El cumplecien años de Alberto Trueba Urbina

sábado, 8 de noviembre de 2003
La gentileza de Fernando Serrano Migallón, Director de la Facultad de Derecho de la UNAM, de Guillermo Hori Robaina, hoy Director del Seminario de Derecho del Trabajo y de Rubén Delgado Moya, el discípulo más fiel del maestro Trueba, me permitió participar el pasado 30 de octubre en el homenaje que se le rindió precisamente en el Aula Magna Jacinto Pallares de la propia Facultad La cita era a las siete de la noche Advertí a Rubén y a Guillermo que, tal vez, llegaría un poco tarde porque el traslado desde Polanco a Ciudad Universitaria podría presentar el embotellamiento de vehículos más intenso por la hora y por esa otra razón, que no se explica: por que sí Salí a las seis y milagrosamente entré a la Sala a las siete y dieciséis minutos Casi triunfal Debí ser el primer orador pero para no hacer esperar Rubén Delgado estaba leyendo su trabajo en memoria del maestro Hori, ejerciendo la labor de distribuidor de las intervenciones, me concedió la palabra Pedí disculpas públicas Pero en lugar de hacer un discurso serio y meditado, no resistí la tentación de hablar de ese hombre torbellino que fue Trueba Urbina Tuvimos una relación constante, muchas veces conflictiva pero siempre cordial Nos veíamos con frecuencia en los pasillos de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje a la que Trueba había regresado, como litigante, después de ser gobernador de Campeche, conquistar tierras al mar y con un pequeño exilio final porque no le dio la gana de entregar el poder a su sucesor, nombrado por López Mateos en contra de su voluntad Había vuelto al litigio, pero como no tenía demasiado trabajo, le sobraba tiempo para platicar y en eso era extraordinario Resultaba muy grato aprovechar su tiempo pero no siempre la exigencia de puntualidad de las audiencias que yo atendía a nombre del IMSS me permitía el lujo de la charla Si ese era el caso, me escabullía en cuanto veía su siempre elegante presencia unos metros más allá Coincidíamos en conferencias Don Alberto jamás las preparaba, pero tenía una gracia especial Durante cinco minutos, los iniciales de su intervención, parecía repetir un disco sobre cuestiones elementales mientras su mente prodigiosa, al mismo tiempo, organizaba el discurso Concluida esa etapa, aspiraba hondo y se lanzaba a tratar el tema que, por supuesto, no era nunca el que le habían pedido No era extraño que hablara de su inexplicable Teoría Integral o de sus amigos los constituyentes de 1916-1917 Fue un autor prodigioso e introductor de la materia “Derecho procesal del Trabajo” sobre lo que escribió libros de particular amplitud Pero al final de su vida se metió de lleno con el Derecho sustantivo del Trabajo en obras que hay que leer Yo, sin embargo, me declaré enamorado de un librito formidable, la protesta encendida en favor de la obra del Constituyente, “El nuevo artículo 123” en el que hizo una crítica feroz de las reformas introducidas por López Mateos que, con toda razón, consideró violatorias de la letra y el espíritu de nuestro 123 El maestro Trueba tenía sus pequeñas fobias y un gran sentido del humor A Baltasar Cavazos y a mí nos habían invitado en la Universidad de Tamaulipas a dictar alguna conferencia Baltasar lo hizo primero y a mí me tocó al día siguiente El tercero y último día hablaron Hugo Italo Morales, tamaulipeco y excelente maestro, entonces muy joven y asistente eficaz al homenaje y cerró el ciclo Trueba Urbina Al día siguiente Hugo nos contó a Baltasar y a mí que el maestro Trueba, quien manifestaba una fobia especial en contra de Mario de la Cueva (que yo creo que era una admiración disimulada), había dicho a los divertidos estudiantes que Baltasar era la nalga derecha de De la Cueva y yo la izquierda No me resultaba demasiado cómoda la comparación, salvo en el remoto sentido ideológico, pero debe haber provocado una carcajada general En el acto de homenaje habló y habló muy bien Pedro Ojeda Paullada, medio sobrino, por su lado campechano, del maestro Trueba Y recordó como en sus tiempos de Secretario de Trabajo provocó la reforma procesal de la Ley Federal del Trabajo proyectada, en lo fundamental, por Jorge Trueba Barrera, hijo del maestro y él mismo un excelente especialista no sólo de Derecho laboral sino también de Constitucional Esa reforma de 1980, contaba Pedro, ha sido ahora el objeto de la agresión más infame por los abogados empresariales que han preparado el “Proyecto Abascal”, con la complicidad de los representantes corporativos Favoreció, por supuesto, a los trabajadores que vieron romperse, por fin, el sentido igualitario de las partes, crimen notable, que caracterizaba al procedimiento laboral anterior Y ahora se pretende, alertaba Pedro Ojeda Paullada, regresar al espíritu civilista de la igualdad de las partes en el proceso Pedro Ojeda fue presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Yo confío en que mantenga influencias importantes en el Partido para que no sea cómplice en la aprobación del Proyecto Abascal Fue muy grato recordar al maestro Trueba en presencia de Chinta, su hija; las hijas de Jorge, por cierto que muy guapas y un público que integraban alumnos nuevos un tanto curiosos por conocer la figura del maestro Trueba En unos días más, en la División de Estudios Superiores de la Facultad, un aula llevará, muy merecidamente, el nombre del maestro

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