En política exterior, el mismo rumbo
Jorge Castañeda marcó con su renuncia los límites de su colaboración con Vicente Fox, que perdió así a uno de los estrategas que lo llevaron a la Presidencia El canciller respondió con ese gesto luego de fracasar en su intento por tener otras opciones de trabajo en el gobierno, concretamente en Educación Pública El presidente, a su vez, no supo cómo reaccionar No me interesa discutir aquí este ejemplo, uno más de la debilidad de Fox, incapaz de asumir el control, incluso de su propio gabinete (Escuchemos su reacción a la noticia: "Lo que estamos haciendo es contemplando su decisión y decidiendo si aceptamos esa renuncia que está solicitando, o si le insisto que continúe") Quiero, más bien, aprovechar la oportunidad para recapitular sobre los rasgos de la nueva política exterior de México, que diseñó e impulsó en estos dos años Castañeda
El mundo es hoy distinto al que fue hace medio siglo, cuando se gestaron los principios rectores de la antigua política exterior de México Al término de la Segunda Guerra Mundial, los países reunidos en la conferencia de San Francisco acordaron una serie de reglas que regirían las relaciones entre los Estados miembros de Naciones Unidas Entre ellas destacaban la no intervención, la libre determinación de los pueblos, la igualdad jurídica de los Estados y la solución pacífica de las controversias En 1987, en la fracción décima del artículo 89, México los incorporó a su Constitución Fueron la base de una política exterior que le dio prestigio en el mundo, aunque muchas veces sus gobernantes no los respetaron (López Portillo, por ejemplo, transgredió el principio de no intervención al promover, junto con Francia, un acuerdo que le daba al FMLN el rango de "interlocutor legítimo" -aunque no de "fuerza beligerante", como muchos creen- en el conflicto de El Salvador) Los demás países, sobre todo las potencias, tampoco respetaron los principios de la Carta -al contrario, los violaron con frecuencia-, pero lo que nunca pusieron en duda fue su compromiso, a menudo cínico, o hipócrita, de defender ese conjunto de reglas en el que estaba basado el sistema internacional
A finales del siglo XX, sin embargo, y sobre todo después de la Guerra Fría, bajo la hegemonía de Estados Unidos, empezó a gestarse un sistema internacional distinto al que concibieron en 1945 los firmantes de la Carta de San Francisco Este sistema, el que nos rige ahora, está basado en una serie de reglas y de acuerdos en torno a varios objetivos (democracia, medio ambiente, derechos humanos) que la comunidad internacional defiende en todos los países bajo el principio de la jurisdicción universal Es un principio que tiene desde luego implicaciones importantes para la soberanía, tal como había sido entendida, décadas atrás, por todos los miembros de Naciones Unidas Está, de hecho, en contradicción con ella, contradicción que refleja la que ya existía, desde los años cuarenta, entre la Carta de San Francisco, que defiende sobre todo la soberanía de los Estados, y la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, firmada en 1948, que defiende, por encima del Estado, los derechos inalienables de los individuos
Castañeda hizo de la defensa de la democracia y de los derechos humanos una de las bases de la nueva política exterior de México Para ello creó una subsecretaría, a cargo de Marie Claire Acosta Por ello chocó también con la Revolución Cubana, régimen con el cual tenía ya desavenencias desde la publicación de La utopía desarmada Fue uno de los instrumentos que más utilizó para conseguir uno de sus objetivos: dar al país un perfil más alto en el mundo Hubo otros, dos principalmente: el activismo multilateral y la promoción cultural
El activismo multilateral tenía por objeto permitirle al país -en un contexto en que podía atenuar su debilidad relativa frente a las más grandes potencias, pues la confrontación con ellas era menos directa en los foros internacionales- participar en el diseño y en la construcción del sistema de reglas que empezó a surgir en el mundo a finales del siglo XX A esta voluntad respondió, entre otras cosas, la participación de México en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
La promoción cultural, por su parte, tenía como propósito -así lo explicó Castañeda en un discurso que escogió dar en Francia, publicado aquí por la revista Nexos- usar el soft power de la diplomacia cultural para que México, sin ser una potencia económica ni mucho menos militar, pudiera influir, con el prestigio de su imagen, en las grandes decisiones en el mundo Se trataba de exportar la cultura mexicana para difundir una mejor imagen del país en el exterior, que tuviera como resultado promover el turismo, la inversión exterior y la consolidación de las empresas mexicanas en el extranjero La idea cristalizó con la creación del Instituto de México
Junto con todos estos objetivos -fortalecer la democracia y los derechos humanos en el mundo; impulsar el activismo del país en foros internacionales; convertir la política exterior en un componente del plan nacional de desarrollo y, en general, proyectar al mundo una visión más positiva de México- estaba el más polémico de todos: "profundizar la relación con Estados Unidos", para utilizar la expresión utilizada por la Cancillería Fue una política audaz que tuvo cierto éxito en un tema central, la migración, hasta los atentados del 11 de septiembre, cuando Estados Unidos cambió de modo radical sus objetivos y Castañeda fue duramente criticado por alinear al país, explícitamente y a cambio de nada, con el imperio
Éstos son los rasgos de la nueva política exterior de México ¿Qué falló? Castañeda, a mi juicio, trazó correctamente sus objetivos, pero falló, a veces al instrumentarlos, en parte, por mala planeación (es el caso de su política cultural, en la que no quedaban claras las funciones respectivas de Gerardo Estrada, jefe de la Unidad de Asuntos Culturales, y Alejandra Rangel, directora del Instituto de México) y, en parte también, por características de su personalidad (hacía públicas sus desavenencias
-debilitándolos en sus funciones- con varios de sus colaboradores, entre ellos su embajador en Naciones Unidas, Adolfo Aguilar Zinser, uno de sus muchos "examigos", para utilizar la expresión popularizada por el libro de Norman Podhoretz)
El tema de "la nueva política exterior de México" es un tema distinto, aunque estén ambos vinculados al tema de "Jorge Castañeda" En términos generales, es posible decir que la nueva política exterior tuvo mejor suerte que Castañeda Las críticas que levantó su gestión estaban dirigidas, en la mayoría de los casos, contra su persona (por su activismo, por su soberbia, por su talento, etcétera) Otras fueron hechas contra políticas concretas que, sin embargo, estaban respaldadas por el conjunto del gobierno (el rompimiento con Cuba, el acercamiento con Estados Unidos) Por eso es difícil pensar en un cambio de rumbo en la política exterior de México, a pesar de lo que dice querer el Senado