Enojo y euforia

martes, 16 de septiembre de 2003
México, D F, 15 de septiembre (apro)- El mismo día en que se rindió homenaje al activista coreano inmolado en Cancún, Lee Kyung Hae, fracasó estruendosamente la reunión de los 148 países integrantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y los sentimientos de los concurrentes se dividieron en dos: el enojo y la euforia Los países industrializados, inflexibles en su agenda, habían pretendido imponer al conjunto de las naciones la discusión de nuevas reglas de inversión extranjera y de compras de los gobiernos antes de abordar lo que era el máximo interés de la mayoría: la reducción de los subsidios agrícolas de los industrializados Las naciones en desarrollo, que constituyen dos tercios del organismo y que fueron lideradas por el Grupo de los 21 (G-21), resistieron las fuertes presiones de los industrializados, que arreciaron durante la madrugada del domingo, hasta que las deliberaciones fueron abandonadas abruptamente por los delegados de Kenia y Corea Las reacciones de los ricos fueron parejas El comisario de Comercio de la Unión Europea, dijo que el fracaso de Cancún fue “un grave golpe para la OMC” y “una oportunidad que se ha perdido para todos”; el representante comercial de la Casa Blanca señaló que el resultado “no fue bueno para ninguno de nosotros” e insinuó que los delegados rebeldes hacen “retórica” en vez de negociar Y un poco más tarde, el influyente senador estadunidense Chuc Grasley, de plano, pasó de las lamentaciones y descalificaciones a las amenazas, pues advirtió que usará su posición como presidente del Comité de Finanzas del Senado para “revisar cuidadosamente” las posiciones de los países oponentes, para enseguida subrayar: “el presidente Bush y la administración tendrán que presionar en otras formas” En contraparte, entre los miembros del Grupo de los 21 (G-21), al cual pertenece México y que en esta ocasión fue liderado por Brasil, había satisfacción y contento porque, por primera vez, los países en desarrollo habían mostrado principios de unidad y se habían hecho respetar Así mismo, cuando el delegado de Kenia anunció el fracaso de la reunión en el Centro de Convenciones de Cancún, un sentimiento de euforia se apoderó de los miembros de las organizaciones no gubernamentales, que gritaban: “¡colapso, colapso, colapso!”, e inclusive miembros de Amigos de la Tierra corearon: “el dinero no compra el amor” Unos días antes de la cumbre, el notable escritor Noam Chomsky había expresado que “el libre movimiento de capital limita la capacidad de los gobiernos de realizar políticas en beneficio de su propia población”, y se había referido así mismo a las represalias que pueden tomarse cuando no son satisfechas las demandas de “la comunidad internacional de inversionistas y acreedores”, que constituye “una tiranía” Si a ella, dijo, “no le parece bien una serie de políticas, simplemente destruye la economía de ese país’” Pero al mismo tiempo había expuesto los fundamentos de la euforia y la esperanza que el fracaso de los ricos puede representar para los pobres: “No es una exageración decir que el futuro de la esperanza humana depende de si estas fuerzas (la rebelión contra el neoliberalismo) pueden llegar a ser suficientemente fuertes, movilizadas y organizadas para contrarrestar el oleaje en la otra dirección” Y es esto, sin duda, lo que alegró a los países rebeldes y a los activistas de Cancún

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