Augusto Monterroso platica de "La vaca", sus ensayos sobre su vida de lector (Primera parte)

martes, 11 de febrero de 2003
En uno de los ensayos de su más reciente libro, La vaca, que publicó la editorial Alfaguara, el escritor Augusto Monterroso le enmienda la plana a Jorge Luis Borges Acucioso lector de autores clásicos, Tito Monterroso explicó a Proceso, en septiembre de 1998, que el escritor argentino, en un prólogo a Las aventuras y desventuras de la famosa Moll Flanders, de Daniel Defoe, con inusitada imprecisión aseguró: "Que yo recuerde, no llueve una sola vez en todo El Quijote" El autor de La oveja negra y demás fábulas replicó: "En El Quijote sí llueve, y precisamente en un momento muy importante del libro En un capítulo de la Primera Parte, que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, en la primera línea, se lee: 'En esto comenzó a llover un poco' Y más adelante: ` y quiso la suerte que, al tiempo que venía un barbero, comenzó a llover, y por que no se le manchase el sombrero, que debía ser nuevo, se puso la bacía sobre la cabeza; y, como estaba limpia, desde media legua relumbraba'" Inquisitivo pero simultáneamente preocupado confió al semanario que se trató de "un asunto delicado y difícil": "No quiero aparecer como acusador de Borges, eso me parece una vulgaridad Sin embargo, lo que hago es contar algo que he observado en mis lecturas" No obstante, entre los hallazgos que dio a la luz en La vaca, destaca la extraordinaria semejanza entre un artefacto imaginado por el escritor madrileño nacido en 1553, Alonso de Ercilla y Zúñiga, y El Aleph de Borges: "La lectura del poema La Araucana me dio la posibilidad del curioso descubrimiento En 1940 la colección Nuestros Clásicos de la UNAM iba a incorporar a su acervo esa obra tan amada por los chilenos A mí me tocó corregir las pruebas Pero fue durante mis dos años de exilio en Chile (1954-1956) donde aprendí a apreciar con cierta fascinación y gusto este gran poema Supe y oí del amor que Pablo Neruda le profesaba, sus razones eran obvias pues Ercilla cantó el amor por los araucanos, al tiempo que los mataba" Continuó: "Luego de varias lecturas del poema noté la presencia de Fitón, quien era un mago poseedor de una especie de Aleph, no le llamaba así, le llamaba poma, referido a frasco redondo El extraño artefacto era una bóveda inmensa, un cuarto grande donde se podía ver lo que se quisiera del presente, del pasado y del futuro El hechicero le muestra a Ercilla imágenes del mundo entero y conocido hasta ese momento Fitón lo pone frente a la batalla de Lepanto que había sucedido algunos años atrás Le hace observar episodios que se dan en diversos rincones del mundo E incluso le sugiere que de contar con más tiempo le dejaría mirar cosas que aún no suceden, los cuerpos celestes y la virtud de los astros La relación con el episodio imaginado por Ercilla en La Araucana y el célebre relato de Borges fue obvia" Monterroso escribió su versión abreviada de El Aleph en el ensayo "El otro aleph", y es la que hoy aparece ampliada en La vaca Le llama la atención que ningún crítico o académico se mostrara interesado por el asunto: "Será porque me han creado la fama de humorista, y otra peor: la de bromista Tal vez por eso los eruditos no se ponen a pensar que ahí tenemos un asunto notable" De la razón para titular al volumen de ensayos La vaca, asentó: "La vaca se me ha ido apareciendo a lo largo de mi vida de escritor En Obras Completas (y otros cuentos) escribí una fábula inspirado en ella En ese apretado relato imagino en su tremendo final a una vaquita muerta a la orilla de la vía del tren, y acaso simbolizar con ella la indefensión de los débiles cuando se quieren pasar de listos ante el poder "Sin embargo, la vaca como símbolo de algo triste y como tema literario apareció ante mí por primera vez cuando en la preadolescencia leí el cuento 'Adiós, Cordera', de Leopoldo Alas, que entonces me conmovió enormemente, y después he declarado hasta como una de mis influencias Con lo cual me hice acreedor a la sanción de mi amigo el poeta nicaragüense recientemente desaparecido, Carlos Martínez Rivas, quien preguntó a quemarropa cómo era posible que yo hubiera declarado en público semejante barbaridad, siendo Alas un escritor tan malo Nunca acepté su opinión En una fábula de Fedro también sale a relucir otra vaca Y Vladimir Maiakovski acuñó la famosa frase en el poema 'A Serge Esenin': 'En el lugar de un monumento a Marx se reivindica un monumento a la vaca' Y no a una vaca lechera al estilo de Sosnovski, sino a la vaca símbolo, a la vaca que da cornadas contra la locomotora La vaca del poeta ruso es un símbolo contra la mansedumbre, porque es mejor una vaca pateando la locomotora que viéndola pasar" –También se cumple la obsesión por darnos otra connotación de ciertos animales, ¿no? –En efecto, una vaca que protesta y no está de acuerdo con la mansedumbre –En varias ocasiones usted fue personaje de sus ensayos y cuentos –Sí, hay algo de eso Empero, no me lo propuse así En el caso de La vaca se trata de unos ensayos a la manera de Montaigne, es decir, no son académicos En ellos expreso opiniones personales y experiencias propias Es probable que se dé esa forma semiautobiográfica pues siempre parto de una experiencia propia, y así aparece el autor –¿Pone usted en duda el enorme prestigio del cual goza la letra impresa? –Con ese prestigio que da la letra impresa, los libros se convierten en entidades incuestionables Hay gentes dispuestas a creer más en lo que se afirma en un libro y descreen de lo dicho por una persona Si una supuesta verdad aparece en un libro, eso ya es una autoridad Los que tratamos con libros, no estamos dispuestos a creer eso Uno se llega a familiarizar tanto con los libros que –tarde o temprano– descubrimos que no siempre hay ese prestigio Entre los libros hay cosas que no valen la pena, ni hay verdades que respetar “Una forma de acercarse al libro sería quitarle esa aura de cosa sagrada e intocable Quiero suponer que el libro es un objeto con el que uno debe jugar y hasta pelearse Es mucho más atractivo un libro que ofrezca pelea y sea incómodo, y no aquel con el que se está absolutamente de acuerdo o no dice nada”, aseguró el escritor Augusto Monterroso, en entrevista con Proceso, publicada en septiembre de 1998 –A ratos exhibe el snobismo campeante en la vida literaria, ¿no es así? –No lo hago de forma deliberada, porque si estoy dentro de la vida literaria, al poner en evidencia ciertos snobismos evidentemente expongo los míos Por ejemplo, varios de mis ensayos y cuentos parten o llegan a tocar el ridículo de la propia persona que habla Como autor enfrento y asumo mis debilidades, mi ignorancia o mis ridiculeces para poder hablar de las flaquezas ajenas –En su caso, ¿la lectura de los clásicos fue una tabla de salvación? –En un momento dado pensaba que los demás lo habían leído todo Mi condición de autodidacto me hacía sentir que no había leído nada De esa falsa premisa partí para leer todo lo que cayera en mis manos No obstante, vivía en un país subdesarrollado como Guatemala, por eso fui a satisfacer mi deseo de saber y caí en la biblioteca pública Yo podía leer lo que quisiera en la Biblioteca Nacional siempre que fueran clásicos No había libros nuevos y modernos Por eso invariablemente caigo en la mención de los clásicos –Sin embargo, la desatención a los clásicos es hoy un signo de los tiempos, ¿no cree? –No sé si la curiosidad por ellos ha disminuido y sea una grave carencia en otros escritores No quiero imponer lo que se debe hacer Para mí los clásicos no están muertos En México hay una gran tradición por publicar clásicos originada por José Vasconcelos "Cuando impartía clases y talleres de literatura mis alumnos se quejaban de que los libros eran muy caros Les decía: 'Jóvenes, están mal, los libros caros siempre son los malos, son los que acaban de salir, los que están de moda y los que supuestamente debemos leer Esos libros se dan a precios elevados' "En cambio, si en realidad se tiene el deseo por leer los libros buenos, éstos son los más baratos Se trata de una paradoja que encierra la realidad de que los libros entre más buenos son más baratos Puedo mencionar concretamente la colección Sepan Cuántos, de Porrúa (Proceso 1142/ 21 de septiembre de 1998)

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