Todo lo papal se desvanece en el aire (II)

jueves, 1 de agosto de 2002
Muchos de los signos que rodean a la basílica de la Virgen de Guadalupe y a sus dos apariciones a un indio llamado Juan Diego en 1531, diez años después de la caída de México-Tenochtitlán, son los de la derrota y la resignación frente a ella En el cerro del Tepeyac donde se levanta la iglesia, estuvo alguna vez una imagen de la diosa azteca Tonatzin, destruida durante la conquista de México por el soldado Gonzalo de Sandoval Sus restos están justo debajo de la escalera actual, en el ala oriental En esa iglesia también permaneció hasta 1896 el estandarte que el cura Miguel Hidalgo utilizó para encabezar a los mexicanos en la guerra de independencia de España en 1810 El cura fue capturado y su cabeza, excomulgada hasta el día de hoy, pendió de una picota como almuerzo de cuervos En la capilla adyacente está enterrado Rafael Martínez de la Torre, uno de los defensores del Imperio de Maximiliano de Habsburgo, ejecutado por Benito Juárez en 1864 En el cementerio de la antigua basílica de Guadalupe están los restos de Antonio López de Santa Anna, presidente que firmó en ese mismo lugar los tratados que le cedieron a los Estados Unidos más de la mitad del territorio mexicano Fue una rendición sin mesura La Basílica de Guadalupe ha sido acondicionada hoy con vallas y gradas para que 12 mil personas sigan a pleno sol la canonización del indio Juan Diego Adentro, la jerarquía católica y económica del país lo verá todo en directo, sin mediación de las pantallas gigantes Adentro y afuera la gente ha tenido que ingresar desde las dos y media de la mañana para un acto que comenzará casi a las diez Durante esas eternas horas de espera se entretienen con la expectativa de la misa Se transmiten películas catequizadoras, hay música, sermones, pero la verdad es que sólo la expectativa de estar presenciando un acto histórico es lo que les mantiene ahí Sobre todo los de afuera, justo delante del atrio, sufren lo indecible: en el frío de la madrugada, despojados por la policía de cualquier bebida, tienen justo el espacio que hay debajo de sus pies No sé cómo nadie cae presa de una claustrofobia aguda Codo con codo, los feligreses aguantan: de eso, finalmente, se trata el mito de Juan Diego Cuentan las fuentes de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac, que ahí se le apareció a un indio la misma deidad femenina que había sido supuestamente tallada por San Lucas, enviada al Papa Gregorio Magno en el año 589 y que habría sido enviada a San Leandro, Arzobispo de Sevilla La imagen fue encontrada en el siglo XIV por un pastor español en el interior de una caverna donde se le adoraba a escondidas de los musulmanes No es que fuera la imagen de una mujer morena, sino que estaba tiznada por el humo de las velas A Juan Diego, del otro lado del mar y un siglo después, no se le aparece en forma de una escultura, sino en vivo y, más tarde, pintada en su propia vestimenta La imagen pintada tampoco es morena, sino un tanto ennegrecida y con signos astronómicos venerados por los aztecas El día y el año en el que se le aparece esta Virgen a Juan Diego, el 12 de diciembre de 1531, los indios esperaban el cierre de un ciclo de 104 años en el que se ajustaban sus tres calendarios: el astronómico, el adivinatorio y el solar Estaban, pues, a la expectativa Y la Iglesia católica les brinda esa aparición occidentalizada de una deidad antigua La historia detrás de esa imagen, la que hoy se oficializa por Juan Pablo II, es la de la relación entre los indios y las autoridades Cuenta la leyenda que el obispo no cree en que la virgen le haya hablado a un indio pobre y, entonces, la propia virgen se imprime, mediante unas rosas mágicas, en la vestimenta del indio Es hasta que el cura mira la imagen ahí que cree en las palabras del indígena En el fondo la idea que subyace es que el poder sólo escucha a los indios si ellos se avienen a la nueva cultura colonial Es justo lo que ocurre en la canonización del indio Juan Diego en la mañana del último día de julio del 2002 en la ciudad de México: se necesita la intervención cósmica para que alguien encuentre aquí a los indígenas A pesar de que el discurso del Papa Juan Pablo II está dedicado al tema de las etnias y sus identidades ("México necesita a sus indios y sus indios necesitan a México"), no hay más que un grupo reducido de ellos Son danzantes emplumados que, sahumadores, brincan un baile en círculos Lo han hecho desde hace generaciones afuera de la basílica guadalupana La única diferencia ahora es que les dejaron estar adentro Todos los demás asistentes son parte de las altas esferas de la política nacional: el Presidente de la República ?el primero en asistir a una misa guadalupana desde que dos guerras, la de Reforma y la cristera, rompieron los lazos entre el poder del Estado y los sacerdotes católicos?, los ricos y los famosos Uno de los 400 regalos que se le darán al Vaticano en esta visita es del gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, el mismo que envió, hace menos de un mes, a la policía contra los indios de Texcoco que se manifestaban en contra del nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México La comunión la recibieron de la temblorosa mano del Papa, un futbolista de la Selección Nacional que perdió contra los Estados Unidos en el Mundial pasado, Alberto García Aspe, y una cantante de los cincuentas cuya falda apretada fue su mejor talento y cuya interpretación de una criada ignorante pero de buen corazón, cerró su carrera hace ya dos décadas Afuera, en toda la ciudad, más de 100 mil personas están comulgando en sus parroquias En el atrio, con el sol a pleno, los 12 mil sufrientes espectadores la reciben masivamente por algunos de los 250 mil voluntarios católicos que se han ofrecido a ayudar en esta Quinta Visita Pastoral A los ojos del Papa Carol Woytila, esta canonización se realiza en el día de San Ignacio de Loyola para el indio que vio a la virgen Para él, hay muchas semejanzas entre esta Guadalupe y la virgen polaca de Chestokova, también una mujer ennegrecida De hecho, es el primer Papa que le prestó atención al culto mixto del Cerro del Tepeyac, la hizo "virgen de toda América", y le mandó construir una capilla en las grutas vaticanas, al lado de las tumbas de sus predecesores La santificación se hace para detener la "protestantización" de las comunidades indígenas en Latinoamérica, pero es un gesto inútil Juan Diego no es en modo alguno una figura importante entre las comunidades indígenas como sí lo es la Virgen de Guadalupe Lo que el Vaticano ha intentado hacer es inventar un culto a un testigo, al que intercede entre lo cósmico y el poder terrenal, al que deberá celebrarse el 9 de diciembre, tres días antes que las procesiones multitudinarias para la Virgen "Morena" Pero es inútil porque no tiene raigambre en el imaginario de las comunidades agrícolas que de forma alguna veneran a los mediadores No están las comunidades hoy en la Basílica Se han quedado en sus pueblos pidiendo, como en Chiapas o Guerrero, que les permitan la autonomía para decidir sobre sus recursos naturales No quieren más intermediarios Y Juan Pablo II no ha sabido leer esa demanda que se extendió con la irrupción del zapatismo hace más de ocho años, pero que, sin duda, es más vieja que el propio Juan Diego El mensaje de derrota y resignación está presente hoy: los indios buenos son los que se ajustan al mundo mayoritario de los mestizos Los demás, los que no se cansan de esperar con paciencia un apoyo que ha tardado 500 años en llegar y que no se resignan a fungir como escenografía de lo turístico, no están invitados aquí El poder de la voluntad La elevación a santo del primer indio americano termina como todas las visitas del Papa Juan Pablo II: en la exaltación de su propia santidad Lo que se extiende entre los 9 millones de personas que se forman para mirarlo un segundo en su recorrido a la sede diplomática del Vaticano en México, es el asombro porque ha logrado, no sin ausencias, llevar a cabo la canonización Con el Parkinson, la artritis y los 82 años a cuestas, su multitudinaria feligresía está convencida del poder sobrehumano detrás del acto: no se cayó, no se murió, no se pulverizó el anciano en la misa de casi tres horas de duración En su debilidad física se leen los signos del poder de su voluntad Pero no del todo: durante todo el trayecto a la nunciatura apostólica donde comerá, dormirá, y recibirá durante escasos quince minutos al Presidente de México y su señora, el Papa no logró levantarse de su silla para saludar Si ya de por sí era casi imposible verlo, ahora millones verán lo que sobresalga dentro del Papamóvil: una mano, su frente, el vestido blanco Aún así los espectadores de lo más que fugaz de la santidad se agolpan por toda la ciudad de México, se trepan a torres de alta tensión, de árboles, de puestos de periódicos para verlo En la Avenida que cruza toda la ciudad, Insurgentes, lo capto un milisegundo: es el resplandor del sol sobre la ventana anti-balas de su vehículo No es más Mañana, a su regreso al Vaticano, será menos: una noticia vieja, la memoria de alguna anciana muy devota, los días en que la ciudad de México casi se paralizó para formarse a lo largo de sus avenidas y ver una caravana de coches blancos y motocicletas pasar Descanso en la Nunciatura El Papa ha entrado a dormir Afuera se ha sonorizado la calle para que niños huérfanos y discapacitados canten tres melodías acumuladas en las cinco visitas anteriores Todo se repite como en los ensayos generales: pompones rojos, para las niñas asistidas por una fundación coreana en las afueras miserables de la ciudad, Chalco; amarillos para los que, desde sus sillas de ruedas, se esfuerzan por agradar Pronto, un par de horas después, todo se ha disuelto Se abre la circulación de los autos sobre Insurgentes La ciudad vuelve a su caos habitual Pero el signo de esta visita papal se ha sostenido hasta el final: las horas durante las que millones de espectadores han aguantado todo tipo de incomodidades se van El objetivo de la gente, más que mirar un milisegundo al Papa o incluso reivindicarse a gritos como guadalupanos, es el de soportar El sufrimiento se justificó a sí mismo: es la única acción posible frente a todas nuestras derrotas

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