"Reality shows", nuevos espacios de violencia

miércoles, 20 de agosto de 2003
*Urge la autorregulación ética de los productores de esos programas, propone comunicólogo México, D F, 19 de agosto (apro)- Francisco Peredo, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, censuró los “reality shows”, los cuales generan en el público problemas más graves, que pueden desembocar en la violencia Afirmó: “El hecho de que ocurran actos violentos a raíz del contenido de algunos “reality shows”, es razón suficiente para considerar que este tipo de programas provoca en ciertos sectores del público situaciones más difíciles de las que confrontan cotidianamente” Añadió: “Está comprobado que muchos de quienes asisten a esos programas y se prestan para exhibir sus problemáticas, quedan después en una situación peor porque el problema, lejos de ser discutido seriamente, es analizado en una especie de circo, donde se hizo escarnio de alguna situación” Al participar en la mesa redonda “Escenarios de la violencia; las representaciones de la violencia”, el comunicólogo dijo que “los actos de ira expresados en los ´programas de realidad´, deben ubicarse dentro de una definición más amplia de lo que se considera violencia” Explicó: “Normalmente, estas conductas se presentaban en los medios como golpes, asesinatos y crímenes, pero actualmente se piensa que es necesario incluir en este rubro cierto grado de presión psicológica que pueda desbalancear a los participantes en alguno de estos programas “Esto involucra tanto violencia física como emocional y deriva en situaciones en donde algunos invitados pueden sentirse humillados, ofendidos y exhibidos públicamente” Señaló: “Colocar a un individuo en condiciones de vulnerabilidad extrema, puede llevarlo a tener actitudes de venganza y revancha que, por lo regular, desencadenan en diversas manifestaciones de violencia” Tras negar que con ello pueda haber una “hecatombe social”, Peredo dijo: “El problema es que se deja de lado la dimensión ética, al poner a la gente en condiciones ideales para que esa relativa inestabilidad con la que se conduce pueda exacerbarse y llevar a la persona a una situación extremadamente violenta” A su juicio, “es necesario llamar a una autorregulación ética a los productores de programas donde se privilegia la exhibición de esas debilidades humanas para comerciar luego con ellas, porque aunque la persona es invitada, no tiene conciencia de los alcances del tipo de embrollo en el cual se está involucrando, ni de lo que le puede traer como consecuencia dirimir sus conflictos frente a un público que pide golpes e insultos” Agregó que, actualmente, “casi todas las discusiones a propósito de la legislación en materia de medios de comunicación y contenidos, se centra en debatir el derecho a la libre expresión, lo que desvía la atención hacia este tipo de programación”

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