Al lado de viviendas derruidas, aún esperan ayuda en Colima

viernes, 7 de febrero de 2003
Villa de Álvarez, Col (apro)- Al pie de los lugares donde estuvieron sus viviendas --que luego de las labores de demolición del Ejército se convierten paulatinamente en lotes baldíos--, cientos de familias damnificadas por el sismo hacen guardia en espera del apoyo prometido por las autoridades para la reconstrucción y edificación de nuevas casas Quienes tienen posibilidades, pasan la noche en domicilios de familiares o en espacios facilitados por vecinos, mientras que otras personas pernoctan bajo los árboles o protegidas apenas por techos de plástico improvisados en terrenos aledaños Desde la mañana hasta la noche, la mayoría de los damnificados de la calle Guillermo Prieto, de la colonia San Isidro, permanecen expectantes en las aceras, a la sombra de las marquesinas de las pocas casas que se mantuvieron en pie en esta zona Su vida ha girado los últimos 16 días en torno a la esperanza de una ayuda que no llega Muy pocas familias han aceptado ir a los albergues acondicionados por las autoridades municipales A unas les preocupa no estar presentes cuando se repartan los apoyos para vivienda Otras prefieren quedarse a cuidar los escasos bienes que lograron rescatar de sus casas Desolada, Amelia Anaya recibió esta mañana su cumpleaños número 47, luego de haber dormido con sus hijos, su esposo y su suegro –un anciano de 90 años-- bajo las ramas de un árbol de nance, en el patio de su casa, la que por los daños sufridos en el sismo se encuentra en lista de espera para ser demolida Desde el temblor, han pasado las noches a la intemperie, prácticamente a oscuras, alumbrándose sólo con algunas veladoras Les urge que su casa sea derrumbada para trasladar su dormitorio al filo de la banqueta, pues su mayor preocupación por ahora es que se les venga encima un edificio de departamentos contiguo al patio, que resultó severamente dañado El esposo de Amelia trabaja como vigilante de un negocio, donde percibe el salario mínimo No tienen a dónde ir con los tres hijos que continúan bajo su cuidado El cuarto de ellos ya se casó, pero también perdió su vivienda Hasta el momento no han padecido por comida porque reciben alimentación de parte de elementos del Ejército, pero saben que este apoyo no será permanente “Aunque sea que nos ayuden con un pie de casa para tener dónde dormir”, clama la mujer Griselda León López vivía con su esposo y sus tres hijos en el número 271 de la calle Guillermo Prieto, pero ese lugar ya no existe Duermen en un terreno prestado, donde hay unas paredes a las que le colocaron unas cobijas como techo A un lado, en un fogón improvisado con ladrillos, la mujer cocina frijoles utilizando leña como combustible Su esposo trabaja como chofer de taxi De acuerdo con Griselda León, los primeros días posteriores a la tragedia recibieron diversos apoyos, como cobertores, despensas y trastes, pero se queja de que en la última semana ha escaseado la ayuda “Hay días que no llega nada, andamos detrás de las despensas, las necesitamos Lo que urge también son casas de campaña, porque es terrible la situación Es muy fácil decirlo, pero muy difícil vivirlo” La casa en la que vivían Griselda y su familia estaba construida con paredes de ladrillos y techo de láminas de asbesto Poco antes del sismo habían terminado un cuarto nuevo, pero todo se cayó Esther Garza Mejía, de 42 años, no necesita despensas Ni siquiera tiene dónde cocinar Los únicos bienes que le quedaron son los documentos de la familia y las escrituras de la casa, que los carga consigo en su bolso de mano El resto de las cosas –sus muebles, su ropa, sus enseres domésticos-- quedaron sepultadas dentro de la vivienda Hace cuatro meses, su esposo, Miguel Angel Salazar Llamas, quien trabajaba aquí de jornalero agrícola, se fue a Los Angeles, California, en busca de trabajo para terminar de construir y ponerle el piso a su casa, que poco a poco habían ampliado a lo largo de los últimos ocho años La noche del temblor, Esther Garza estaba en Tamazula, Jalisco, a donde había ido con sus cuatro hijos a visitar a su madre enferma Vino a Colima dos días después y, con sorpresa, encontró la casa colapsada Por el riesgo que representaba, las autoridades le prohibieron ingresar, pero en un descuido se introdujo y sacó la bolsa de los documentos importantes Ese mismo día, regresó a Tamazula para dejar a sus hijos con una de sus hermanas y volvió para atender los asuntos de su propiedad Por las noches, se aloja en la casa de una anciana, donde duerme sobre una colchoneta tendida en el piso Durante el día, se alimenta en los comedores instalados por el Ejército y permanece cerca del que ahora es su lote baldío, atenta por si llega la ayuda Aunque todavía se confiesa esperanzada de que llegue el apoyo para viviendas, empieza a dudarlo, porque “ya pasaron muchos días y no se ve nada claro” Sabe que este viernes visitará la ciudad el presidente Vicente Fox “Quisiera que él nos dé la ayuda de una vez Dicen que han llegado muchos donativos, pero aquí no vemos que llegue nada Hasta ahora nos hemos sentido abandonados por el gobierno Pero aquí seguimos, esperando” Su esposo, mientras tanto, después de cuatro meses sin encontrar empleo en Estados Unidos, se dispone a regresar, para ver cómo empezar de nuevo 06/02/03

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