Testimonios de la guerra sucia contra Lucio Cabañas

martes, 13 de agosto de 2002
El Paraíso, Atoyac, Guerrero - Sánchez Romero y Cutberto Calderón Santana conservaron con nitidez el recuerdo de lo que atestiguaron el 24 de abril de 1973 en Los Piloncillos A 27 años de los hechos, no olvidan el olor de la pólvora y de la sangre; tampoco borran de su memoria los pedazos de carne, brazos, piernas e intestinos desparramados al pie del paredón donde cinco hombres fueron fusilados por militares Esa misma escena se repitió en una humilde casa, la del padre de doña Francisca, que fue acribillado Crescencio Reyes, de 60 años; Toribio Peralta, de 19; Margarito Valdez, de 60; Santos Álvarez, de 20; Eleazar Álvarez, de 16, y Saturnino Sánchez, de 70, fueron acusados sin pruebas de proporcionar alimentos a Lucio Cabañas Fue una denuncia falsa La muerte de los seis salvó al resto de los campesinos de Los Piloncillos, que se enteraron más tarde de que la intención de los soldados era quemar el pueblo si en el momento de su llegada no encontraban hombres Don Cutberto, de 63 años, y doña Francisca, de 45, no entendieron nunca por qué su pequeña comunidad cafetalera, con escasas 15 casas, en extrema pobreza desde entonces, fue objeto de tal escarmiento Ambos viven en El Paraíso, situado a hora y media de Los Piloncillos, por una ruta intransitable en tiempo de lluvia, y desde aquí cuentan a Proceso sus recuerdos de la década amarga de los setenta "A Lucio no le teníamos miedo, la gente simpatizaba con él porque decía que estaba bien que defendiera a la gente que más necesita la ayuda Decían que Lucio había pasado por allí Yo lo único que supe fue que una vez pasaron por mi casa unos hombres que iban vestidos como de gobierno (del Ejército), llevaban anforitas de aluminio y nos dijeron que iban a recorrer la sierra Cabeza de Venado, que iban a ver cómo estaba por ahí "Después decía el gobierno (los militares) que dábamos de comer a Lucio Una vez llegaron y dijeron: ?A ver, dónde está el bastimento y los casilleros de huevo donde les dan de comer?, y nos amenazaron de que el gobierno (Ejército) iba a llegar", dijo doña Francisca Originaria de Los Piloncillos, doña Francisca narró que un mes antes de la matanza, llegaron a su casa tres hombres que le pidieron asilo, y le explicaron que se dedicaban a medir los ocotes y el Filo Mayor Llevaban alimentos empaquetados de la Conasupo, y se los dieron para que les cocinara Pero después ya no regresaron Probablemente ese grupo formó parte de las brigadas militares, disfrazadas de civiles, que se infiltraban entre la población de la sierra para, a la menor sospecha de al menos simpatizar con el movimiento armado de Lucio Cabañas, delatar a pueblos completos La matanza El 24 de abril de 1973, a las ocho y media de la mañana, doña Francisca vio que un grupo de hombres vestidos de blanco, con un pañuelo rojo y armados, atravesaron corriendo Los Piloncillos Al mismo tiempo, al menos 400 soldados con cuatro tanques rodearon el pueblo Al instante vio cómo los militares sacaban a hombres, mujeres y niños de sus casas y los llevaban al centro del pueblo A cinco hombres de diferentes edades -Chencho Reyes, Toribio Peralta, Margarito Valdez, Santos Álvarez y Eleazar Álvarez-, los soldados los obligaron a colocarse "con el rostro hacia el paredón grande, cubriéndose los ojos y por detrás les tiraron Nomás les dijeron que dónde estaba el bastimento de Lucio Cabañas "A Saturnino Sánchez, mi papá, lo mataron en su casa Mi papá les dijo que él no se dedicaba a eso, que estaba mal de una pierna por un balazo que le dieron y que iba a México a hacer ejercicio, les enseñó sus papeles Les mostró su milpa de riego que trabajaba con sus hijos Enfermo y entre dos soldados, lo agarraron, uno se puso en una puerta y otro en otra y le dispararon Tenía 70 años" Su esposo, Benito González Leyva, fue detenido con el hermano de don Cutberto, Silvestre, pero fueron liberados antes de llegar al paredón, después de que fueron golpeados "Vimos cuando cayeron los cinco juntos, y a mi papá tardaron más porque estaba adentro, corría para todos lados y no le podían dar Le dieron muchos balazos, una banca que ahí estaba quedó destrozada, lo mismo una trozadora de madera De mi papá quedaron pedazos de carne pegados en la pared, sus tripas en el piso A los demás los desbarataron de la cara y el cuerpo Cuando terminó la balacera las señoras recogieron quijadas, brazos piernas, y los enterraron en petates, sábanas y costales Mi papá sí tenía una gaveta que le mandó hacer una tía antes de que esto pasara Cuando los enterraron pusieron a tres en una tumba, a dos en una y a mi papá aparte", detalló La movilización militar, recuerdó, duró cuando mucho media hora, e inmediatamente los soldados salieron hacia El Paraíso, en helicópteros que ya los esperaban Más tarde descubrieron bombas molotov alrededor del pueblo, y se enteraron de que serían utilizadas si no encontraban hombres "No supimos ni qué batallón fue, y los de blanco yo creo que eran también guachos que se cambiaron, porque no los vimos salir, luego estaba todo rodeado, eran como 400 soldados Quedamos con miedo de los guachos, luego gritaban que iban a pasar y pensábamos que iban a hacer lo mismo Mi esposo, mis hijos y mi suegro nos venimos a El Paraíso al día siguiente del entierro", contó Es bueno madrugar Don Cutberto Calderón, originario de Apaxtla, se salvó por haber salido temprano con un hermano a su milpa de riego, a la que acostumbraba llegar a las seis de la mañana Dos horas más tarde llegó su esposa, con su hija de dos años, a darle de almorzar, y 30 minutos después escucharon balazos "Al principio creímos que eran gallinas, porque los guachos acostumbraban matar así a los animales cuando llegaban a un pueblo Pero cuando nos dimos cuenta de que eran muchos tiros, mi esposa se adelantó a ver qué pasaba y antes de llegar me dijo que estaba gente tirada, balaceada al pie del paredón Esperamos un rato antes de bajar a Los Piloncillos para no encontrarnos con el gobierno (militares) y le dimos por otro camino" Al llegar al lugar, vio la escena y lo que más se le quedó grabado fue cómo unas señoras recogían los cuerpos y otras espantaban a los perros que se acercaban "Teníamos un hermano que estaba chamaco Silvestre venía de México y estaba en la casa cuando llegó el gobierno (los soldados) y se lo llevaron, pero no lo mataron, tendría como 15 años "Cuando llegamos, ayudamos a levantar los muertos, los enterramos, pero teníamos miedo No sabíamos ni por qué hicieron eso Después de eso el gobierno iba a tratar de convencernos de que había sido Lucio Cabañas, pero nosotros les comprobamos que fue el gobierno" Don Cutberto formó parte de la comisión del pueblo, en la que iban las viudas, que bajó a la cabecera municipal para entrevistarse con el entonces presidente municipal de Atoyac, Leobardo Zeferino Cortés, para denunciar los hechos, pero el alcalde "creía que estabamos involucrados con Lucio, pero cuando le contamos todo, le habló al gobernador Israel Nogueda Otero en Chilpancingo "Bajamos con las seis viudas a Acapulco, ahí nos citó el gobernador, estaba la cosa muy peligrosa para nosotros Dijo el presidente que iban a llevarnos en varios carros porque, según supo, querían acabar con todos En Acapulco, Nogueda Otero nos preguntó si estabamos involucrados con Lucio Le contamos que nosotros no sabíamos nada, y que ese día llegaron cuatro tanques de guerra y un movimiento grande de soldados "El gobernador Israel Nogueda Otero nos dijo que estaba espantado por eso, nosotros le afirmamos que era el gobierno porque cuando el gobierno regresaba de Los Piloncillos a El Paraíso, un chamaco, Arturo Castro, que tenía 12 años, que llevaba bestias mulares, se encontró con ellos Venían los soldados y no podían caminar de cansados y le quitaron las bestias al chamaco, y en eso una bestia le da una patada a Arturo en la rodilla y ya no podía caminar Cuando bajó el helicóptero para llevarse a los soldados, se lo subieron a él también, y lo bajaron en El Paraíso "Pero el gobernador seguía diciendo que no era cierto, por lo que fuimos hasta México a la Secretaría de Gobernación con las viudas" El Ejército inició entonces una investigación En cada ocasión que subían los oficiales y terminaban de escuchar los testimonios, reunían al pueblo para tratar de convencerlos de que el responsable había sido Lucio Cabañas "Llegó un capitán a investigar bien, diciendo que el gobierno no hace estas cosas nomás por matar Le explicamos todo, y le dijimos que si no fue el gobierno entonces Lucio Cabañas es el mismo gobierno, porque los que lo hicieron fueron del gobierno", indicó El jefe policiaco de Nogueda Otero, el militar retirado Venustiano Tijerina, les informó que el origen de la matanza había sido una denuncia ante los militares, y recomendó al pueblo formar un cuerpo policiaco "porque si no en cualquier rato nos acababan Fuimos a Chilpancingo y se hizo la policía con 10 personas Nos compramos armas, llegaba el gobierno y pues nosotros ya cargábamos armas Teníamos miedo, pero si nos querían hacer algo al menos nos llevábamos unos cuantos", comentó Las "compensaciones" Después de realizar denuncias ante las dependencias gubernamentales, los pobladores de Los Piloncillos y su policía se vieron beneficiados con una carta del comandante del Estado Mayor de la 27 Zona Militar, el general Salvador Rangel Medina, en la que daba garantías de que las tropas que pasaran por ahí no causarían molestias El documento, conservado por don Cutberto, tiene el número 06206, perteneciente a la sección primera, y está fechado el 28 de mayo de 1973 Advierte a los comandantes de las patrullas que a su paso por Los Piloncillos "den toda clase de garantías, apoyo moral posible y, a toda costa, garantía a la policía suburbana y autoridades municipales del mismo poblado de Los Piloncillos Espero conocer por conducto de los propios comandantes conocer (sic) las necesidades de la población y por ningún motivo provocar el menor atropello a las autoridades y población de este lugar", dijo Para don Cutberto, "con ese oficio reconocían lo que hicieron", por lo que decidieron exigir más al Ejército "En ese tiempo el apoyo que nos dieron fue llevar comestibles a Los Piloncillos, porque en esa época no se podía subir comida, pero nosotros éramos el único pueblo que subíamos una camioneta llena desde Atoyac, claro, con lo que lográbamos juntar de dinero entre todos Aquí en El Paraíso, los guachos daban permiso nomás de subir un kilo de azúcar y un kilo de masa" Ésa fue la mayor ayuda que recibió el pueblo en compensación por los seis asesinados "Luego de que llegaron a fusilarlos, el gobierno llegó en helicópteros con chanclas de plástico como pago; fue todo, no ayudó a ninguna viuda, y bien jodidísima que estaba la gente De la cancha nomás nos regalaron el cemento y nosotros la hicimos; la escuela, la hicimos nosotros apenas en 1985 De las armas, nomás nos dieron credenciales porque nosotros las compramos", relató A la fecha, ni Francisca Sánchez ni Cutberto Calderón comprenden por qué fueron los asesinatos Menos aún que se haga justicia después de tantos años, pues además desconocen los datos de los oficiales y soldados que participaron en los hechos (Proceso1248 / 2 de octubre de 2000)