Funeral vigilado, La despedida de Pablo Neruda, de Sergio Villegas

lunes, 4 de octubre de 2004
México, D F, 4 de octubre(apro)- Aunque es un libro que nació para conmemorar los 30 años de la muerte del poeta de Isla Negra, acaecida el 23 de septiembre de 1973, Funeral vigilado, La despedida de Pablo Neruda, de Sergio Villegas, difícilmente llegará a México Editado por LOM Ediciones en su colección Septiembre (Santiago de Chile), quizá ahora es un momento propicio para reseñarlo Se trata de un pequeño volumen de 73 páginas, verticalmente alargado como cuadernillo, bien hecho, con fotos testimoniales de aquel día aciago en que la gente, espontáneamente y desafiando al recién instaurado poder militar ensoberbecido por la derrota de Allende, se juntó al féretro y avanzó por las calles hasta llegar al cementerio, entre vítores al poeta y consignas de “hasta siempre” Los militares, por alguna razón desconocida, no desbarataron aquello que, además de ser una despedida, tenía las proporciones de una marcha política Pero fue efectivamente un “funeral vigilado”, tenso por la presencia inusitada de soldados, triste por las pérdidas de Allende y Neruda, en una mañana gris Vanamente los milicos --como llamaba el pueblo chileno a los usurpadores-- intentaron detenerlo, y días después habrían de cometer la vulgaridad de saquear La Chascona, la casa de Neruda y Matilde Urrutia en Santiago De todo esto da cuenta el periodista Villegas, quien dirigió en los sesenta el semanario Vistazo y el diario El Siglo Tuvo que exiliarse en la República Democrática Alemana luego del golpe del 11 de septiembre de 1973 Actualmente trabaja en la editorial Punto Final El siguientes es el prólogo, escrito por Luis Alberto Mancilla: El duelo, el terror, la protesta Se recoge en estas páginas un trabajo que es posiblemente el más completo y dramático que se ha escrito sobre los funerales de Pablo Neruda Los funerales del poeta, una de las más altas voces del idioma español en el siglo XX, fueron la primera manifestación de rebeldía contra la dictadura soterrada, pero al mismo tiempo, abierta, en esos instantes de terror enorme en que el más pequeño asomo de contradicción era un acto suicida Aquel cortejo, recordemos, partió desde “La Chascona”, la casa de Neruda destruida por los bárbaros Comenzó con unas cuantas personas silenciosas y doloridas, a las que se fueron agregando muchas otras a través del trayecto, alzando la voz hasta convertirse en un coro incontenible Eran voces vigiladas, amenazadas por ametralladoras que no pudieron impedir, sin embargo, que expresaran su duelo, su voluntad de decir lo que era imperioso decir o gritar en esa hora amarga El periodista chileno Sergio Villegas Salas, testigo él mismo del hecho, traza la vigorosa reseña de la despedida al gran poeta, apelando al testimonio de personas que estuvieron ligadas a él por muchos años de amistad o trabajo y que marcharon también por las calles, aquella mañana “de sol tímido”, entre rostros que se asomaban con respeto y no sin riesgo a las ventanas Este reportaje se publicó por primera vez en la revista Araucaria Luego ha sido traducido a otros idiomas, recogido en obras antológicas, y adaptado, además, en versión alemana, para la radio Se incluye aquí, a la vez, una nota del mismo autor, viva, muy personal, sobre las transmisiones de Radio Berlín Internacional dedicadas a chile, unos programas que se escuchaban diariamente en muchos países y por los cuales desfila la crónica de este país durante más de diez años Allí se destacaron los triunfos y las derrotas, el flujo y el reflujo de un combate que puso en jaque la dictadura y que abrió una nueva época en la vida de Chile Esta nota describe la labor de un grupo que se orientó, como tantos otros, como tantas otras células pequeñas o grandes del organismo de la resistencia, dentro o fuera del país, a una lucha, a un fin única: la reconquista de la libertad Es decir, esa lucha que tuvo su signo inicial en los funerales de Pablo Neruda y que en el extranjero (la RDA en este caso) contó con el apoyo incesante de amigos animados por la misma causa, por lo mismos valores, que ayudaron a restablecer el imperio de la justicia, humanidad y democracia en la patria de Neruda y Salvador Allende

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