Premio Juan Rulfo, Augusto Monterroso hace su teoría del cuento, un genero que "no se tiene qu

martes, 11 de febrero de 2003
Augusto Monterroso vivió su boom en 1996: la edición de sus obras "casi completas" en España y México, el regreso a Guatemala tras 52 años de exilio, y ahora el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, que le otorgó la Feria Internacional del Libro de Guadalajara Días antes de que se diera a conocer éste –15 de julio de 1996-- y en ocasión de que la editorial Alfaguara presentó su volumen Cuentos, fábulas y Lo demás es silencio en la capital española, Monterroso habló para Proceso Entre otros temas, desarrolló algunas ideas acerca del cuento, género que lo ha situado en primer término entre los escritores de lengua castellana Madrid- De entrada, Monterroso rechazó que el cuento esté en extinción, ni que se use menos Al contrario, dijo, "hay un renacimiento del relato corto, y del cortísimo" Contó: "Hace poco tiempo estuve en Italia y me encontré con que había un gran entusiasmo por los relatos cortos, y los textos brevísimos Incluso unos jóvenes escritores organizaron allí un concurso en un periódico A mí me daba un gusto especial todo esto, porque me ponían a mí como ejemplo de lo que se podía hacer en dos líneas" –¿A qué atribuye este renacimiento del relato corto? –Todos los géneros y estilos pueden convivir, sin que uno desplace a otro Cada género encontrara sus recursos afines, los que gusten del relato corto, serán los que sostengan esta cosa Sin embargo, yo respeto mucho los libros largos, soy aficionado a ellos, la cosa es que no los puedo escribir –¿Aficionado a cuáles? –Yo aprendí a escribir breve leyendo a Proust y a otros autores largos Cervantes también Aprendí a escribir breve desde muy joven porque era y sigo siendo muy aficionado a poetas latinos y griegos Me gustaron estos poetas, a quienes yo leía traducidos en prosa, la capacidad que tenían de decir muchísimo en pocas palabras Eso me marcó para aficionarme al principio de decir lo más posible con el menor número de palabras –¿Puede tener una influencia de su etapa como periodista? –No, me viene más bien de aquella época Luego leí otros clásicos españoles que eran autores de cuentos, por ejemplo Don Juan Manuel, autor de El conde Lucanor, con cuentos breves como fábulas –Sus personajes son seres con muchos defectos, mediocres, con miserias, en fin, personas de la vida cotidiana –Me gusta que sean personajes de la vida real Me gustaría que mis lectores se dieran cuenta de eso, que mis personajes son comunes y corrientes, generalmente son seres que no están contentos con su condición, que hacen esfuerzos por cambiar y en esos esfuerzos se pueden pasar toda la vida sin cambiar, porque tengo la filosofía de que por más que la gente diga que quiere cambiar, en realidad no cambia –Además de su novela Lo demás es silencio, ¿se plantea usted escribir más novelas? –Escribirlas no, leerlas sí, soy un gran lector de novelas Últimamente he dejado un tanto de ver novelas de autores contemporáneos, porque he entrado en esa etapa de las relecturas Vuelvo a mis viejas novelas: El Quijote, Moby Dick, Madame Bovary, porque hay un momento de que uno requiere releer Ahora no leo todas esas novelas que están saliendo constantemente, porque también hay mucha oferta y no hay tiempo para estar al día La novela es el género padre No sé qué va a pasar con la novela, unos vaticinan que va a desaparecer, pero no tiene por qué, sólo que tiene que renovarse –¿Sigue usted defendiendo el cuento, un género que parece más vulnerable? –Porque lo ven pequeño abusan los grandotes El cuento no se tiene que defender de nada, es el género más antiguo y publicado de las literaturas de todos los tiempos Lo que más ha perdurado son los cuentos Tanto en Oriente como en Occidente Lo que sucede es que mucho público ha dejado de entender lo que es el cuento El cuento es una cosa aparte, no es una novela pequeña Es un género tal cual, con reglas propias que muchas veces hay que romper –¿Usted las rompe? –Sí, muchísimo –¿Se considera un transgresor de la literatura? –Sí, me gusta serlo, sin salirme de ciertas reglas Este es un equilibrio bastante difícil de entender Hay que romper ciertas reglas, sin salirse de unas fundamentales –¿Cuáles son las reglas que más le gusta ignorar? –Ciertas formas ya muy usadas, como el recurso de la sorpresa final Durante mucho tiempo el público se acostumbró a que del cuento lo que debía esperar era una solución final asombrosa Esa es una regla que hay que romper: nada de sorpresas Otra es que el cuento debe estar siempre contando una historia con personajes muy interesantes, extraños, o a los cuales les va a suceder algo extraño También esa regla hay que romperla El cuento puede contar algo que ni siquiera esté sucediendo El valor de los cuentos, como los concibe ahora Monterroso, está en su elaboración literaria, "y que esa elaboración lo haga interesante en cada una de sus líneas y párrafos" Los cuentos breves, dijo, deben tener casi la elaboración de un poema, con la aspiración de que ese cuento pueda ser leído una vez y otra vez, siempre "Eso no se ha entendido mucho en Europa, pero cada vez más lo aceptamos en América Latina, donde los cuentistas hemos experimentado que el cuento ha tenido una larguísima tradición de excelencia Basta leer a Onetti, Borges, Cortázar, Rulfo; pero en Europa siguen haciendo los cuentos iguales, con el respeto a la regla de la sorpresa final" Advirtió que cuando se sigue la regla de la sorpresa final, "puede ser peligroso, porque al lector puede ser que al final ya no le interese seguir leyendo, porque ya sabe cuál es la sorpresa En una obra literaria uno puede saber ya todo lo que le pasó o lo que le va a pasar al personaje, porque ya lo ha leído siete veces y lo va a tomar la octava vez y ya no le interesará lo que le está sucediendo, sino en cómo el escritor lo está contando El escritor es el que debe estar mandando, no los hechos" –¿Siempre ha sido un provocador? –Si, me gustaría seguir siéndolo, pero ya me he vuelto oveja blanca Mejor navegar con la bandera de oveja blanca y ser oveja negra (Proceso 1028/ 15 de julio de 1996)

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