Los orígenes del pleito La Habana-Castañeda (Primera parte)

miércoles, 8 de enero de 2003 · 01:00
Desde el fondo del Aula Magna de la Universidad de La Habana, Jorge Castañeda Gutman reconoció al comandante Manuel Piñeiro Lozada que, cerca del presidium, platicaba con invitados y otros funcionarios del gobierno cubano Castañeda se le acercó con naturalidad -Comandante, lo quiero saludar -dijo al tiempo que extendía su mano Piñeiro volteó y lo miró con sorpresa Luego, observó la mano extendida -No te la mereces -le dijo y se dio la media vuelta Eran los primeros días de enero de 1995 y Castañeda acababa de llegar a La Habana para iniciar su investigación en Cuba sobre la vida de Ernesto Che Guevara El desplante de Piñeiro fue un signo premonitorio del trato que recibió el entonces académico mexicano de parte del gobierno de Fidel Castro: el bloqueo a su investigación El enojo de Piñeiro -en ese momento una especie de ministro sin cartera con influencia en las altas esferas del gobierno- se remontaba a dos años atrás: en 1993, Castañeda dio a conocer en su libro La utopía desarmada los métodos que había utilizado el régimen cubano para exportar la revolución a América Latina, cuya pieza clave era el propio Piñeiro, primero como director general de los departamentos de Inteligencia y de Liberación Nacional y luego como jefe del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) Incluso, Castañeda escribió que La Habana apoyó los asaltos bancarios y los secuestros para financiar a las guerrillas del continente Citó varios ejemplos, uno de ellos el que le contó Jorge Masetti hijo: territorio mexicano fue utilizado para transportar armas y dinero en valijas diplomáticas cubanas “Puras falsedades ¿Tú crees que esta revolución cometería la imprudencia de poner en riesgo su relación con México con operaciones como ésa? Es absurdo”, tronó Piñeiro durante un diálogo privado con este reportero tras la salida de La utopía desarmada En pantaloncillos cortos y sandalias, sentado en su hamaca del patio trasero de su casa, Piñerio refería: “Allí donde estás sentado, Jorgito se la pasaba platicando conmigo y con otros amigos Era el hijo de don Jorge (Castañeda padre) y le abrimos nuestras puertas Pasó acá largas temporadas y le dimos nuestra confianza Lo que hizo se llama deslealtad” Desde entonces, la relación entre el canciller de México y los funcionarios del gobierno cubano estuvo marcada por las reservas y los desencuentros Castañeda se convirtió en un duro crítico de la Revolución Cubana y los funcionarios de ese país descalificaban los escritos de Castañeda Las diferencias no escaparon a la resolución de condena a Cuba, emitida el 18 de abril por la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas El canciller cubano, Felipe Pérez Roque, acusó a Castañeda de haber trabajado a favor de esa resolución, lo llamó “frustrado”, “susceptible de aceptar presiones de Estados Unidos”, “deslumbrado” por el poderío de ese país y con “un historial político de deslealtades” Castañeda reviró: dijo que no había que dar mayor importancia a los señalamientos de Pérez Roque, pues -aseguró- los cubanos están “un poco molestos y ardidos” (Proceso 1278/ 30 de abril de 2001)

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