Todo lo papal se desvanece en el aire (I)

miércoles, 31 de julio de 2002
México, D F- La visita de Juan Pablo II, que por primera vez elevará a santo a un indígena, parece ser, en sí misma, un asunto de fe: todavía al mediodía de su llegada a la Ciudad de México, en el Zócalo de la capital, las apuestas están calientes Un amigo fotógrafo me dice: ?Se va a morir en el avión que viene de Guatemala Vas a ver En vez de bienvenida, lo vamos a despedir en el Feretromóvil ?¿Cómo saberlo? ?me angustio? A lo mejor hacen playback con sus restos y ni cuenta nos damos Lo de menos ha sido el humor negro de esta visita Lo de más son los equívocos a los que se presta Vamos caminando por la ardiente plancha de la ciudad, atravesando un campamento de jóvenes que prometían llenarlo con 250 mil orantes y, a dos horas de la convocatoria, no se llena ni la décima parte Entre cintas de "no paso", como las que usa la policía en caso de homicidio en las calles, los jóvenes son sólo los suficientes para sostener las fronteras entre grupos de monjas, scouts, voluntarios de distintas vicarías, organizaciones católicas de las periferias pobres de la ciudad Frente a la Catedral metropolitana, la que Hernán Cortés quiso hacer la casa de la Virgen de los Remedios, hasta que se enteró que los indios le llamaban "La Conquistadora", hay un enorme templete vacío, en cuya cúspide se lee: "Generación Juan Pablo II Los jóvenes unidos por la fe" La idea, según dicen los organizadores, es juntar a los chicos que vieron en 1979 al Papa por primera vez y que, tras 24 años, suponen, tienen algo en común La idea es bastante absurda porque, al igual que los más viejos, en el México de 1979 nadie había visto a un Papa más que por televisión Yo, la verdad, ni me acuerdo de la primera visita de Juan Pablo, y no me importa De la otra cosa que estuvo prohibida en el México del PRI post-68 ?los conciertos de rock masivos?, sí me acuerdo: el primer concierto que hubo después de décadas de prohibición fue uno de "Queen", en Puebla, y hubo heridos Nunca ha habido heridos, pero lo mismo nos ha sucedido en México con los Papas Como no existían relaciones con el Vaticano hasta hace un poco más de diez años, ver a un sumo pontífice es como mirar a Los Beatles en 1965 Y las reacciones son las mismas Por ejemplo, estos jóvenes, que creen constituir una "generación" marcada por el acontecimiento de 1979 En otro país acaso formarían un grupo para celebrar su gusto por Darth Vader Aquí se conforman, aunque pocos, en torno a Juan Pablo II Son grupos como "Testimonio de Esperanza", esos adolescentes que cada año suben hasta la cumbre del Cerro del Cubilete para rezarle a un cristo monumental y, en el camino, se ligan y hasta forman familia Son las "Hijas de María Inmaculada de Guadalupe", de la zona poniente de la ciudad, nerviosas porque nunca le hablan a ningún hombre por más de cinco segundos Lo intenté y se rieron todo el rato Son "Verbum Dei", de León, Guanajuato, un grupo tan hermético que se negaron a contestar mis preguntas O quizás eran como esas chicas que llevaban la camiseta roja con el lema "Solidaridad Popular Cristiana": ?¿Qué es eso? ?les pregunté ?Quién sabe Nos dijeron que si nos las poníamos, podríamos ver al Papa Y no deja de ser el país que va a celebrar que el Vaticano hará santo a un indígena al que le habló la Virgen de Guadalupe, en el cerro del Tepeyac: las imágenes oficiales del indio Juan Diego lo hacen parecer barbado, de ojos grandes y contundentes y con una nariz gallinácea En los afiches oficiales este "indio" se ve levantado por Juan Pablo II, quien parece desconocer que a quien va a canonizar se asemeja más a Brad Pitt que a un indio mexicano Y aquí, en el encuentro "generacional" en el Zócalo, la cosa no es mejor: los organizadores son rubios y guapos, los que obedecen son morenos La veneración del Venado En el fondo, la ciudad se paralizó desde las seis de la tarde no porque el Papa vaya a santificar a Juan Diego y a beatificar a dos indígenas que delataron en Oaxaca ante las autoridades coloniales a su propia comunidad idólatra ?veneraban a un venado?, sino por la propia presencia de Juan Pablo II Este es tan santo como aquellos, y la medida de su rating está en el despliegue que toda autoridad, la radio y la televisión, y los comerciantes, han hecho de la visita En el hangar presidencial dos mil personas, the happy few, esperan la llegada del Santo Padre, el Vicario de Cristo, el Sucesor de Pedro, formulaciones desconocidas antes de que restableciéramos relaciones con la Iglesia vaticana También es inédito el júbilo de los funcionarios públicos que saludan con pañuelos blanco-amarillos al aire, como pidiendo rabo y oreja No lo son los coros de niños de colegios católicos, el Miguel Angel y el México, que ya le habían cantado a Juan Pablo II en el Estadio Azteca en 1999 Lo es el hecho de que sean tan desentonados ¿Han descuidado sus estudios musicales por estar hincados tanta tiempo? De pronto, una escena de Aeropuerto 78 se repite en vivo: se abre una pared, justo la que está a espaldas de las tres sillas donde se sentarán, se dice, el presidente de México, su esposa y el Papa Pero no sucede el accidente, sino que se alcanza a ver las escaleras del santo avión Hacia allá corren la jefa de protocolo y el nuncio apostólico en México "Te dije que no usaras tacones" "¿Y con la sotana se corre bien?" A codazos entre los que bajan ?curas, un fotógrafo, una señora con equipaje?, los dos personajes suben de dos en dos Se hincan Y el Papa pasa de espaldas a ellos para que lo teletransporten con elevador y una plataforma móvil llamada "La Pedena", de Mercedes Benz El fracaso del protocolo que quería presionar para que el Papa bajara la escalera como hace apenas dos días lo hizo en Toronto, en el Encuentro de Jóvenes, falla, y la cosa se pone anticlimática Pero en cuanto los dos mil funcionarios y jerarcas de la Iglesia lo avistan, se arman las porras, los silbidos, los gritos de la fe ¿Qué pensará el Papa de sus fans? El viene a hacer política religiosa hacia los pueblos indígenas que, en su mayoría, ya están divididos por los evangelistas, los Testigos de Jehová y los Adventistas y algunos negocios, pero ¿no le saldrá, de pronto, el síndrome del Elvis Wojtyla? No creo ni que recapacite en estos menesteres La verdad es que la primera imagen de la televisión es un acercamiento que revela que se ha echado una siesta en el avión y que hasta babeó Lo que da una justa dimensión de las ambiciones de quienes lo han traído hasta acá es el incidente con el himno mexicano El pretende escucharlo de pie, pero cae de sentón en su papal silla Deben ayudarlo y, una vez agarrado a la silla, no se despega, como si tuviera vértigo No se sabe si entiende algo de lo que dice el presidente de México: su único gesto fue taparse los ojos Lo único vivo es el gesto de angustia de los asistentes mientras se le quiebra la voz, se le resbalan gotas de saliva casi audibles, y la consigna de la noche: "Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano" Son tiempos de la doble nacionalidad El final de la bienvenida es un tanto abrupto: tras recibir dos terceras partes de los regalos de manos de niños vestidos de indígenas ?un cuadro de la Guadalupana y unos árboles de ahuehuete tan chicos que podrían haber sido enredaderas?, el Papa se levanta intempestivamente, se sube a "La Pedena" y anda atropellando a los niños indígenas, quienes se mueren de la risa y se toman con fuerza del barandal Antes que le quemen el motor, son desalojados por guardias personales Es la historia de Juan Diego: si no lo manda la Virgen, jamás hubiera hablado con el obispo Zumárraga La única diferencia en 500 años de cristianismo es que ahora el desdén lo captó la tele Canoa redivivo A lo largo del recorrido del papamóvil, de 90 kilómetros hasta una cama, hay ya cerca de cinco millones de personas esperando ver por un segundo al Papa No lo lograrán porque, además que va a cincuenta kilómetros por hora y no a diez como se había anunciado, la gente tiene obligaciones contraídas con los medios: debe sostener velas, encendedores o lámparas de baterías; gritar las consignas ("Juan Pablo segundo, te quiere todo el mundo"); cuidar que sus hijos no se extravíen, y tratar de mirar a la calle tras una muralla de doscientos metros de personas de fondo Cerca de la nunciatura apostólica hay como quinientos metros de masa en fondo y, la verdad, todo el asunto es la expectativa: el "¡ahí viene!" genera grados de histeria colectiva dignos del pueblo de Canoa, en 1968 Por alguna extraña razón, lo que comenzó como una valla de vecinas de la nunciatura, encompetadas, perfumadas y que portaban hasta unos cojincitos muy finos para el momento de hincarse en plena calle, termina en un caos de acentos de otros lugares de la República y de la pobreza extrema Aquí las señoras ricas que se apostaron desde el mediodía, y se turnaron para no perder la primera fila, son empujadas sin conmiseración por la masa ferviente que pagó boletos de camión desde Tijuana, desde Michoacán, desde Sinaloa No hay clemencia, y a la hora que pasa el papamóvil, una señora, muy desgraciada y muy despeinada, llora: "No lo vi, no lo vi" Había pasado siete horas a la intemperie y ni siquiera lo avistó En este caso ya no puede reconfortársele con el tradicional: "Ya será a la otra" Porque no habrá otra, de eso hay certezas clínicas Cuando comienza el "Son de la Negra", una canción que tiene connotaciones patéticas para la señora que se lo perdió ("A todos diles que sí, pero no les digas cuándo"), el Ballet Folclórico brincotea en una plataforma, y la policía defiende la entrada de un camión lleno de obispos; una niña que ha estado tomando con celo un globo amarrillo, lo deja ir al viento Lo miro irse, y de pronto entiendo de qué se trató todo esto 30/07/02

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