Huerfanito

miércoles, 20 de octubre de 2004
México, D F, 19 de octubre (apro)- Acostumbrados a la política al “más puro estilo priista”, donde las descalificaciones contra la oposición y la prensa –entre otros-- que se atrevían a cuestionar el desempeño del gobernante en turno eran la constante; donde “toda la fuerza del Estado” se ejercía, no para castigar a los delincuentes ni a los políticos y funcionarios corruptos, sino para callar a quienes lo único que exigían era justicia; donde la figura omnipotente y omnisciente del presidente arropaba paternalmente a unos y condenaba a la defenestración a otros, de pronto, en el 1 de diciembre del 2000, el país descubrió que ya no contaba con el guía supremo, con el gran tlatoani que regía, a su antojo, la vida de los mexicanos El “gran hermano” no existía más El PRI abrió los ojos a la realidad; se dio cuenta, tal vez con gran dolor, que era un partido político más –aunque eso sí, el único con estructura nacional-- y no una dependencia gubernamental; la prensa, en su inmensa mayoría, sumisa y temerosa, se percató de que era posible ejercer la libertad de expresión, ese derecho y obligación supremos que año con año invocaban en una ceremonia para lucimiento presidencial, pero se excedió y todo exceso es malo; la oposición alzó la voz y comenzó a ser escuchada; los poderes Legislativo y Judicial probaron las mieles de la independencia… pero el país sigue prendido de alfileres El desempeño gubernamental ha provocado más decepciones que satisfacciones; la figura del presidente-candidato se diluye poco a poco, pues ha sido incapaz de transformar en realidad el mundo de fantasía en el que vive y de hacer que los mexicanos reciban los beneficios de los “grandes logros” de su administración; por consiguiente en muchos mexicanos ha resurgido la añoranza de los tiempos idos, cuando el PRI y toda la maquinaria gubernamental robaban, corrompían y hacían como que trabajaban por el bien de la nación… Han comenzado a extrañar la figura paternal del presidente priista, aquel que todo lo puede y todo lo hace… y ante la orfandad, la figura de Andrés López Obrador se impone, tal vez porque representa lo que Fox no quiere o no ha podido representar: autoridad, con todos los males y beneficios que conlleva Paradójicamente, la figura del jefe de Gobierno del Distrito Federal crece en la medida en que sus detractores –el gobierno federal, PAN y PRI-- intentan destruirlo con artimañas legaloides… Curiosamente, no es el presidente de la República el blanco de los ataques políticos, como ocurría en la época priista, sino el alcalde capitalino… En la lógica de la oposición en los “gobiernos de la Revolución”, el objetivo de las descalificaciones era el jefe del Ejecutivo, por lo que su propia investidura representaba; ahora, lo es el jefe del GDF, porque simboliza lo que Fox no ha querido o no ha podido… Para el gobierno federal, López Obrador es el político al que hay que sacar de la contienda electoral del 2006, porque de no hacerlo, según dicen los sondeos de opinión, Vicente Fox tendrá que entregarle al perredista la banda presidencial dentro de dos años, lo que representaría una humillación, no por lo que el tabasqueño representa, sino porque sería una muestra de que su administración --como ya lo está demostrando--, fue un fracaso El PRI intenta descalificarlo, a través del desafuero, porque obstaculiza las aspiraciones presidenciales de Roberto Madrazo, quien sin su acérrimo rival político tendría las manos sueltas para preparar las porquerías electorales que lo lleven a Los Pinos, de la mano de su mentor Carlos Salinas –como lo hizo en Tabasco--… El PAN, desesperado, porque ninguno de sus precandidatos --incluidos la “esposa incómoda” y el “sospechosista” secretario de Gobernación-- tiene la talla suficiente para disputar la Presidencia a López Obrador y meter al blanquiazul, ahora sí, en la residencia oficial Ahora que se refuerza la tesis del complot, presuntamente orquestado por “el innombrable”, las barajas del juego se reacomodan para crear otro escenario Los huérfanos del poder buscarán otros medios para inhabilitar a López Obrador, de eso no hay duda; los perredistas seguirán haciéndose bolas y continuarán siendo su peor enemigo político; y los enemigos de la nación seguirán protegidos por el manto de la impunidad, mientras el país se desmorona día con día añorando la ausencia del “gran hermano”… Comentarios: jperez@procesocommx

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