derrotados en sucesivas elecciones buscaban un candidato de "reconciliación nacional", mientras una clase media trataba, obviando cualquier convicción democrática, de convencerse que si a Chávez no lo bajaba un golpe militar, lo harían sus cacerolazos La inminencia de un presunto golpe que derrocaría a Chávez y llamaría a nuevas elecciones antes de marzo próximo, convirtió al alcalde mayor, Alfredo Peña --un periodista que fue ministro de la Secretaría del hoy mandatario-- en trance de "posicionamiento" electoral Lo cierto era que no sólo los "voceros" de la oposición ?para entonces sin liderazgo, pero que aglutinaba al empresariado, medios de comunicación e incluso sindicalistas-- eran los que azuzaban la posibilidad de un golpe También lo hacía el propio Chávez, quien no perdía oportunidad para señalar que a él no le pasaría lo mismo que a Salvador Allende, ya que contaba con los tanques y los fusiles La convicción de una necesaria lucha por un mundo multipolar ?que incluía el fortalecimiento de la OPEP? y que era base de la política exterior chavista, sufrió varios golpes desde el 11 de septiembre: China entró a la OMC, y el presidente Putin de Rusia prefirió apostar a ser el abastecedor seguro del petróleo que Bush necesitaba Luego, al criticar los bombardeos estadounidenses a la población civil afgana, Chávez encontró una dura crítica de Washington y el silencio de sus colegas latinoamericanos Para algunos analistas, esto fue lo que promovió una fuga hacia adelante, hacia la confrontación con la oligarquía, en lugar de una política de convivencia que esperaban muchos El escritor Ibsen Martínez afirmó entonces que "cierta oposición sifrina", después de las declaraciones de Bush por los acontecimientos del 11 de septiembre, se puso "a esperar los helicópteros de los que saltaría Tom Hanks al frente de la Octogésima Segunda División Aerotrasportada" Para Martínez, una sublimación de esta idea intervencionista era la noción de que unas Fuerzas Armadas como las venezolanas, imbuidas desde siempre del espíritu de Fort Bragg y del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, no tardarían en manifestarse por la vía de hecho, en especial ahora que las reglas globales son las del "conmigo o contra mí" Pero todo hacía pensar que una conspiración castrense tendría lugar solamente en el sueño de algunas víctimas de los cambios estructurales realizados en Venezuela durante los tres últimos años Lo que no quería decir que muchos generales se mantuvieran, como ellos mismos reconocieron a Apro, "en posición expectante" Sin duda, Chávez dedicó un tiempo incalculable a conjurar descontentos, y en este menester, superó con creces a los presidentes anteriores como Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez Además, los analistas saben que Chávez contaba con la personal lealtad de los jefes de las cuatro fuerzas, las cinco divisiones y las 11 brigadas De las más de 70 guarniciones, el 90 por ciento le eran personalmente adictas, mientras que la Dirección de Inteligencia Militar funcionaba eficientemente y a favor del gobierno A pesar de tanto rumor y tanto chisme, ni el sector oficialista, ni los militares, ni la oposición más adversa al Gobierno creían que el presidente Chávez preparara un "fujimorazo" La actitud que tuvo en los últimos días, a causa de la supuesta "conspiración" que estarían planeando los sectores de oposición, llevaba a pensar que el deseo del jefe de Estado era "radicalizar" el proceso de revolución pacífica que puso en marcha en 1999(05/11/01)