Trabajo doméstico... Mezquina explotación

domingo, 14 de abril de 2002
México, D F (apro-cimac)- Aunque parezca mentira, en México hay un trabajo en el que la jornada laboral depende de las necesidades patronales, no se pagan horas extras, tampoco se tiene derecho a pensión ni a los servicios de salud, e incluso se puede recibir maltrato o acoso sexual y ser violentado sin que la ley respalde Como en pleno feudalismo, esta labor no remunerada, a cargo de una mayoría femenina, carece de prestigio social y es el único caso en el que los hombres no sienten temor por la competencia Cuando sí se paga, se le considera de poca monta Este es el trabajo doméstico En México son más de un millón 700 mil las mujeres que se dedican a desempeñar el trabajo doméstico de manera remunerada; de ellas, más de 143 mil se ubican en el Distrito Federal Según estimaciones, el índice de horas trabajadas a la semana por las mujeres que se dedican a esta actividad supera en doce a la de los hombres Si bien es cierto que los derechos laborales de las trabajadoras domésticas están poco definidos en el capítulo XIII de la Ley Federal del Trabajo (LFT), el derecho a un trato digno, sin importar condición económica, raza, sexo o color, es universal y nadie puede violentarlo Aunque la LFT no especifica sus derechos, la trabajadora doméstica tiene que ser tratada con respeto, disponer de una jornada de trabajo no mayor a las ocho horas diarias y no recibir maltrato, pero sí una alimentación adecuada No obstante, aunque al trabajo doméstico se le considera como una labor improductiva, es indispensable para la sociedad, ya que gracias a él las trabajadoras domésticas proporcionan las condiciones necesarias para que muchas personas realicen sus labores diarias Si el trabajo doméstico no remunerado se contabilizara dentro de la economía nacional, el producto interno bruto (PIB) aumentaría 12 por ciento, ya que cuida a las y los niños, las y los enfermos, las y los ancianos y todas aquellas cosas que hacen posible el curso de la existencia cotidiana Sólo se nota cuando no se hace Por eso, en el año 2000, la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Patricia Espinosa Torres, presentó una iniciativa de ley ante la Cámara de Diputados, en la que se propone considerar, como parte de la riqueza nacional, el trabajo doméstico; por lo mismo, se pide que se refleje también en el PIB De aprobarse la iniciativa, las mediciones que sobre el trabajo no remunerado han hecho las mujeres del Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI) podrían ser consideradas en las políticas públicas, ya que se busca tener una reglamentación desde hace por lo menos doce años Sin embargo, al parecer esto no es considerado como uno de los grandes temas nacionales Doce años para que se legisle a su favor Con prisas y de pie, las trabajadoras domésticas se alimentan en la cocina, con los sobrantes de la comida Duermen en catres con sábanas rotas y en espacios reducidos, junto a una lavadora o al calentador; todo el tiempo están a disposición de la "patrona" y no tienen derecho ni a enfermarse, y mucho menos a la maternidad: a menos que se arriesguen a ser despedidas Víctimas de discriminación, insultos, maltratos, humillaciones e incluso de abuso sexual, en pleno siglo XXI las empleadas del servicio doméstico viven al margen de la ley, sin derechos laborales de ningún tipo y en condiciones claras de esclavitud De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en el país hay un millón 700 mil trabajadoras del servicio doméstico (casi diez por ciento en el Distrito Federal) En opinión de Irene Ortiz, directora del Colectivo Atabal ?organización defensora de los derechos de este sector--, estas trabajadoras aún viven, laboralmente hablando, en el siglo XIX Pese a que el trabajo doméstico remunerado es una de las principales ocupaciones en las que se concentra la población femenina económicamente activa, la Ley Federal del Trabajo (LFT) no define los derechos laborales de ellas Para colmo, desde 1984 la Ley del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) impide su afiliación en el régimen obligatorio; en caso de una enfermedad grave o crónica, la LFT únicamente sugiere que los patrones cubran los gastos médicos hasta que alguna institución de salud pública se haga cargo de la trabajadora La desprotección en la que se deja a las empleadas del servicio doméstico no puede ser más clara Sobre todo si consideramos que en la Ciudad de México, la mayoría de ellas son de origen campesino e indígena, procedentes de Oaxaca, Chiapas, Estado de México, Hidalgo y Veracruz, principalmente Para muestra un botón Lorenza Gutiérrez Gómez, de 24 años e integrante de un grupo de mujeres mixes empleadas del hogar, denuncia el abuso de sus contratantes Lorenza comenta que las utilizan para muchas otras actividades ajenas a las del aseo, como "tender" las camas, mover sillones, regar el jardín, bañar a la mascota, ir al mercado, cuidar a los niños o adultos mayores o enfermos, cocinar, lavar los vidrios de las ventanas o hasta pulir pisos En general para ese tipo de trabajo suele contratarse personal especializado, pero a ellas no se les paga nada; ni siquiera se les considera a manera de tiempo extra "Muchas veces", dice Lorenza, "nos tienen trabajando desde las seis de la mañana hasta ya muy entrada la noche Nos piden que antes que salgamos los domingos en la mañana, les dejemos el desayuno servido; además, cuando regresamos por la tarde, estamos obligadas a limpiar la cocina "Como somos indígenas ?continúa--, no sabemos hablar bien el español y entonces las patronas nos dicen que somos brutas También nos corren de sus casas cuando sus maridos o hijos abusan sexualmente de nosotras" En busca de la reivindicación Irene Ortiz, con 15 años de lucha por reivindicar los derechos laborales del empleo doméstico, advierte que cada vez son menos las mujeres que trabajan "de planta" en las grandes residencias, con largas jornadas de hasta 14 horas Debido a la disminución del poder adquisitivo en el país, poco a poco se ha ido generalizando la costumbre de contratar el servicio doméstico por horas, por día o a destajo Como los salarios de las empleadas del hogar dependen de la zona económica donde presten sus servicios, sus remuneraciones varían desde menos de 40 pesos por día, con jornada de diez horas, hasta 200 pesos, con no más de ocho horas diarias En la búsqueda por reivindicar el trabajo doméstico, tanto el Colectivo Atabal como el Grupo La Esperanza gestionan entre líderes sindicalistas, abogados laboralistas y comisiones parlamentarias, para incluir en la LFT los derechos de las empleadas del hogar Propuesta que lleva más de doce años en el Congreso, a manera de iniciativa, y al parecer no ha despertado el interés de los legisladores Con la intención de erradicar el añejo concepto de servidumbre al trabajo hecho por "indias" o "brutas", recientemente se decidió dedicarle el 30 de marzo al Día de la Empleada del Hogar; en vez del 27 de abril, cuando se conmemoraba el Día de la Sirvienta, fecha en la que sólo algunas patronas les daban obsequios a sus trabajadoras Es tan sólo en los últimos tiempos en los que las empleadas del hogar organizadas demandan un salario digno y justo (no menos de tres salarios mínimos por ocho horas de trabajo), seguridad social y derecho a la jubilación, vacaciones, días de descanso obligatorio, pago de aguinaldo, contrato de trabajo por escrito y pago de indemnización en caso de despido Por su parte, la Asociación Nacional de Trabajadoras Domésticas propone su inscripción al IMSS, a fin de que, si llegaran a quedar embarazadas, puedan recibir su salario antes y después del parto; además, tendrían la seguridad de que no serían despedidas Otras organizaciones, como el Colectivo Salario al Trabajador Doméstico, Educación y Crianza de Hijos e Hijas, proponen que se reconozca la labor doméstica como una actividad productiva y necesaria para el Estado, e incluso para el buen funcionamiento de toda la sociedad A decir de Leticia Burgos, presidenta de la Comisión de Desarrollo Social de la Cámara de Senadores, las trabajadoras domésticas provienen de hogares hacinados carentes de servicios; por lo mismo, es muy difícil que estas mujeres obtengan otro tipo de empleo, ya que carecen de estudios De ahí que se les contrate, más que como trabajadoras, como objetos de propiedad, sin derechos humanos ni laborales Eduardo Miranda, director para el Trabajo y Previsión Social, dependiente de la secretaría del mismo nombre, es de la opinión de que las trabajadoras domésticas deberían gozar de los derechos fundamentales establecidos en el artículo 123 constitucional En los albores del nuevo siglo ya es tiempo que las trabajadoras domésticas cuenten con el apoyo del Estado --al igual que cualquier otro trabajador-- y dejen de seguir viviendo como hace doscientos años A manera de epílogo, vale la pena recordar la severa crítica que la escritora Guadalupe Loaeza hace a todas las mujeres que se dirigen a sus empleadas domésticas con palabras dulces como "hijita", "chiquita" o "mi amor", ocultando así la mezquindad de su explotación

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