Villa según Villa

domingo, 23 de noviembre de 2003
Conocidas de manera dispersa, y manejadas por diversos escritores -Martín Luis Guzmán, Nellie Campobello y Ramón Puente-, las memorias de Pancho Villa se conocerán íntegramente gracias a la edición facsimilar y tipográfica de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Editorial Taurus, bajo el título Pancho Villa /Retrato autobiográfico 1894-1914 La obra está basada en los relatos que Villa hizo al periodista Manuel Bauche Alcalde, donde aparece el general revolucionario de verdad, el "de carne y hueso": vengativo, cruel, protagónico y, a la vez, generoso, solidario, justiciero y sensible Que se me conozca tal y como fui, para que se me aprecie tal y como soy", dice Francisco Villa al comienzo de sus memorias, un documento extraordinario del que hasta ahora sólo se conocían versiones fragmentarias y sesgadas Hace unos 90 años, el general revolucionario relató pasajes importantes de su vida al periodista Manuel Bauche Alcalde -todo un personaje-, con el ánimo, le dijo, de que se conociera "al Francisco Villa de verdad, al de carne y hueso", que ni es el hombre-fiera que pintan sus enemigos ni el superhombre que quisieran representarse sus seguidores Villa según Villa es un personaje vengativo, cruel, protagónico, pero también generoso, solidario, justiciero y sensible; un bandido mañoso que de la noche a la mañana se convierte en un guerrillero fuera de serie; un hombre que se cobra a sangre y fuego el menor agravio pero al que se le salen las lágrimas cuando alguien ofende a su tocayo Panchito Madero, su héroe de cabecera Preocupado por el juicio histórico, Villa retoca su imagen en ciertos pasajes, aunque en muchos otros se muestra tal cual: lo mismo aparece robando caballos o vacas a quien sea -rico o pobre- que ordenando repartir pan entre la tropa en plena batalla Las memorias no evocan todas las imágenes famosas de Villa Están ausentes, por ejemplo, el Villa de Columbus y el Villa mujeriego, aunque resalta el Villa que seduce a amigos y compadres, quienes dejan todo por seguirlo en sus aventuras Así mismo, destaca un Villa poco conocido: el hombre de ideas políticas claras y justicieras Es también notable el modo como Bauche enmarca el retrato de Villa con el trazo preciso del entorno político, como cuando señala los errores del maderismo El relato de Villa fue originalmente recogido, en versión taquigráfica, por Miguel Trillo, en ese entonces ayudante del general, quien luego se lo pasó al periodista Los apuntes de Trillo y Bauche serían más tarde aprovechados por autores como Ramón Puente, Martín Luis Guzmán y Nellie Campobello, pero sólo ahora se conoce la versión íntegra, rescatada por Guadalupe Villa y Rosa Helia Villa, nietas del Centauro del Norte Guadalupe Villa, historiadora profesional, refiere que los cuadernos de Trillo siguen en versión estenográfica, "en virtud de que éste pretendió revolucionar los signos taquigráficos y utilizó unos de su invención" Asegura que cotejó en detalle los apuntes de Trillo con los de Bauche, "pudiendo encontrar nombres, lugares y números manuscritos, y constatar que se trata de la misma obra" Las memorias de Villa dictadas a Bauche serán publicadas en las próximas semanas, en edición facsimilar y tipográfica, por la Universidad Nacional Autónoma de México y la Editorial Taurus, bajo el título Pancho Villa /Retrato autobiográfico 1894-1914 La obra, cuya copia tiene Proceso, incluye textos del rector Juan Ramón de la Fuente y de Guadalupe y Rosa Helia Villa, quien ajusta cuentas con Martín Luis Guzmán, entre otras cosas por "cargar la pluma hacia lo oscuro y lo cruel" del general "La tragedia de mi vida" La autobiografía de Villa abarca tres épocas: la primera, de 1894 a 1910, desde que Doroteo Arango trabajaba como mediero en el rancho Gogojito, municipio de Canatlán, Durango, hasta su incorporación al maderismo La segunda, de 1910 a 1911, se concentra en la toma de Ciudad Juárez y en su primer retiro a la vida privada La tercera comienza en 1912, año de la reacción Creel-terracista, cuando Villa regresa a la lucha armada para combatir a Pascual Orozco, primero, y luego a Victoriano Huerta, en 1913 "La tragedia de mi vida comienza el 22 de septiembre de 1894, cuando tenía yo 16 años de edad", cuenta Villa, quien en ese tiempo trabajaba en Gogojito, parte de una hacienda de "los poderosos señores López Negrete, cuyo feudalismo abarcaba todas las formas de la opresión agraria" Refiere que ese día, al concluir sus labores, regresó a su casa y se encontró con un cuadro que lo cimbró: "Mi madre, en actitud defensiva y suplicante, abrazaba a mi hermana Martina (de 12 años de edad), y frente a ella se erguía arrogante, imperioso, don Agustín López Negrete, ¡el amo!, dueño de vidas y honras de nosotros los pobres "Con la voz angustiada, anegada en lágrimas, pero firme y resuelta, mi madre decía al amo en aquellos momentos: "-Señor, retírese usted de mi casa ¿Por qué quiere usted llevarse a mi hija? ¡No sea usted ingrato! "Loco de furor salí de mi casa, corrí hacia la cercana habitación de mi primo hermano Reinaldo Franco, descolgué una pistola que pendía de una estaca enclavada en la pared, y volviendo apresuradamente a mi casa, disparé el arma sobre don Agustín López Negrete, causándole una herida en una pierna" Acudieron en auxilio del hacendado cinco mozos armados con carabinas, "cuyos cañones me apuntaron resueltamente", pero el amo les ordenó que no mataran a su agresor Villa huyó y se escondió en la Sierra de la Silla, frente a la hacienda de Gogojito "Aunque tuviese que vivir eternamente errabundo -reflexiona-, lejos de la sociedad de los hombres, entre las fieras, entre los peñascales de la sierra, sin más compañía que mi vindicta, viviendo al acaso, en constante defensa de mi preciosa libertad y de mi inútil vida, aunque ese fuese todo mi porvenir, como lo era mi desesperado presente, ¡qué podrían importarme tan crueles perspectivas, si era yo el hombre, el fuerte, el aguerrido, quien habría de sufrir y de luchar, y no ella, la causa inocente de males tan grandes, mi hermanita, quien habría de quedar entregada a las bestialidades del amo y a las tempestades de un nuevo y pavoroso infortunio!" En la sierra, Villa se aburría "La enervante monotonía de mi existencia sólo era alterada cuando mis enemigos lograban acercarse adonde yo me hallaba" Así ocurrió un día, cuando lo sorprendieron dormido siete hombres armados y lo hicieron prisionero Como si nada, Villa logró zafarse con una treta: "-¿A qué viene tanto escándalo, amigos -dijo a sus captores-, si estoy rendido y ustedes tienen armas y yo estoy desarmado? Al fin todos somos del mismo rancho, vamos asando unos elotes para almorzar, y después nos retiraremos adonde ustedes quieran llevarme" Aceptaron la propuesta Y "cuando vi que dos de ellos se habían ido a cortar los elotes, otros dos a traer la leña y solamente tres quedaban allí conmigo, repentinamente saqué la pistola y me eché sobre ellos, haciéndolos rodar hasta un pequeño arroyo; corrí hacia donde estaba mi caballo, y cuando se reunieron nuevamente para darme alcance, yo ya iba a media rienda rumbo a la sierra, mientras ellos se quedaban en el plano mirando cómo me alejaba" Entonces le echaron encima a la Acordada de Canatlán, forzándolo a cambiar de refugio Se fue a la Sierra de Gamón, provisto de 12 reses "Me remonté a los últimos confines de una quebrada que se llama el Cañón del Infierno; allí sacrifiqué mis reses, las hice carne seca y me establecí regiamente por unos cincos meses" "Oiga, güerito" De vuelta a la Sierra de la Silla, su camarada Jesús Alday le presentó a dos amigos, Ignacio Parra y Refugio Alvarado, "que en aquella época eran tan perseguidos como yo y con quienes el destino me juntaba para sabe Dios qué tenebrosos fines" Los bandoleros invitaron a Villa a unírseles, pero le advirtieron: "Oiga, güerito, si quiere usted andar con nosotros, es necesario que haga todo lo que nosotros le mandemos Nosotros sabemos matar y robar Se lo advertimos para que no se asuste" A Villa no le costó mucho comprometerse, porque, dijo, "¡también los hombres que se titulan pomposamente honrados matan y roban!" Y sentenció: "Los ricos, que son quienes gobiernan, y las autoridades, que son los instrumentos de los ricos, matan al pobre pueblo de hambre También los altos funcionarios roban, mientras al pueblo le faltan escuelas en qué educar a sus hijos, hospitales en qué recuperar la salud perdida, asilos en qué ir a pasar los últimos días de una vejez miserable" También los altos dignatarios de una "mentida religión que proclama la humildad y la mansedumbre roban y se enriquecen, explotando el fanatismo, hurgando en las conciencias, exprimiendo la miseria de los pobres", para que los prelados satisfagan "su glotonería con los manjares más ricos, cubran sus cuerpos viscosos, poltrones y grasientos con las telas más exquisitas y las joyas más deslumbrantes" Ya en ese camino, los tres bandidos se hicieron de recursos En algún momento, la madre de Villa le advirtió que "estos hombres que andan contigo te van a llevar a la perdición; ustedes andan robando, y ése es un crimen que cargo en mi conciencia si no te lo hago comprender así" Pero él se escabulló: "Mis enemigos me persiguen, no me dejan vivir, y usted sabe bien de dónde arrancan mis sufrimientos: he querido defender el honor de mi familia y prefiero ser el primer bandido del mundo antes que ver ultrajado mi honor, ya que en la tierra no hay un tribunal, una justicia, un amparo contra los atentados de los poderosos Déme usted su bendición, madrecita mía, y encomiéndeme a Dios, que mi Dios sabrá lo que hace conmigo" En cualquier caso, Villa relata con desparpajo sus latrocinios, sin callarse los hechos malos por sonrojo ni los buenos por inmodestia, según aclara Pero se pinta como un bandido generoso que reparte el botín entre los pobres, incluyendo a su madre, parientes o conocidos, como hizo con un anciano al que le puso una sastrería para ayudarlo a mantener a su familia Ante un cadáver En algún momento, se incorporó a la gavilla un tal José Solís, que era muy amigo de Ignacio Parra Un día encontraron en el camino a un viejecito que llevaba pan, y Solís le pidió que les vendiera un poco del producto, pero aquél se negó porque lo llevaba a la Hacienda de Santa Isabel de Berros, para los amos Ante la furia de Solís, el panadero no se amilanó Entonces, el bandido sacó su pistola y, dice Villa, "haciendo uso de una altanería impropia de un hombre, y menos con seres indefensos, sacó la pistola y de dos balazos dejó muerto al pobre anciano" Indignado, Villa reclamó a Parra el proceder de su amigo y le dijo que si así iban a actuar, mejor se separaba "-Retírate cuando gustes -me respondió Ignacio fríamente-, al fin sin mí no puedes vivir" Villa siguió su propio camino En esos días, fue a visitar a su madre y en el trayecto se topó con el capataz de un rancho, quien lo insultó y le advirtió que no debía pasar por ahí "-Yo no lo mortifico en nada, señor, con pasar por aquí -le dije humildemente "Pero él, que seguramente tenía aprendida de los amos la manera de tratar a los humildes, me echó el caballo encima y me pegó dos cintarazos "Encendido en cólera, le clavé las espuelas a mi caballo, me eché furioso sobre aquel hombre, y vaciándole mi pistola lo dejé muerto allí mismo Desmonté, me acerqué a aquel hombre, le quité la pistola que esgrimía en la diestra, le desfajé la cartuchera, y mirando aquel cadáver pensaba con infinita tristeza: "¡Si este hombre no me hubiera maltratado, yo no lo habría matado!" Dios y don Porfirio En sus correrías, Villa reclutó a su compadre Eleuterio Soto Los amigos se internaron en la Sierra de Matalotes, "donde hicimos una matanza de 300 reses, cuya carne ya teníamos contratada en Parral para su venta Así fue como, tan pronto como hicimos la entrega de la carne, recaudamos el producto de la operación Dueños ya de aquel dinero, encaminamos nuestros pasos a la ciudad de Chihuahua Era mi propósito -que llevamos a cabo- establecer un expendio de carne; y eran mis esperanzas que no fuéramos reconocidos, para poder trabajar en paz" Y así fue, durante un año "Era la época abyecta de la Paz Porfiriana, que parecía haber destruido, y para siempre, el último resto de pundonor, de dignidad, de altivez y de valor civil en nuestra raza Dios mandaba en los cielos, don Porfirio en la tierra; Terrazas y Creel en Chihuahua; y cada uno de los encomenderos porfirianos, en las ínsulas que les había tocado en suerte exprimir en el reparto tuxtepecano" En compañía de Soto y de José Sánchez, Villa viajaba de Chihuahua a San Andrés, de allí a Ciénega de Ortiz -poblados de la misma entidad- y nuevamente a la capital del estado, "siempre oculto, siempre perseguido, temiendo a cada instante una emboscada, desconfiando de todo mundo" Por esa época, Villa se había comprado una casa en la capital, en la calle Décima número 500 "Un amplio solar en el que había edificadas tres piezas de adobe, encaladas, una minúscula cocinita y un extenso mechero para mis caballos Yo mismo levanté las bardas del corralón, construí las caballerizas y doté a mis bestias de un suntuoso abrevadero y pesebre" En esa casa Villa tuvo sus primeras entrevistas "con el noble mártir de la democracia, don Abraham González; no la cambiaría yo por el más suntuoso palacio Allí resonó la voz del apóstol invitándome a vindicar por medio de la revolución los derechos del pueblo ultrajado por la tiranía Allí sentí por primera vez que mi latente rebeldía contra toda opresión y toda forma de vasallaje cobraba forma definida y orientación determinada Allí vine a comprender, por primera vez, que todas las amarguras, todos los odios, todas las rebeldías acumuladas en mi alma en tanto año de sufrir y de luchar, me daban una convicción, una fortaleza, una energía y una voluntad tan clara, que debería yo ofrecérselas a mi patria" Exaltado, Villa recuerda también que en esa casa escuchó por primera vez "el nombre venerado de Francisco I Madero Allí aprendí a amarlo y a reverenciarlo, porque venía con su luminoso Plan de San Luis Potosí, con su fe inquebrantable y con su esfuerzo titánico a luchar por nosotros los pobres, los oprimidos, los despojados, enfrentándose no sólo al tirano y a su potente máquina de opresión y destrucción y aniquilamiento, sino desafiando la indolencia del pueblo, la pereza de los amodorrados, la indiferencia de los avenidos, la burla cruel y la agresión ardiente de los contaminados" Así se trepó Villa a la ola revolucionaria, junto con otros 15 conspiradores, entre ellos su compadre Soto, Feliciano Domínguez, Tomás Urbina, Pánfilo Solís y Bárbaro Carrillo "Todos estábamos perfectamente armados y montados, yo les cubría sus haberes de mi propio peculio, y día y noche custodiábamos a don Abraham González, prontos para cualquier emergencia" El corazón de Madero Las habilidades militares de Villa merecieron pronto que Madero lo mandara llamar En la Hacienda de Bustillos, Villa se halla frente "al jefe supremo de nuestra causa, frente a aquel hombre genial, inmenso dentro de su diáfana sencillez, sonriente y bondadoso, como si todo él no supiese sino derrochar mercedes y sembrar gratitudes "-¡Hombre, Pancho Villa, qué muchacho eres! -me dijo al verme- Yo te creía un viejo Quería yo conocerte para darte un abrazo por lo mucho que se habla de ti y lo bien que te has portado" Luego, Madero visita a Villa en uno de los primeros pueblos que tomó, San Andrés "Los gritos de ¡Viva Madero! ¡Viva el caudillo de la democracia! ¡Viva la libertad! ¡Abajo la dictadura!, poblaban los aires, y en más de cuatro de mis valientes soldados, de mis esforzados guerrilleros, de mis temerarios luchadores, vi que la divina nublazón de las lágrimas llenaba sus ojos fieros, ardientes, habituados a mirar el peligro de frente "El señor Madero saludaba cariñosamente a la multitud delirante, y yo veía que una ola inmensa de gratitud llenaba aquel pecho en el que ha latido uno de los corazones más nobles, sinceros y buenos de nuestra patria" La lección a Garibaldi En vísperas de la toma de Ciudad Juárez, Villa conoció a Giuseppe Garibaldi, filibustero australiano que se había incorporado a las filas maderistas con 100 hombres Un día, uno de los hombres de Villa se quejó de que al pasar por el campamento de Garibaldi, le quitaron su rifle y el parque Molesto, Villa le mandó un recado: "-Señor Garibaldi: tenga usted la bondad de entregar a mi soldado su rifle y su parque; y si tiene usted alguna queja contra él, pase a exponerla, pues yo no me meto con su tropa, para que usted no se meta con la mía" Al reverso del mismo papel le contestó Garibaldi: "-No entrego nada de rifle Si usted es hombre, yo también lo soy Pase usted por él" Hirviendo de coraje, Villa se dirigió al campamento de Garibaldi, le reclamó su proceder y le dijo que le bastaban 30 hombres para desarmarlo a él junto con todos los "intrusos aventurosos" que componían su ejército, "para probarle que yo sí era hombre y no un hablador como él Y como Garibaldi me contestara que también él era muy hombre, le eché el caballo y con la pistola le di un golpe en la cabeza, ordenándole que me entregara la pistola que llevaba ceñida al cinto" Además de desarmarlo, Villa lo regañó: "-Que esto le sirva a usted de lección para que otra vez sepa usted que nosotros los mexicanos no permitimos que ningún extranjero nos ultraje, y pueda usted decir, cuando la ocasión llegare y por su propia experiencia y para orgullo de mi patria, que México sí cuenta con hombres de resolución y de carácter, que están dispuestos a sostener, al precio de su vida y ante todas las naciones, el buen nombre y el valor de nuestra raza () Lo dejo a usted en su campamento en absoluta libertad y agradézcame que no lo mande fusilar en el acto" Más tarde, los dos redomados pícaros se reconciliaron y, por instrucciones de Madero, hasta un abrazo se dieron Lecciones para el presente Corría 1912, el año en que los grandes caciques de Chihuahua, los Creel y los Terrazas, arremetían contra el maderismo Bauche, quien conocía muy bien el entramado político chihuahuense y nacional, anotó las siguientes reflexiones: "La revolución maderista fue demasiado benigna para con el enemigo, y demasiado propicio el Blanco Interinato (de Francisco León de la Barra, ministro porfirista que se hizo cargo de la Presidencia tras la renuncia de Díaz) para que se convencieran los enemigos del pueblo de que aún no había concluido su reinado "Cierto que las figuras principales de la dictadura se exhibían en los balnearios europeos a la moda (como Biarritz) y en las grandes metrópolis, luciendo la bella máscara de reyes destronados Cierto que allá lejos arrastraban una brillante vida de potentados la familia real y su corte de honor y de zánganos; pero aquí en México, en la capital y en la República entera, quedaban todas las ramazones del árbol de la tiranía que, desgajadas del trono, caían de pie, ¡claro está que de pie!, sobre un suelo propicio, y pronto enraizaban, y pronto florecían, y pronto daban frutos por cuenta propia "Y lo que antes fue una gran tiranía, compuesta por incontables caciques de segunda fila, se transformó, gracias a la benignidad de la revolución, a la amoralidad del Blanco Interinato y al alejamiento del elemento netamente revolucionario del gobierno constitucional, en una prodigiosa reacción en la que todos los caciques de segunda fila aspiraban nada menos que al cacicazgo máximo "y producto de las ilimitadas complacencias del señor Madero y de los grandes vuelos que adquirían esos funestos personajes, azuzados por una prensa descaradamente libertina, fue la serie ridícula de levantamientos frustrados, revoluciones abortadas y complots y conspiraciones y asonadas que sacudían con pataleos histéricos la hipócrita presidencia del jesuítico León de la Barra y el infortunado y flagelado y bifurcado gobierno del señor Madero, ya no emanante de la revolución del pueblo, sino confeccionado en sabe Dios qué laberintos, donde las palabras 'conveniencia', 'conciliación', ' política', 'diplomacia', 'transigencia', 'tolerancia', 'acomodación' sonaban en labios de los vencedores como implorando una limosna de indulgencia de parte de los altísimos vencidos" En ese clima, Villa abominaba de los pavorreales que "asoman tras de la tempestad luciendo el bello ropaje de sus colores fingidos" Se refería a los "políticastros" que integraban el gabinete maderista, "formado a tontas y a locas" e incapaz de dar respuesta a las aspiraciones de cambio que estallaron en 1910

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