juventud delincuente, explosivo crecimiento

sábado, 4 de mayo de 2002
Juventud delincuente, explosivo crecimiento Raúl Monge Una enorme cantidad de jóvenes, del Distrito Federal y de otras regiones del país, es víctima de un modelo social que inexorablemente la conduce a la violencia social, a las drogas y el alcohol, a la deserción escolar y la delincuencia Muchos de ellos son niños o adolescentes En esta investigación periodística se muestra con crudeza que para la niñez destinada a ser infractora no hubo demasiada esperanza en la demagogia que envuelve a lo que se conoce como el Día del Niño En los últimos seis años, el porcentaje de delitos cometidos por menores de 8 a 17 años y jóvenes de 18 a 29 años, que representan una parte importante de la fuerza productiva del país, registra un insólito crecimiento, particularmente en el Distrito Federal Además, se registra mayor violencia y abuso en el consumo de drogas, así como una activa participación de las mujeres Consultadas por Proceso, autoridades federales y locales y especialistas en el tema coinciden en que lo anterior es consecuencia del grave deterioro de la calidad de vida que resiente, de manera especial, ese sector de la población Explican que en lugar de tener a la mano alternativas que garanticen su desarrollo, adolescentes y jóvenes de entre 15 y 24 años están condenados, de antemano, a subsistir en medio del desempleo, la violencia intrafamiliar, el consumo de drogas y alcohol, y la deserción escolar, en suma, de la pobreza Los indicadores que da a conocer el Consejo Nacional de Población (Conapo) en el libro Situación actual de las y los jóvenes en México muestran lo siguiente: —Por lo menos uno de cada tres jóvenes —de los 981 millones de mexicanos, 386% son niños y niñas con edades de entre los 0 y 14 años, y 296% jóvenes de 15 a 29 años— vive en hogares en situación de pobreza —Casi 4 millones de jóvenes —uno de cada cinco— provienen de familias desintegradas; 100 mil más viven solos y 130 mil habitan con personas con las que no los une ningún vínculo familiar —Cinco millones de jóvenes —mujeres en su mayoría— carecen de instrucción o no terminaron sus estudios de primaria —En 1997, la tasa de desempleo abierto entre las personas de 15 a 24 años fue de 51% —Tres de 10 jóvenes emigran a Estados Unidos —Las principales causas de mortalidad entre la población de 15 a 19 años en 1997 fueron: accidentes, homicidio y lesiones, tumores malignos, suicidio y enfermedades del corazón Entre los hombres de 20 a 24 años, el sida se ubicó como la quinta causa de muerte en el mismo período Esa realidad se refleja en los centros de atención infantil para menores infractores y en las cárceles, cuya población es predominantemente joven y de primo delincuentes Según datos de la Dirección General de Reclusorios y Centros de Readaptación Social de la Secretaría de Seguridad Pública federal, actualmente en todo el país hay 195 mil internos, casi el doble de la capacidad instalada, y 70% promedia entre 19 y 35 años de edad En 2001, los 440 centros de reclusión locales distribuidos en el país albergaban a 163 mil 122 internos y los cinco centros federales, a 3 mil 86 De hecho, el promedio de edad de la población penitenciaria en el país comenzó a descender notablemente en 1995, durante el año de la crisis económica, como una respuesta al deterioro en la calidad de vida y a problemas de índole personal, familiar y social En medio de un entorno lleno de carencias, los jóvenes optaron por buscar nuevas formas de sobrevivencia y el camino que encontraron fue la delincuencia, a juzgar por el gran aumento en el ingreso de jóvenes a los penales Entre 1995 y 2001, en efecto, la población penitenciaria prácticamente se duplicó En 1995, el total de internos era de 93 mil 574; en 1996, de 103 mil 262; en 1997, de 114 mil 341; en 1998, de 128 mil 852; en 1999, de 142 mil 792 y en 2000, de 154 mil 765 Las cárceles del DF no son la excepción Los nueve centros de readaptación, incluidos los femeniles y el centro de sanciones, dan cabida actualmente a 22 mil 538 internos —casi el doble de su capacidad—, de los cuales casi la mitad tiene de 21 a 30 años de edad y sólo una cuarta parte concluyó sus estudios de secundaria La misma dinámica se observa en los centros de reclusión para menores Con una capacidad instalada de 5 mil 765 espacios, las 134 instituciones para menores infractores distribuidas en el territorio nacional albergaban hasta mayo de 2001 a 2 mil 879 menores y mil 576 más se encontraban en fase de diagnóstico Según datos del Consejo de Menores, órgano equivalente a los juzgados en el procedimiento penal con adultos, que preside Ruth Villanueva, las 10 consejerías unitarias desahogaron entre junio de 2000 y mayo de 2001 poco más de 7 mil expedientes de menores acusados de diversas infracciones En su más reciente informe de labores, el Consejo de Menores consigna que las faltas con mayor incidencia en dicho período fueron contra el patrimonio, la vida e integridad corporal, la salud y la integridad y la libertad sexual Un dato que refuerza el progresivo crecimiento de conductas antisociales a temprana edad es el hecho de que 80% de los recluidos en los centros de tratamiento para menores infractores, nunca antes había tenido problemas con la justicia Esta tendencia se ve de manera diáfana en el caso del Distrito Federal, en donde los jóvenes de 15 a 29 años representan un tercio de la población total penitenciaria La falta de oportunidades Con las estadísticas en la mano, Damián Canales, jefe general de la Policía Judicial del Distrito Federal, asegura que la participación de menores de 18 años en la comisión de delitos en la Ciudad de México creció 23846% durante el primer trimestre de este año En ese mismo lapso fueron desarticuladas 88 bandas, ocho de la cuales estaban integradas por menores de edad, y en 33 actuaban con adultos En comparación con el mismo período de 2001, la presencia de menores en las bandas delictivas registró un crecimiento brutal de 623%; además, se redujo el promedio de edad de menores reclutados por las bandas Por ejemplo, el porcentaje de niños de 12 años puestos a disposición del Ministerio Público o de la Fiscalía del Menor aumentó 200%; el de 13 años, 73%; el de 14, 80%; el de 15, en 9%; el de 16, más de 40%, y el de 17 años, casi 50% Según Canales, otro indicador que sobresale en el mapa delictivo del DF es la creciente participación de mujeres menores de 18 años Mientras que en el 2000 un total de 48 niñas y adolescentes fueron detenidas por la comisión de diversas faltas, hasta marzo último el número llegó a 155, es decir, en un año creció más de 140% Y las faltas que experimentaron alzas importantes fueron: violación, 13%; contra la salud, 81%; robo a casa habitación, 29%; robo a vehículo, 21%; robo a negocio, 34%; lesiones por golpes, 110%, y otros delitos, 69% Canales considera que el inusitado crecimiento de la delincuencia y de la violencia juvenil tiene sus raíces en la desintegración familiar, las dificultades económicas, el consumo de drogas y, sobre todo, en la falta de atención de los padres Por donde se le quiera ver, la situación es grave porque se trata de un problema de falta de oportunidades, de carácter económico Muchas familias no cuentan con recursos para satisfacer sus necesidades inmediatas y tratan de remediar sus problemas delinquiendo Especialistas en atención de los jóvenes coinciden, con matices, en que la principal causa que explica ese inquietante fenómeno social tiene que ver con el franco descenso de la calidad de vida de los mexicanos, particularmente de la juventud Dice Elena Azaola, consejera de la Comisión de Derechos Humanos del DF: Qué se puede esperar de un país en donde sólo 17% de los jóvenes puede acceder a la universidad, de una ciudad en la que 24% de la población joven no estudia ni trabaja Sostiene que desde 1995, la juventud mexicana no tiene más referentes que la crisis económica, la corrupción, la violencia, los crímenes, y si a eso se agrega el desgaste del tejido social o la patología de los vínculos sociales, la situación resulta peor De verdad, es grave, terrible, la pérdida de la calidad de vida en el país La generación visual Creada en 1992, la Fundación Mexicana de Reintegración Social AC (Reintegra), una de las contadas organizaciones civiles dedicadas a velar por los intereses de los menores infractores en México —paga fianzas, presta asesoría legal y ofrece atención psicosocial a menores en tratamiento interno y externo, así como a sus familias—, tiene bien claro el problema Su director, Francisco Castellanos García, afirma: Los niños y los jóvenes antisociales son producto del fracaso de las instituciones encargadas de formar ciudadanos responsables Dice que las políticas públicas encaminadas a garantizar el pleno desarrollo de los jóvenes —derecho a la salud, a la estabilidad emocional, a la educación, a la cultura y la diversión, entre otros satisfactores previstos en tratados internacionales firmados por México, como las directrices de Naciones para la Prevención de la Delincuencia—, no han rendido frutos hasta ahora Y lo más graves es que la situación ha empeorado: Ahora existe un comportamiento más violento en los jóvenes, en todos los niveles Se trata de una generación visual que nació con la televisión, con los videojuegos que proyectan toda esa carga de violencia Además, considera que el explosivo crecimiento del consumo de drogas en la población juvenil hace a los jóvenes más agresivos, más propensos a la violencia, por un lado y, por otro, los empuja a delinquir Entre las causas que la fundación Reintegra encuentra como detonadores de la conducta infractora sobresalen los siguientes: Individuales: problemas emocionales, baja autoestima, poca tolerancia a la frustración, estados depresivos, agresividad, sentimientos de soledad, deseo de experimentar sensaciones fuertes (competencia y aceptación), incapacidad para expresar sentimientos; hipersensibilidad, incapacidad para manejar la presión y difícil temperamento En la parte física y mental: inhibición social, dificultad para relacionarse socialmente, baja capacidad de insight (antecedente-consecuente), poca responsabilidad y consumo de sustancias psicoactivas Familiares: Desintegración del núcleo familiar, disfuncionalidad caracterizada por problemas de comunicación, mensajes dobles o contradictorios, rigidez en los papeles, abandono afectivo, sobreprotección, violencia intrafamiliar Sociales: Ambiente criminógeno, hacinamiento, falta de empleo, educación, recreación y cultura, descomposición de las redes sociales, convivencia vecinal y carencia de servicios En esta parte, los medios de comunicación juegan un papel determinante al privilegiar el consumo de bebidas alcohólicas, las conductas violentas como una vía para resolver los problemas, convertir a los demás en obstáculos o instrumentos y crear un conflicto entre la presión consumista y la escasa capacidad para satisfacerla La edad penal Alertados por dichos indicadores, los procuradores de justicia del país discutieron hace poco el tema, y de nueva cuenta surgieron corrientes que buscan reducir la edad penal de 18 a 16 años y los que se pronuncian mejor por homologar de una vez por todas la legislación para menores infractores y penalizar con mayor severidad únicamente las faltas graves A estas alturas, cada estado se rige bajo sus propias normas Por ejemplo, hay unos que cuentan con marcos legales que prevén la intervención de la autoridad cuando los adolescentes cometen faltas administrativas; que incluyen la figura del representante social; que toman en cuenta la figura del defensor; que permiten la presentación de medios de impugnación, y que establecen tiempos más largos en las medidas de tratamiento Y la edad penal también es distinta en los 32 estados: En 18, es a los 18 años; en 12, a los 16, y en uno a los 17 años de edad Carlos Tornero, especialista en el tema, advierte que si las autoridades federales o locales se inclinan por bajar la edad penal, las cárceles resultarán insuficientes para dar cabida a los niños y jóvenes infractores: Lo único que se conseguiría con ello es contaminar a más temprana edad a la juventud, cercenar, mutilar, el desarrollo de la vida del hombre La legislación vigente está contaminada por un pensamiento ajeno al hombre Bernardo Bátiz, procurador del DF, tampoco es de la idea de criminalizar la conducta de los menores: Se trata de un problema social y legislativo, no policiaco La Comisión de Derechos Humanos del DF es tajante Su presidente, Emilio Álvarez Icaza, sostiene que reducir la edad penal atenta contra los derechos humanos de los menores y contraviene ciertos protocolos internacionales firmados por México, y plantea que cualquier propuesta en esa dirección deberá tomar en cuenta los derechos humanos Pensar en un sistema que atienda a la ‘peligrosidad’ de la conducta de un menor para valorar si puede ser sujeto a un proceso penal que pueda llevar a más menores a las cárceles, no garantiza la disminución de los niveles de inseguridad y la comisión de delitos Con la experiencia que le ha dado el contacto directo con menores infractores, Azaola condena que las autoridades pretendan criminalizarlos más Los jóvenes, dice, no son monstruos ni mucho menos, máquinas de matar Qué van a lograr con el encierro, sino quitarles toda posibilidad de trato con la familia y dormir en celdas nauseabundas, de un metro por un metro Critica, así mismo, a quienes dirigen actualmente las políticas públicas de atención a los menores infractores, porque llevan no menos de 50 años aplicando normas y criterios tutelaristas que ya probaron su ineficacia Castellanos García, de la fundación Reintegra, sostiene, de plano, que México no cuenta con un sistema nacional de justicia para menores No hay instancias, instituciones, que atiendan a los menores en situación de riesgo y a los jóvenes, pero eso sí, ya quieren bajar la edad penal Hace unos días, la CNDH puso en evidencia, en efecto, los métodos de tratamiento que siguen a estas alturas funcionarios de algunos centros de reclusión para menores infractores, como la Escuela de Educación Social de Yucatán, en donde la exdirectora, María del Rocío Martel López, sometía a los menores a tratos crueles e inhumanos

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