Las huellas criminales de Echeverría (Parte I)

martes, 2 de julio de 2002
Documentos confidenciales del Departamento de Estado, recientemente desclasificados, ofrecen pruebas irrefutables de que Luis Echeverría fue responsable directo de la guerra sucia durante los años de su presidencia Exhiben también la forma como el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Richard M Nixon, solapó y aun apoyó la política de exterminio de la guerrilla mexicana Apenas hace unos días, Echeverría hizo gala una vez más de su desmemoria y a una pregunta sobre los desaparecidos de los años setenta respondió: Si hice mal, la historia me juzgará Hace unos meses, el investigador Sergio Aguayo planteaba en su libro La Charola: Algún día saldrá a la luz la evidencia documental que confirme que Luis Echeverría fue quien dio la orden para eliminar la guerrilla a cualquier costo Y unos años atrás, en La Presidencia imperial, el historiador Enrique Krauze apuntaba: Entre 1970 y 1976 México viviría un capítulo sordo y mal documentado de la misma ?guerra sucia? que enfrentó en otros países de Latinoamérica a la generación de los sesenta con el poder público y el Ejército A unos días de que inicie sus trabajos la Fiscalía Especial sobre los Desaparecidos, los documentos obtenidos por Proceso contribuirán, creemos, a llenar huecos y saldar cuentas Procesocom reproduce en cuatro partes un reportaje publicado recientemente por el semanario Proceso Washington, DC- En diciembre de 1973, el gobierno de Luis Echeverría adoptó la política ilegal de matar guerrilleros aun cuando estuvieran detenidos en cárceles u hospitales Lo anterior lo consignan varios informes secretos del Departamento de Estado de Estados Unidos, recientemente desclasificados A partir del caso del guerrillero Pedro Orozco Guzmán ?quien pertenecía al Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y murió luego de ser herido y detenido por la policía, en Guadalajara, en diciembre de 1973?, el cónsul estadunidense en esa ciudad, M J Ortwein, envió a Washington al menos tres documentos secretos para informar sobre las acciones que estaba aplicando el gobierno de Echeverría contra los grupos guerrilleros mexicanos Las órdenes son tomar medidas drásticas: hacer que los terroristas sean ?desechables? cuando no haya duda de su culpabilidad () las órdenes son reprimirlos hasta donde sea posible, señaló a Ortwein el jefe de la Unidad del Servicio Secreto de México en Guadalajara, Trinidad López Castro, en una conversación privada enviada a Washington en el Airgram número A-92 de fecha 28 de diciembre de 1973 Más aún: El Servicio Secreto está trabajando ahora inconstitucionalmente (sin el debido proceso legal), pero con apoyo del gobierno () Todas las autoridades que trabajan ahora contra los terroristas están autorizadas a omitir el debido proceso legal, informó López Castro a Ortwein, de acuerdo con el mismo documento La política de desechar a miembros de los grupos armados coincidió con un compromiso explícito que entabló el entonces presidente Luis Echeverría con su homólogo estadunidense, Richard Nixon, de encargarse de la amenaza comunista en el flanco sur de Estados Unidos Así lo asegura un telegrama confidencial enviado al Departamento de Estado por el embajador de Washington en México, Robert McBride, en 1971 En el contexto de la Guerra Fría, Echeverría aplacó las preocupaciones del gobierno estadunidense, el cual ?conforme a los documentos desclasificados? siguió de cerca la guerra sucia mexicana y sus atrocidades No sólo eso, sino que, según los documentos, pese a las advertencias del embajador en México, Robert McBride, el gobierno de Nixon entrenó al grupo de Halcones, responsable directo de la represión estudiantil en junio de 1971 También cumplió Echeverría su compromiso con Nixon que, en 1975, cuando buscaba la Secretaría General de las Naciones Unidas, fue acusado de ser agente de la CIA Su nombre aparecía en la lista de reclutados elaborada por Philip Agee, un exagente de inteligencia estadunidense asignado a la oficina en México Esa revelación aplastó su candidatura a la Secretaría General de la ONU, según relató más tarde el político y diplomático Daniel P Moynihan en su libro de memorias A Dangerous Place (Proceso 131) (Proceso/año 2002)

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