La complicidad

martes, 22 de julio de 2003
México, D F, 21 de julio (apro)- Es cierto que, debido a la composición de la nueva Legislatura, los diputados de los principales partidos políticos tendrán que protagonizar intensas negociaciones –que implicarán desde enconadas resistencias hasta discutibles concesiones— si quieren sacar adelante sus propuestas de reformas No menos cierto es que ello implicará una especie de cogobierno en el interior de la Cámara y en todo el país mediante la coparticipación del Ejecutivo y el Legislativo en la definición de ciertas determinaciones económicas, fiscales y laborales Por eso Fox y el PAN habrán de disimular su soberbia y moderar su discurso, pero no para gobernar, que es lo que menos les importa, sino para asegurar el apoyo empresarial y estadunidense en su proyecto de mediano y largo plazos: ocupar la Presidencia de la República en diferentes sexenios en alternancia con el PRI Una vez que el sábado pasado Elba Esther Gordillo consiguió la coordinación de la fracción priista en la Cámara de Diputados, el PAN se dispone a culminar su sobada “reforma energética”, que es la más cara expectativa de Estados Unidos y de empresarios de ambos lados de la frontera desde la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas Y es que si Estados Unidos presionó para que hubiera “democracia” en México, no fue en aras de un desarrollo político y cívico de sus vecinos, sino para llevar al poder a un partido que, sin la ideología de la Revolución Mexicana que sigue pesando en el PRI, pudiera venderle Pemex o, por lo menos, asegurarle un sustancial incremento en sus reservas petroleras estratégicas, a cambio, por ejemplo, de un leonino acuerdo migratorio que el panismo podría capitalizar electoralmente Un ejemplo del papel que Estados Unidos reserva al petróleo mexicano puede leerse en la edición de Proceso de la presente semana, donde el exembajador estadunidense Julián Nava refiere cómo, durante la guerra Irán-Irak, el Pentágono trató de “asustar” a los mexicanos pretendiendo realizar ejercicios navales en el Golfo de México, como una forma de presión para que el gobierno de López Portillo les vendiera más petróleo El exmandatario que ahora afirma haber sido “el último presidente de la Revolución Mexicana” –lo que es discutible-- tuvo que dejar como sucesor, sin embargo, al primero de los tecnócratas, Miguel de la Madrid, quien, aplicando a pie juntillas las “reformas estructurales” exigidas por Washington, preparó el terreno para que los siguientes tecnócratas, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, acabaran por asumir sin reticencias todos los proyectos estadunidenses, como el Tratado de Libre Comercio, la entrega de la banca al extranjero y la privatización de todo lo privatizable De todo, menos de aquello que, bien lo sabían Estados Unidos y la tecnocracia mexicana, no podía entonces emerger de un mandatario extraído del PRI y, menos aún, con tantos generales en activo leales aún al ideario de Lázaro Cárdenas y de la Revolución Para privatizar Pemex y desnacionalizar el petróleo era preciso llevar a la silla presidencial a alguien de otro partido, con menos conciencia histórica y sin los tradicionales escrúpulos revolucionarios Fue por eso que, desde el sexenio salinista, se reconoció el triunfo del primer gobernador del PAN Este hecho, y la quema de las boletas electorales de 1988 encabezada por el actual senador panista Diego Fernández de Cevallos, fueron los primeros pasos no de un acuerdo o una alianza, sino de una ominosa complicidad entre la tecnocracia priista y el panismo que hoy se encuentra finalmente en el poder El principal impulsor y ejecutor de esta complicidad, Carlos Salinas de Gortari, y el presidente Vicente Fox, tienen ahora en Elba Esther Gordillo la aparente garantía de que, mediante la reforma energética, podrán colmar las más caras ambiciones estadunidenses respecto del petróleo mexicano Y aún más, pareciera que el director general de Pemex, Raúl Muñoz Leos, está empeñado en el saneamiento financiero de la paraestatal, no para que genere más recursos a los mexicanos, sino para que, cuando llegue el momento de la venta formal de la riqueza petrolera al extranjero, los compradores estadunidenses no puedan alegar que se les vende una empresa chatarra Los legisladores perredistas y priistas que conserven memoria y dignidad –además de responsabilidad para no exponer al país a un baño de sangre o a un golpe de Estado— deberán estar muy atentos para atajar cualquier intento de reforma energética que vaya en ese sentido

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