El invierno del Patriarca

martes, 16 de septiembre de 2003
*"Salvador Allende está muerto y vive; Pinochet respira y está muerto" Santiago de Chile - Después de 17 años de opresión brutal, el 11 de septiembre, de muy distintas maneras, Chile dejó atrás el miedo Los diversos sectores políticos y sociales recordaron a Salvador Allende y el cruel golpe militar del general Augusto Pinochet Ver galería Un país quebrado se reencuentra consigo mismo, al fín El proceso fue largo y azaroso, pero ya se advierte una sociedad distinta en camino de la reflexión y con clara visión de futuro Allende fue reivindicado en un impresionante homenaje nacional; se reabrió la puerta simbólica de Morandé 80, último tránsito de Allende vivo y muerto aquella mañana de septiembre Clausurado el portón por la Junta Militar y tapiada por 30 años, el paso quedó abierto Isabel Allende colocó un clavel rojo en este punto histórico, sitio dónde se despidió de su padre la última vez que lo vio vivo y remató simbólicamente el ambiente de libertad de los chilenos La mañana del 11 comenzó con un intenso homenaje a Salvador Allende en la Moneda; fue encabezado por el presidente Ricardo Lagos y participaron los partidos de izquierda, los viejos colaboradores de la Unión Popular y la familia de Allende en pleno, del presidente mártir y heróico, entre otros invitados especiales El contrapunto fue una lección de la historia, en punto de las 12 horas, el general Augusto Pinochet acompañado por unos cuantos en su residencia de Flamencos 3796, apareció apenas en un escenario helado Sería un medio centenar de allegados con todo y su familia El genocida se presentó en el patio de su casa, sostenido a duras penas por un bastón y un par de corpulentos ayudantes, tambaleando fue sentado en una silla grande y vetusta Pinochet había cancelado un acto en el centro de convenciones Ahí supuestamente, recibiría el reconocimiento de su gente, la que le queda Pero el propio Pinochet, prefirió, al parecer, su aislamiento patente La advertencia de su vocero fue clara "no habrá entrevistas ni diálogo con la prensa" -dijo a una docena de periodistas- " así que no se creen falsas expectativas" El general cumplió un ritual vacío y entregó la banda presidencial que por años portó, ahora rota y ensangrentada desde su origen La banda quedó bajo la custodia en la "Fundación Pinochet" Por lo pronto quedó como una prenda privada, sin ostentación, sin vida pública La esposa de Pinochet, Lucía Hriart, tomó brevemente la palabra, sólo para subrayar el bien inmenso que su marido le hizo a Chile Advirtió: "Lo de 1973 fue necesario para levantar al país" La mujer, firme, enérgica la voz, agradeció al general el valor y la determinación mostrados en 1973, " que hoy hacen de Chile, la envidia de América Latina", y todo, todo gracias al general Dijo también la compañera del dictador que muchos chilenos viven hoy hartos de la tergiversación de la historia que se difunde por todo el país Desde su perspectiva, llegará para Pinochet el tiempo del pleno reconocimiento a la tarea de noble hijo de Chile Todo esto, esta historia trunca, duró apenas diez minutos Por momentos tuve la impresión de que se trataba de un encuentro de mafiosos, hombres gordos, de puro, a bordo de autos de lujo, prepotentes en el vacío Conté el tiempo de los saludos y pleitesías: 3 minutos Al final llegaron unas 12 mujeres que aplaudieron a Pinochet desde la calle Demandaban su regreso Una gritó " Gracias por liberar a Chile, mi general", "mientras Chile exista, será pinochetista" También hubo carteles del general y banderas, ausente la música que durante 17 años acompañó a Pinochet como a su uniforme A unos 20 kilómetros de la residencia del golpista, miles de personas acudieron al Cementerio General para depositar ofrendas y claveles rojos en el memorial de los muertos y desaparecidos y también en la tumba de Allende Escuche decir por las calles de Santiago, que se respiraba una sensación de alivio en el ambiente Otros "onces" habían sido violentos, dividido el país como en una guerra civil siempre amenazante Unas 25 mil personas, entre jóvenes, viejos, mujeres y niños se fueron concentrando desde temprana hora en la histórica Plaza de la Constitución frente a la Moneda, escucharon y cantaron con Silvio Rodríguez a plena voz, mientras las banderas se mezclaban entre sí y los globos rojos alegraban el cielo La multitud escuchó también la voz de Allende en su último mensaje, a través de enormes bocinas instaladas en toda la Plaza Hubo veladoras que rodearon la Moneda, recuerdo estremecido de los muertos, torturados y desparecidos durante la dictadura También en el estadio de Chile, veladoras para recordar el gigantesco campo de concentración que fue En este contexto se habló de construir un Chile democrático, el presidente Lagos pidió a una multitud que colmaba la Moneda que nunca más se repita lo que pasó En la familia de Allende, presidida en todo momento por Hortensia Bussi, la esposa de Allende, afirmaban los íntimos: "Salvador Allende está muerto y vive; Pinochet respira y está muerto" Ver galería

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