Sismo histórico

viernes, 19 de septiembre de 2003
La dimensión del temblor se supo pronto La dimensión de la tragedia se tendrá que ir asentando poco a poco en el alma Y en la construcción del futuro No valen palabras para decir el dolor, sobre todo de los que más sufrieron Tampoco valen para decir la solidaridad y el valor de tantos en el desastre El hombre y la sociedad pueden funcionar sin amor, pero sin amor no pueden existir A partir del jueves 19 de septiembre de 1985, México vivió en medio de la muerte Mayor dolor, mayor pobreza, mayor desamparo, ausencias nuevas, carencias más hondas Este sufrimiento imprevisto, con todo su espanto y su angustia, se vino a sumar al sufrimiento prolongado y cotidiano de una crisis que consume y que va agotando las fuerzas para sufrir Hay momentos en que termina la buena conciencia Habíamos vivido en la disociación entre la conciencia y las instituciones Y nos habíamos hecho a la idea tranquila y aceptada de que los pobres cargaran con el peso de la deuda y del empobrecimiento del país Vivíamos con buena conciencia las condiciones que hacen inhumana a la sociedad El sismo nos hizo visible, de pronto, nuestra desorientación histórica Nos colocó en el dolor y en la incertidumbre En el dolor por la tragedia, por los muertos, por los heridos, por las pérdidas En la incertidumbre de la vida o la muerte de los seres queridos, de los desaparecidos, de nuevos temblores posibles y de nuevos derrumbes, de los daños realmente causados, de las condiciones en que finalmente vamos a quedar, del futuro de la ciudad, de la habitabilidad de las construcciones, del encuentro de un nuevo hogar y de un nuevo empleo, de cómo rehacer la vida Fueron el dolor y la incertidumbre concentrados pesadamente en un momento Pero ése es el dolor y ésa es la incertidumbre que se extienden —con menos dramatismo pero no más constancia— a lo largo de la vida de muchos mexicanos Los que son pobres en México viven siempre en esa ambigua zona de la incertidumbre Una de las razones, por ejemplo, de que tengan tantos hijos es la esperanza de que algunos les vivan, por la certeza de que otros se les van a morir Otra razón es que se sume la mayor mano de obra posible al gasto familiar Es la misma incertidumbre del sismo por los seres queridos, pero repartida a lo largo de los años como zona normal de la vida La pobreza es el mayor problema del país Es el temblor constante por el que la vida se derrumba siempre El sismo fue uno de esos momentos que destruyen la buena conciencia Les habíamos exigido a los pobres disciplina, paciencia, sacrificio y heroísmo, para que llevaran ellos el peso de la crisis Y vimos, de pronto y de frente, de manera concentrada, lo que viven los pobres en su vida diaria El sismo nos descubrió las conexiones que existen entre las condiciones estructurales de la sociedad y la vida de los mexicanos Ya no podemos permanecer acríticos y pasivos frente a la realidad nacional Nos quedamos sin agua, sin luz, sin teléfono, sin servicios, en la insalubridad, en los escombros, en la basura Así es como han vivido por siglos muchos mexicanos Es su estado de vida Y son tan mexicanos como los demás Empezamos a vivir un poco lo que ellos han vivido por generaciones Hay muchos damnificados por el sismo, que se quedaron sin vivienda Miles de mexicanos no la han tenido nunca y jamás se les ha resuelto ese problema Los voluntarios acuden a ayudar con tapabocas —por el mal olor— y muchos mexicanos deberían vivir con tapabocas por el mal olor de los basureros en que habitan Hoy todo el mundo acude a los llamados de auxilio Pero no acudimos a los gritos de auxilio que por años y años vienen dando los pobres Apenas nos acercamos al padecimiento que es la vida normal de muchos mexicanos No podemos seguir separando la inteligencia de la vida, ni dejar que los cerebros se alimenten de la ganancia ajena No se puede pensar verdaderamente en México apoyándose en una posición de privilegio Esto es lo que nos hace pensar en el estado en que nos toma la tragedia En pleno empobrecimiento Existen circunstancias ciegas que hieren sin saberlo y que no se nos someten Llegan simplemente y arrasan Pero existen circunstancias que dependen de nosotros y en las cuales podemos perder o recobrar el sentido de la existencia y el sabor de la vida Si no se pueden prever los fenómenos naturales, se puede, en cambio preparar las condiciones en que el fenómeno imprevisto nos toma Y en esto nos hace reflexionar la tragedia El temblor nos sorprende sin recursos Llegó gratuitamente A destiempo Pero nuestra falta de recursos no es gratuita Ha dependido de la voluntad del hombre El país ha estado siendo sometido a un saqueo criminal, a un despojo continuo en favor de unos pocos Los que tenían el dinero lo enviaron a otros países, en una fuga inmensa de capitales La prioridad del gobierno fue pagar al extranjero Se acabaron nuestros recursos Están afuera Están concentrados en los que ya son ricos o se han venido haciendo ricos desde el poder Uno piensa en los hospitales, en las escuelas, en las viviendas que pudieron haberse construido; en las reparaciones de calles y edificios, en tantas cosas que se pudieron haber hecho con los recursos huidos Y que no se hicieron Y que hubieran disminuido la tragedia Las prioridades de este país no son los hombres, la salud, la vivienda, la escuela, la seguridad física y humana, la vida digna de los mexicanos No se empleó en eso el dinero que se fue Y que se sigue yendo Desde Miguel Alemán hasta la fecha, la rapiña, el saqueo, la corrupción, el enriquecimiento concentrado o ilícito, las cuentas en el extranjero, el lujo, las mansiones, el derroche, la frivolidad, la ostentación, los elefantes blancos, los gastos de ineficiencia, los viajes, el contrabando, el saqueo de arcas y el saqueo de urnas, los cientos de miles de millones perdidos para lo que hace falta al país Se quiere justificar en los bienes que han hecho —muchos reales—, pero callan los bienes que dejaron de hacer Y callan los males que sí han hecho Y silencian la injusticia No sólo la que han cometido, sino la que han creado como estado permanente de la nación El dolor de ahora ha puesto a prueba la justicia Porque ahí no cabe el soborno Y ha puesto a prueba la solidaridad No la del momento, para aliviar el dolor inmediato, sino la permanente, cuya falta ha causado el dolor y la miseria continuados Por el despojo, por la injusticia, por el saqueo, en México hay miseria No como parte de la vida, sino como toda la vida para muchos mexicanos La miseria es una servidumbre sin excepción Es una muerte viva El desaliento, ahora, ha sido profundo Pero México está dispuesto —tiene que estarlo— a comenzar de nuevo, en este estado de tensión y de esperanza Sólo que las cosas no pueden seguir siendo las mismas La única puerta abierta en un mundo sin futuro es la muerte Y, si México tiene futuro, lo debe tener para todos Por eso, la prioridad del futuro consiste en arrancar a los miserables de su miseria, para que traspasen el límite económico fatal Para eso son los recursos No para enviarlos al extranjero Los valores de la grandeza no se alcanzan por la mera evolución de la sociedad Se tienen o no se tienen El gobierno decidió que nuestro dinero se fuera al extranjero para pagar la deuda, antes de ver por la salud, por los empleos, por los salarios, por las escuelas, por la seguridad, por la vivienda de los mexicanos, a lo que se destina lo poco que sobra Y la desgracia que se suma a la crisis revela hasta qué punto nos toma descobijados y cansados de carencias Conscientes, además de que esas carencias hubieran tenido remedio si nuestros recursos, entregados al extranjero, se hubieran empleado aquí y se hubieran hecho tantas cosas que se debieron hacer La tragedia fue fatal e imprevisible Y nos rebasó Pero las condiciones en que nos toma pudieron haber sido otras y mucho mejores Ahora será el momento en que el gobierno muestre sus verdaderos tamaños (Proceso 465/ 28 de septiembre de 1985)

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