Tiempos de Excélsior

sábado, 3 de mayo de 2003
En coautoría con Carlos Monsiváis, Julio Scherer García está en la última etapa de la preparación de un nuevo libro Se llamará, se llama ya, Tiempo de saber Su médula evoca, documental y memoriosamente, momentos críticos del periódico Excélsior en los años sesenta y setenta: el asedio del poder,la calumnia, la traición Adelantamos aquí la Introducción, con el permiso de los autores y de la editorial Alfaguara La calumnia desde el poder es un crimen a mansalva Requiere de la alevosía para mantener en la sombra a su autor; requiere también del abuso, la disputa desigual Traiciona, además, porque finge cercanía o amistad por la víctima Calumnia el débil moral, al margen de su cultura o su sapiencia Calumnia el vencido sin energía para un enfrentamiento real A todos puede rondar en algún momento la idea de herir mortalmente a su adversario, pero si la calumnia nace en el ámbito presidencial, el delito alcanza todo su hedor Hace algún tiempo inicié una amistad a fondo con Jorge Velasco Me fue contando su vida, le fui contando de la mía En Excélsior fuimos enemigos al parecer irreconciliables Fue expulsado de la cooperativa en 1965 y yo 11 años después Habíamos peleado con todo, excepto la maledicencia Nos repugnaba su caldo de cultivo, el golpe por la espalda No recuerdo de él una ofensa personal y estoy cierto que nunca la tuve para él Hablamos de nuestro encarnizamiento y las circunstancias que lo rodearon Jorge y el grupo al que perteneció se entregaron al gobierno, en la cúspide el presidente Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, alfil de Díaz Ordaz y luego presidente, y Mario Moya Palencia, para siempre un delfín Hombre de orden, Jorge Velasco conservó los documentos de la época y la bitácora de aquellas jornadas Algún día servirá todo esto, pensaba Y así lo expresó, como al azar, en nuestras conversaciones insólitas Le pedí que detallara los acontecimientos Me dijo que sí Precisé, para escapar a cualquier equívoco, que me contara para hacer públicas sus palabras y reflexiones Me dijo que sí Le ofrecí lo que tenía para él, lealtad Trabajamos juntos y atamos cabos El trío -Díaz Ordaz, Echeverría y Moya- minó Excélsior No veía con buenos ojos su desempeño y jugó el juego perverso del poder en su propio tablero: fomentar el desánimo, sembrar la discordia, destruir paulatinamente, poco a poco Por aquella época circularon libros sin madre, nacidos del viento, sin registro ante la ley, sin derechos de autor, sin una editorial responsable, anónimos Su difusión fue limitada, pero llegaron adonde debían llegar, al corazón de los conflictos envenenados: la libertad de expresión, la guerrilla, la matanza del 2 de octubre El lenguaje brutal en que fueron concebidos y escritos acusa un ánimo de linchamiento Pululan por ahí seres despreciables que deben ser destruidos, transmitía su lenguaje falsamente sibilino Los libros se llaman: El Excélsior de Scherer, Danny, el sobrino del Tío Sam, Biopsia de un cínico, El Móndrigo y Qué poca ma dera la de José Santos Valdés Los firmantes: Efrén Aguirre, Eugenio Ibarra, El Móndrigo y Prudencio Godines Jr

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