El terror como argumento

domingo, 16 de febrero de 2003
En la última fase de la histeria que se vive en los Estados Unidos y aprovechando al máximo el mensaje inesperado y yo diría que inoportuno del señor Bin Laden, suponiendo que sea auténtico y no un simple truco, se están produciendo compras de pánico, vuelo de helicópteros y de cazas para alertar de un posible ataque en contra de New York y Washington En la capital se colocan baterías antiaéreas y los aeropuertos viven la crisis de la vigilancia extrema El miedo a una agresión con gas cianuro; la preparación de los hospitales frente a esa y otras contingencias; la compra de pánico de cinta adhesiva y plásticos valiosos para cubrir ventanas y puertas e impedir los efectos de algún ataque atómico (lo que me parece difícil de creer) son hoy las notas que dominan en un país que nunca, salvo la puntada de Francisco Villa en Columbus, había sido atacado en su casa, si no se consideran acto de guerra los atentados terroristas del 11 de septiembre La crónica de Jim Cason y David Brooks, en La Jornada del viernes 7 de febrero es verdaderamente impactante Pero sobre todo porque ante la evidencia de una oposición cada vez más firme en contra de la guerra, el gobierno de Bush aprovecha cualquier coyuntura para justificar la medida que, ahora sí, parece que será inmediata Esa psicosis implica, por supuesto, que se estén echando a la basura los principios democráticos que se supone iluminan la vida norteamericana Hay detenidos sin derecho a defensa y sin plazos procesales y ejercicio sistemático de la tortura aunque, discretos ellos, para eso trasladan a las víctimas a otros países o regiones más propicias Además, todo lo que se pueda inventar, que no es poco, en un país cuyos gobernantes ejercen con entusiasmo la continuación del nazifascismo que tantos daños provocó en la primera mitad del siglo anterior El absoluto desprecio a Naciones Unidas; la decisión de ir a la guerra sin el voto favorable del Consejo de Seguridad; la ira frente a Francia y Alemania que después de tantos años de enemigas, hoy se alían en la defensa de la paz mundial, son las notas identificadoras de la conducta del gobierno norteamericano Y, a su lado, asistentes fieles y serviles, Blair y Aznar De Aznar no me extraña De familia esencialmente fascista: su abuelo fue quizá el periodista más connotado del franquismo, alternando con Emilio Romero, director de “Pueblo” y a quien ahora se refiere en un espléndido artículo Juan Luis Cebrían en “El País” del día 14 de este mes de febrero, aprovecha una mayoría lamentable pero cierta en el Congreso de los Diputados Con ello el Partido Popular se acerca cada vez más a las viejas características del régimen franquista No debe sorprender a nadie su conducta Pero de Blair se esperaba otra cosa Carismático, vencedor indiscutible sobre el conservadurismo vetusto de los ingleses, autoproclamado social demócrata, hoy resulta peor que la vieja colección de Lores que por muchos años gobernó a Inglaterra La pareja, en rigor el trío, es de lujo Me recuerda a otro trío inolvidable: Hitler, Mussolini y Franco ¡Basura pura! Las noticias alarmantes son, sin la menor duda, un mecanismo publicitario para convencer al Consejo de Seguridad de que debe actuar unánimemente en contra de Irak Porque la posibilidad de un ataque formal en contra de los Estados Unidos me parece absolutamente irreal, independientemente del alcance de los mísiles que desde Corea del Norte se supone pueden llegar a California Lo cierto es que los Estados Unidos, un país que en tiempos no tan remotos: los de Roosevelt, Kennedy y Clinton, por mencionar a sus mejores presidentes demócratas, se caracterizó por un respeto absoluto por las libertades y los derechos humanos, hoy se inclina por un totalitarismo que angustia La imagen idílica de un país abierto a inmigrantes diversos y abundantes, de espléndidas universidades; cuna del cine y del deporte; campeones de la técnica y con escritores notables, se está perdiendo lamentablemente En su lugar aparece la sombra nueva del imperialismo: la amenaza como instrumento de conquista económica; los bombardeos como argumento Y el compromiso de otros países que se ponen a su servicio para abundar en una política imperialista que ellos mismos pueden sufrir a corto plazo No son los Estados Unidos actuales el país formidable que siempre hemos admirado O, por lo menos, no lo es su gobierno La guerra no ha sido nunca una solución No lo será tampoco ahora

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